La Palabra meditada

La Palabra Meditada - VI Domingo de Pascua - Ciclo C

San Juan 14,23 – 29

Judas (no el Iscariote) le pregunto: Señor ¿Por qué hablas de mostrarte solamente a nosotros y no al mundo?
Jesús se mostraba solo a sus discípulos porque a ellos los estaba preparando, para ser los cimientos de su iglesia, ellos eran los testigos de todos los prodigios y milagros de nuestro Señor, y son los que tuvieron la oportunidad de estar más cerca de él y conocerle.
Nosotros como discípulos actuales del Señor, por fe creemos en él, pero debemos de conocerle bien, para que cuando hablemos de él, lo hagamos en espíritu y en verdad, para que cada hermano que nos vea, no crea en nosotros sino en el espíritu de Cristo Jesús que llevamos dentro y lo representemos dignamente como lo merece.
Jesús respondió: Si alguien me ama, guardara mis palabras, y mi Padre lo amara y vendremos a él para hacer nuestra morada en él.
Guardar la palabra de Dios significa obedecerle, cumplir con los mandatos que nos dejó, el más importante de ellos es el de amar a Dios por sobre todo y al prójimo como a uno mismo, pero guardar mi palabra, nos da la idea de protegerla en nuestra mente y corazón, es guardar la verdad, sin que nadie le quite o le agregue, en 2Co 2,17 nos dice: No somos como tantos otros que hacemos dinero de la palabra de Dios. Hablamos con sinceridad, y anunciamos a Cristo de parte de Dios y en su presencia.
No se puede hablar de la palabra de Dios, para buscar nuestro propio interés, pues su palabra nos dice en Mt 10,7-8 Mientras vallan caminando, proclamen que el Reino de Dios se ha acercado. Sanen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, echen demonios. Den gratuitamente, puesto que recibieron gratuitamente.
Jesús nos dice que mi Padre los amara y vendremos a él para hacer nuestra morada, el Señor nos promete una morada celestial, pero antes él quiere junto al Padre morar en nuestros corazones, es decir vivir en comunión con nosotros aquí en la tierra, como nos dice 1Jn. 1,3-4 lo que hemos visto y oído se lo damos a conocer, para que estén en comunión con nosotros, con el Padre y con su hijo Jesucristo. Y les escribimos esto para que tengan alegría perfecta.
El que no me ama no guarda mis palabras, pero mi palabra no es mía, sino del Padre que me envió.
Jesús es la palabra y la palabra es la luz, que vino a este mundo, no para condenarnos, sino para señalarnos el camino, porque no desea que ninguno se pierda, pero como nos dice 1Jn. 1,6 Si decimos que estamos en comunión con él, mientras andamos en tinieblas, somos unos mentirosos y no andamos conforme a la Verdad.
En adelante el Espíritu Santo Interprete, que el Padre les enviara en mi Nombre, les va a enseñar todas las cosas y les recordara todas mis palabras.
Es el Espíritu Santo el que interpela nuestra conciencia para que nos libremos de nuestros pecados y nos apeguemos a Jesús que es la palabra que nos da vida y nos hace mantenernos firmes en la fe que depositamos en él.
Les dejo la paz, les doy mi paz. La paz que yo les doy no es como la que da el mundo. Que no haya en ustedes ni angustia ni miedo.
Para tener esa paz que nos ofrece nuestro Señor, que es una paz de gozo en medio de tormentas, debemos de conocerle y vivir de su amor, como nos dice 1Jn 4,18 En el amor no hay temor, el amor perfecto echa fuera al temor, pues el temor mira el castigo. Mientras uno teme no conoce el amor perfecto.
Así que mantengámonos firmes creyendo en él, pues somos de los que dice sus palabras, en Jn. 20,29 ¡felices los que creen sin haberme visto.

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