La Palabra meditada

La Palabra Meditada -XII Domingo Ordinario -Ciclo C

San Lucas 9,18 – 24

Jesús y sus discípulos se habían ido a un lugar apartado para orar.
Es bueno y sano siempre buscar un lugar, donde queramos hablar con Dios y que nadie nos distraiga, pero aunque busquemos un lugar apartado, también nuestra mente debemos apartarla del mundo, porque es como la loca de la casa que no nos deja concentrarnos para dialogar con Dios, pues muchas veces aun cuando decimos que ya estamos en oración, la mente nos distrae, por eso cuando oremos invoquemos al Espíritu Santo para que tome la autoridad sobre nuestro cuerpo, porque podemos tener las mejores intenciones, pero recordemos que la carne es débil, en cambio el espíritu es animoso.
Jesús pregunta a sus discípulos: la gente, ¿Quién dice que soy yo?
Hoy en día son muchas las personas, que piensan que el Mesías no ha venido, otros piensas que Jesús vino, pero que era un profeta.
Pero lo lindo es pensar que para nosotros, Jesús ya vino, y se cumplió lo que las escrituras decían de él, pero ahora sabemos y estamos convencidos que el mora dentro de nosotros y que él es la vid Verdadera, donde el permanece en nosotros y nosotros permanecemos en él, Jn. 15,4 y que nada ni nadie nos apartara de él, aunque estemos en este mundo, como nos dice Jn. 17,11 Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos se quedan en el mundo, mientras yo vuelvo a ti. Padre Santo, guárdalos en ese tu Nombre que a mí me diste, para que todos sean uno como nosotros.
Por eso aunque miremos las cosas como si no tuviesen salida, permanezcamos firmes en la fe que depositamos en él, He 11,6 nos dice: Pero sin la fe es imposible agradarle, pues uno no se acerca a Dios sin antes creer que existe y que recompensa a los que lo buscan.
Jesús les prohibió estrictamente que no se lo dijeran a nadie.
Esto ocurrió mientras Jesús estuvo con ellos, pero cuando Jesús regresa al Padre, el da sus últimas instrucciones y es el que todos los pueblos sean sus discípulos, es un deber como cristianos anunciar las Buenas Nuevas del Reino, pidámosle a Dios que nos de sabiduría, para que junto con nuestro testimonio podamos llevar a otros hermanos a los pies de Cristo, pues como dice San Pablo en 1Co 9,16-17 Si no, yo no tendría ningún mérito con solo el anunciar el Evangelio, pues lo hago por obligación. ¡Pobre de mí si no anuncio el Evangelio! Si lo hiciera por iniciativa propia, podría esperar recompensa. Pero si la cosa no salió de mí, no hago más que cumplir con mi oficio.
Después, Jesús dijo a toda la gente: Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz de cada día y me siga.
Es bonito saber que estamos protegidos por Jesús y que nadie nos arrancara de sus brazos, pero cuando leemos que para seguirlo debemos de negarnos a nosotros mismos, como que ya no es con nosotros, pues somos como el rastrio, solo recogemos para nosotros y los demás vean como se salvan y la palabra nos dice ama a tu prójimo como te amas a ti mismo, Cristo desde antes de venir a este mundo, se despojó de todas sus vestiduras celestiales y aquí en la tierra siempre se entregó de lleno a nosotros hasta llegar a la cruz, donde también siendo inocente, entrego su vida por cada uno de nosotros.
Cargar la cruz es una realidad del cristiano, es la manera de obedecer y hacer la voluntad de Dios, por eso Jesús nos dice en Mt 12,50 Porque todo el que cumple la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre.
El que quiera asegurar su vida la perderá, el que pierda su vida por causa mía, la asegurara.
Jesús no nos obliga, deja que nosotros decidamos que deseamos de nuestra vida, a quien queremos aferrarnos si a Dios o al amo de este mundo.

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