La Palabra meditada

La Palabra Meditada - III Domingo de Cuaresma - Ciclo C

San Lucas 13,1 – 9

A Jesús le cuentan como Pilato había dado muerte a unos galileos; que ofrecían sacrificios en el templo.
Todos en esta vida somos pecadores, unos tratan de limpiarse haciéndole sacrificios a Dios para que les perdone sus pecados y otros pasan metidos en la religiosidad tratando de agradar a Dios y olvidándose de los deberes que el mismo Dios les ha dado, ejemplo en el hogar, que es inculcar en familia los verdaderos valores espirituales y morales.
Jesús dice: Yo les digo que no, pero si ustedes no toman otro camino, perecerán igualmente.
La vida en Dios no consiste en estar haciendo sacrificios o pasar metidos en la iglesia, la vida en Dios consiste en cambiar de camino, en arrepentirnos pero de corazón, como nos dice Juan el Bautista en Lc. 3,4 escuchen ese grito en el desierto: preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos.
Solo Dios sabe si realmente nos hemos arrepentido, porque a él no lo vamos a engañar, de lo que no nos damos cuenta es que cuando no hay una verdadera conversión, hacemos mucho daño en la familia, en la iglesia; porque nuestro testimonio nos delata, y en vez de atraer personas a Dios, las corremos, en vez de juntar desparramamos, así nos dice nuestro Señor en Lc. 11,23 Quien no está conmigo, esta contra mí, y quien no junta conmigo, desparrama.
Recordemos de donde nos ha sacado nuestro Padre, todo por el amor infinito que nos tiene, no podemos jugar a las cosas de Dios, necesitamos realmente nacer de nuevo pero de arriba y empezar hacer auténticos cristianos, dispuesto a trabajar por las cosas del reino, porque como nos dice Lc. 12,37 Felices los sirvientes a los cuales el patrón encuentre velando cuando llegue. Yo les digo que el mismo se pondrá el delantal, los hará sentarse a su mesa y los servirá uno por uno.
Solo con Jesús encontramos el camino hacia el Padre y solo mediante su gracia es que somos salvos, Fil 2,2-3 nos dice: Les pido algo que me llenara de alegría. Tengan un mismo amor, un mismo espíritu, un mismo sentir, y no hagan nada por rivalidad o por vanagloria. Al contrario, que cada uno, humildemente, estime a los otros como superiores a sí mismo.
Jesús pone la comparación de un hombre que sembró una higuera y después de tres años de buscar sus fruto esta no los da y manda a cortarla.
Nosotros somos como esa higuera, que hemos sido plantados aquí en la tierra para dar frutos, por eso nuestro Señor nos habla de tomar otro camino, porque cuando hay conversión hay verdaderos frutos de lo contrario pereceremos, es decir hay que cortar la higuera, porque no sirve para nada.
Cada uno de nosotros sabemos cuándo ocurrió esa verdadera conversión, la lectura nos dice que el patrón tenía tres años de ir a buscar higos, así nuestro Padre espera que ya estemos dando fruto, pero espirituales de los que nos dice Gal 5,22-23 En cambio el fruto del Espíritu es: caridad, alegría y paz; comprensión de los demás, bondad y fidelidad; mansedumbre y dominio de sí mismo.
Patrón, déjala un año más, así tendré tiempo para cavarle alrededor y echarle abono.
Aquí vemos dos cosas bien importantes, la primera es la paciencia que nos tiene nuestro Padre y la segunda es la intercesión de muchos hermanos, que se preocupan, por nosotros, para que no sigamos en la conformidad, pues ellos bien saben que si no producimos seremos cortados, y quemados.

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