La Palabra meditada

La Palabra Meditada - X Domingo Ordinario - Ciclo C

San Lucas 7,11- 17

Jesús se dirigió poco después a un pueblo llamado Nain y con el iban sus discípulos y un pueblo numeroso.
Actualmente los seguidores de Jesús somos muy numerosos y debemos mantenernos unidos y firmes en la fe que depositamos en él, para que de esta forma no seamos esclavos de los deseos de la carne, por eso la palabra nos dice en Gal 5,1 Cristo nos liberó para que fuéramos realmente libres. Por eso, manténganse firmes y no se sometan de nuevo al yugo de la esclavitud.
Llevaban a enterrar a un hijo único cuya madre era viuda. Una buena parte de la población seguían al funeral.
No sabemos quién era esta madre, pero algo muy interesante es ver que gran parte de la población la acompañaba al funeral de su hijo, esto nos da a entender que era una viuda muy querida y respetada por gran parte de la población, así debemos de ser nosotros, debemos de darnos a los demás testificando de todo lo que está lleno nuestro corazón, no por esperar algo a cambio, porque con Cristo Jesús ya lo tenemos todos.
Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: No llores.
El Señor es compasivo y misericordioso y el al igual que esta madre, era también hijo único y María su madre también era viuda, quizás Jesús miraba en esta madre el dolor por el que iba a pasar María y lo conmovió.
También vemos hoy en día como muchas madres lloran de desesperación, al ver como sus hijos están muertos en el pecado y no ven la forma como rescatarlos, esto nos recuerda lo que nos dice Jesús en Lc. 23,28-29 Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloren por mí. Lloren más bien por ustedes mismas y por sus hijos. Porque está por llegar el día en que se dirá: Felices las madres sin hijos, felices las mujeres que no dieron a luz ni amamantaron.
¡Nos estamos nosotros compadeciendo del dolor por el que están pasando muchos hermanos!; porque la palabra compasión significa sufrir juntos, el cristiano está llamado a remediar, evitar y ayudar con el dolor de nuestro prójimo.
Después se acercó hasta tocar la camilla. Los que la llevaban se detuvieron. Dijo Jesús entonces: Joven te lo mando levántate.
Como cristianos cada día nos esforzamos por ir alcanzando la santidad, pero este caminar no es fácil y nos caemos, pero ahí está Jesús llamándonos por nuestro nombre y diciéndote levántate, porque te quiero y deseo para ti cosas mejores, así que esfuérzate y se valiente.
Y el muerto se sentó y se puso a hablar. Y Jesús se lo devolvió a su madre.
Una vez más Jesús nos demuestra su autoridad sobre la muerte, y los que estamos con el tenemos vida en él, de esta manera tenemos el poder para rescatar a muchos hermanos que andan en tinieblas, para que puedan ver la luz verdadera, esto mismo sucedió con muchos de nosotros, como nos dice Ef. 1,13 Ustedes también, al escuchar la Palabra de la Verdad, el Evangelio que los salva, creyeron en él, quedando sellados con el Espíritu Santo prometido.
El temor de Dios se apodero de todos, y lo alabaron con estas palabras: Es un gran profeta el que nos ha llegado; Dios ha visitado su pueblo.
Dios se acerca cada instante a nosotros y nos derrama muchas bendiciones, por eso no debemos de cansarnos de darle gracias, alabarlo y glorificarlo, pues él es nuestro Padre, el todo poderoso, el que vive y reina por los siglos de los siglos; el Soberano.

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