La Palabra meditada

La Palabra Meditada - II Domingo de Cuaresma - Ciclo C

San Lucas 9,28 – 36

Jesús llevo consigo a Pedro, Santiago y a Juan y subió a un cerro a orar.
Para nuestro Señor la oración era fundamental en su vida, y siempre nos trató de dar ese ejemplo, pero practicándola y cada vez que lo hacía según nos narran los evangelios, sus oraciones tenían poder.
La oración es importante en la vida de cada cristiano, pues solo mediante ella es cómo podemos comunicarnos con nuestro Padre, la palabra nos llama a hacerla en un lugar aparte, donde nada ni nadie te interrumpa, como nos dice: Mt 6,6 Tu, cuando reses entra en tu pieza, cierra la puerta y reza a tu Padre que comparte tus secretos, y tu Padre, que ve los secretos, te escuchara.
Pero son muchos los que dice que sus oraciones no son escuchadas, para que estemos seguros que nuestras oraciones sean escuchadas por nuestro Padre, debemos de hacerlas con mucha fe y siempre haciéndolos de acuerdo a la voluntad de Dios, en eso consiste el poder de la oración, porque no podemos pedirle a Dios, pensando en puras cosas carnales, debemos de quitarnos el egoísmo y meditar mucho cada vez que le pedimos algo, a él le gusta que le pidamos, pero cundo cumplimos con sus mandatos, así nos dice 1Jn 3,22-23
Entonces cualquier cosa que pidamos, Dios nos escuchara, ya que guardamos sus mandatos y procuramos hacer lo que es de su agrado. Su mandato es que creamos en el Nombre de su Hijo Jesucristo y que nos amemos los unos a los otros, tal como él nos tiene ordenado.
Y mientras estaba orando, su cara cambio de aspecto y su ropa se puso blanca y fulgorante.
Este momento de la trasfiguración, para nosotros de cristianos debe de ser motivo de mucha alegría y felicidad, porque nos damos cuenta, que la palabra de Jesús se cumple, que resucitaremos con él y alcanzaremos compartir su gloria, como lo vivieron en ese momento sus discípulos, para esto debemos mantenernos firmes en la fe, como nos lo dice 1P 1,6 Su fe saldrá de ahí probada, como el oro que pasa por el fuego. En realidad el oro ha de desaparecer; en cambio la fe que vale mucho más, no se perderá hasta el día en que se nos revele Cristo Jesús: entonces será motivo de alabanza, de gloria y de honor para Dios.
Cuando seguimos de corazón a nuestro Señor, en nuestra interior va ocurriendo esa transformación, empezamos a desechar todo aquello, que no le agrada a Dios, y nuestros pecados que son tan rojos se volverán blancos, como lo dice Is 1,18 Aunque sus pecados sean colorados, quedaran blancos como la nieve; aunque sean rojos como purpura, se volverán como lana blanca.
Y es que con Cristo, somos nuevas criaturas, nos lo dice 2Co 6,17 Por esa misma razón, el que está en Cristo es una criatura nueva. Para él lo antiguo ha pasado; un mundo nuevo ha llegado.
Dos hombres que eran Moisés y Elías, conversaban con él.
Moisés representa la ley y Elías representa a los profetas y en Jesús se cumple la ley y los profetas, porque él nos dice que no viene a abolir la ley, sino que a darle forma en el amor y en él se cumplen todas las profecías, mediante la cual el hombre se reconcilia con Dios, por su muerte en la cruz.
Este es mi Hijo, mi Elegido; escúchenlo.
Durante el bautismo pasamos hacer hijos de Dios, y hemos sido elegidos por él, para cumplir un propósito en la tierra, pero puede ser que no le estemos escuchando y si no le escuchamos, no le obedecemos,
Respecto a esto nos dice Fil 4, 14-15 Cumplan todo sin quejas ni discusiones; así no tendrán falla ni defecto y serán hijos de Dios sin reproche en medio de una raza descarriada y pervertida. Ustedes son, entre ellos, como la estrellas en el universo, porque guardan la palabra de vida.

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