La Palabra meditada

La Palabra Meditada - XX Domingo Ordinario - Ciclo C

San Lucas 12,49 – 53

Vine a traer fuego a la tierra, ¡y cuanto desearía que ya estuviera ardiendo!
Estas palabras de Nuestro Señor se siente fuertes, pero hay momentos en la vida que necesitamos que nos sacudan, que nos levanten, Ef.5,14 nos dice: Por eso se dice: Tú que duermes, despiértate, levántate de entre los muertos, y la luz de Cristo Brillara sobre ti.
Jesús desea que su evangelio ya esté actuando en nuestras vidas, como un fuego que nos purifica, que empiece a limpiarnos y a quemar todas esas cosas que no son del agrado de Dios, así como será quemada la cizaña, o aquellas ramas que están pegadas a la Vid verdadera pero que no dan fruto, Jn. 15,6 Nos dice: El que no se quede en mí, será arrojado afuera y se secara como ramas muertas, hay que recogerlas y echarlas al fuego, donde arden.
No podemos seguir solo escuchando palabra y seguir la vida, sin hacer ningún cambio, recordemos que la palabra de Dios es viva y eficaz, si abrimos la puerta de nuestros corazones ella por si misma empieza a actuar y es cuando ocurre la verdadera conversión. Muchos cristianos nos creemos convertidos, pero la palabra de Dios nos dice por sus frutos los conoceréis.
Pero también he de recibir un bautismo y ¡que angustia siento hasta que se haya cumplido!
Jesús iba a pasar por la prueba de entregar su vida y el mismo dice que angustia ciento, claro en él se estaba marcando el pacto de la nueva alianza, en él se recargan todas las generaciones para la salvación de la humanidad, por un hombre entro el pecado al mundo, por un hombre entro también la salvación, la esperanza de reconciliarnos de nuevo con Dios, de no vivir más como esclavos, sino como hombres libres destinados a amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo.
¿Creen ustedes que yo vine para establecer la paz en la tierra? Les digo que no, sino la división.
Con estas palabras Jesús desea que nos definamos, en la tierra hay división entre el bien y el mal, entre los que aman a Dios y los que aman las cosas de este mundo y estas dos fuerzas nunca se podrán unir, son dos amos y somos nosotros los que decidimos, nuestra manera de vivir.
Nuestro Señor no es que quiera causar división en la familia, lo que él dice es que no es digno de mí, el que ama más a un ser en la tierra más que a él, Mt 10,37 y el versículo 38 nos dice: No es digno de mí el que no toma su cruz para seguirme.
Debemos de estar seguros de lo que queremos y a quien seguimos, pero no podemos llamarnos cristianos y querer estar con Dios y con los afanes de este mundo, por este camino lo que estamos haciendo es que nos estamos apartando de la presencia de Dios, porque nos comportamos como hombres acomodados a donde mejor nos vayan saliendo las cosas, nos comportamos como hipócritas, como tibios, y de esa manera Dios nos vomitara.
Debemos pues de ser verdaderos adoradores y aspirar siempre a las cosas de arriba, Jn. 15,23-24 nos dice: Pero llega la hora, y ya estamos en ella, en que los verdaderos adoradores adoraran al Padre en espíritu y en verdad. Son esos adoradores a los que busca el Padre.

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