La Palabra meditada

La Palabra Meditada - Domingo de Ramos - Ciclo C

San Lucas 22,14 – 23,56

Llegada la hora Jesús se sentó a la mesa con sus apóstoles. Les dijo: En verdad, he deseado muchísimo comer esta pascua con ustedes ante de padecer.
Así como el Señor sintió este deseo de comer con sus apóstoles, también desea hacerlo con cada uno de nosotros, pero ese deseo del Señor se cumplirá en nuestra vida, si nosotros le abrimos la puerta, como nos dice Ap. 3,20 Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguien escucha mi voz y me abre, entrare a su casa a comer, Yo con él y el conmigo.
El Señor quiere que escuchemos su voz y le abramos la puerta de nuestro corazón para darnos de ese alimento espiritual que tanto necesitamos, para que estemos firmes con él y el con nosotros, y nunca nadie nos podrá arrancar de su amor, estaremos en el mundo, pero guardados en su Nombre.
Porque, les aseguro, ya no la volveré a celebrar hasta que sea la nueva y perfecta Pascua en el Reino de los Cielos.
Necesitamos de una conversión verdadera, y lo digo así porque hay también conversión de apariencia, y con ese tipo de conversión jamás estaremos en esa perfecta Pascua, porque como nos dice: Mt 25,11-12 cuando llegaron las otras jóvenes, dijeron: Señor, Señor, ábrenos. Pero el respondió: En verdad no las conozco.
Porque les aseguro que no volveré a beber del jugo de la uva, hasta que llegue el Reino de Dios.
Esta es una promesa de Jesús, la de no volver a beber el jugo de la uva hasta que todos hayamos alcanzado la meta, que es la santidad, porque solo de esa manera podremos entrar al Reino de Dios, su palabra nos dice: en 1P 1,15-16 El que a ustedes los llamo es Santo, y también ustedes han de ser santos en toda su conducta. Según dice la escritura: ustedes serán santos porque Yo lo soy.
Después, tomo el pan y, dando gracias, lo partió y se lo dio diciendo: Este es mi cuerpo el que es entregado por ustedes. Hagan esto en memoria mía.
Jesús se entrega para morir en una cruz por nosotros, porque solo mediante el, es que podemos alcanzar la salvación y la vida eterna, como nos dice Jn.6,51 Yo soy el pan vivo bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y la daré para vida del mundo.
También nos dice: hagan esto en memoria mía.
Con respecto a esto 1Co 11,26 nos dice: Así pues cada vez que comen de este pan y beben de la copa, están proclamando la muerte del Señor hasta que venga. Y el verso 28 nos dice: Por eso que cada uno examine su conciencia antes de comer el pan y beber de la copa.
Después de la cena, hizo lo mismo con la copa. Dijo: Esta copa es la Alianza Nueva sellada con mi sangre, que va a ser derramada por ustedes.
Lo que significa para Dios esta nueva alianza lo encontramos en Jer 31, 33-34
Esto declara Yave: Cuando llegue el tiempo, yo pactare con Israel esta otra alianza: Pondré mi ley en su interior, la escribiré en sus corazones, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Ya no tendrán que enseñarse mutuamente, diciéndose el uno al otro: Conozcan a Yave. Pues me conocerán todos, del más grande al más humilde. Porque yo abre perdonado su culpa y no me acordare más de su pecado.
Da tristeza ver cuántos hermanos desperdician este amor de Dios, esta obediencia y sacrificio de Jesús, con el único objetivo que todos seamos salvos, porque como nos dice en su palabra; Dios no quiere que ninguno de nosotros nos perdamos, ya es tiempo que dejemos de negarlo, especialmente aquellos que le conocen, como sucedió con San Pedro que cayó en razón hasta que el gallo canto por tercera vez.

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