La Palabra meditada

La Palabra Meditada - Domingo Ordinario - Ciclo C

San Lucas 12,13 – 21

Él le contesto: Amigo, ¿Quién me ha hecho juez o partidor de herencias entre ustedes?
Jesús no vino al mundo para que le pidamos por cosas terrenales, el vino para liberarnos del mundo de pecado en que vivimos, 1Tim 2,4-5 dice: Pues él quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Único es Dios, único también es el mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús verdadero hombre.
Después les dijo: eviten con gran cuidado toda clase de codicia, porque, aunque uno lo tenga todo, no son sus pertenencias las que le dan vida.
La codicia o avaricia está considerado como un pecado capital y es el deseo desordenado y excesivo de poseer riquezas para atesorarlas.
La vida no está en el poseer, la vida está en Cristo Jesús, para eso vino a este mundo para que tuviéramos vida y en abundancia Jn.10,10
Dios es el dueño de todo y el da riquezas de toda clase, pero él las da para compartirlas, para que todos necesitemos de todos y nos sintamos libres, la codicia por el contrario nos hace esclavos, Sir 31,7 dice: El dinero es una trampa para aquellos que lo sirven y los que no piensan se dejan atrapar.
Como cristianos nuestra verdadera preocupación debe ser el anuncio del evangelio y no el de estar atesorando bienes en la tierra, porque todo pasara pero la palabra de Dios permanece, Mt 6,20-21 dice: acumulen tesoros en el Cielo, donde ni la polilla ni el gusano lo echan a perder, ni hay ladrones para saltar el muro y robar. Pues donde están tus riquezas ahí también estará tu corazón.
Son muchos los que se afanan por tener bienes, pero si no los comparten y disfrutan otros lo harán y que triste es estar trabajando toda la vida, pretendiendo que con los bienes tendremos seguridad, Sir 14,3-4 Dice: Al avaro no le sienta bien la riqueza; tampoco los bienes al envidioso. El que atesora a costa de privaciones, atesora para los demás, otros gozaran de sus bienes.
Debemos de estar seguros de saber en qué estamos depositando nuestra confianza, si en el dinero o en Dios, porque la palabra nos dice que no podemos tener dos amos a la vez.
Si ponemos nuestra confianza en el dinero, la palabra nos dice que la raíz de todos los males es el amor al dinero 1T 6,10 en cambio si ponemos nuestra confianza en Dios él nos dice que no debemos de preocuparnos por nada, más que por buscar el Reino de Dios y su Justicia y todo lo demás nos vendrá por añadidura.
Por un lado está la esclavitud y por el otro, el ser libres, felices y tener vida eterna, Dios no nos obliga a escoger, por eso él nos dice: Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguien escucha mi voz y me abre, entrare a su casa a comer. Yo con él y el conmigo. Ap.3,20
Cualquiera de los dos caminos que escojamos, es Dios el que al final reclama el alma, pero él no desea que lo hagamos como unos tontos, el desea que lo hagamos como seres responsables, por eso es que debemos de trabajar por su Reino, para que no se sigan perdiendo más almas, pues todos somos hermanos y fuimos creados por el mismo y único Dios, esto solo lo podemos lograr con el amor, por eso Jesús nos dijo: amar a Dios por sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo.

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