La Palabra meditada

La Palabra Meditada - XXVIII Domingo Ordinario - Ciclo C

San Lucas 17, 11 – 19

De camino a Jerusalén, Jesús pasó por los límites de Samaria y Galilea. Al entrar a un pueblo, diez hombres leprosos le salieron al encuentro. Se quedaron a cierta distancia.
Jesús siempre recorría los pueblos y aldeas, porque sabía que siempre iba a encontrar una necesidad de alguien, como nos dice Mc 2,17 Cuando Jesús oyó esto, les dijo: No son los sanos los que necesitan al médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.
Muchos queremos ser sanos o salvos, pero no tratamos de encontrar al Señor, y humillarnos ante su presencia como lo hicieron estos diez leprosos que le gritaban que tuviera compasión de ellos.
Jesús les dijo vallan a presentarse a los sacerdotes. Mientras iban, quedaron sanos, esto lo hacía Jesús para que se confirmara el milagro, vemos que de estos diez leprosos solo uno regresa donde él, este no solo se sano sino que también se salvo, en cambio los otros nueve, fueron sanados pero es muy difícil que hayan sido salvados, porque les interesaba más la añadidura que la
Justicia y el Reino de Dios.
Debemos darle gracias a Dios en todo momento, honrarlo y glorificarle, porque él ha venido por cada uno de nosotros para que seamos felices y a demostrarnos que para el somos muy importantes sin tomar en cuenta la condición en que nos ha encontrado.
Que nos interesa más la sanación o la salvación, porque si buscamos tener buena salud y prosperidad toda la vida y no buscamos el reino de Dios, hasta aquí llegamos, todo azul, todo suave pero sin vida eterna, es necesario dejar de renegar a cada instante por lo que nos hace falta, solo pensemos si lo tenemos a él, con el somos más que victoriosos, el nos conoce dice la palabra hasta por nuestro nombre, él sabe el número de cabellos que tenemos cada uno, no nos conformemos solo con darle gracias, tratemos en lo que nos sea posible de ayudar a otros hermanos, que han estado en la misma situación de nosotros o peor, demostrémosle que Cristo Jesús a tocado nuestras vidas y que de ahora en adelante todo es ganancia, porque ahora sabemos que nada ni nadie nos apartara del amor de Dios que encontramos en Cristo Jesús, somos criaturas nuevas que hemos dejados nuestras vestiduras viejas.
Jesús nos llama a levantarnos, ha estar despiertos ante la palabra pues solo ella nos va a mantener firmes en la fe, su palabra es palabra de vida eterna y como dicen las Escrituras que sin fe es imposible agradar a Dios.
Todos hemos tenido algún tipo de lepra espiritual en nuestra vida, manchas que no vienen de Dios, sino de estarnos contaminando con los placeres de este mundo, pero Dios en su infinita misericordia no mando a nuestro Señor Jesucristo para condenarnos, sino mas bien para ser sanos y salvos, pero si creemos en el de corazón y lo aceptamos como nuestro Señor y salvador.
Acércate al Señor y permanece en él, y veras que en tu vida y en las que te rodean sucederán cosas grandes y maravillosas, que tu mente jamás te lo podrá imaginar.

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