La Palabra meditada

La Palabra Meditada - XXIX Domingo Ordinario - Ciclo C

San Lucas 18,1 – 8

Jesús les propuso este ejemplo sobre la necesidad de orar siempre, sin desanimarse jamás.
Dios Padre es el creador y nos creó a su imagen y semejanza, por tanto nos conoce bien, lo sabe todo y solo él tiene palabras de vida eterna, mientras estamos en este mundo, ya sea que estemos bien o estemos pasando por una prueba, necesitamos estar muy apegados a él siempre, es decir necesitamos estar en constante dialogo con Dios, porque solo él tiene la respuesta para cada necesidad que tengamos.
Cuando le pedimos algo a nuestro Padre, debemos de tener dos cosas muy claras, una de ellas es el dejar que se haga siempre su voluntad, pues Dios tiene un propósito para cada uno de nosotros y todo lo que él hace es para bien de los que lo aman, por tanto debemos de ser sumisos y como nos dice la oración del Padre nuestro en Mt 9,10 debemos de dejar que se haga su voluntad en la tierra como en el cielo.
Y la segunda es que al momento de pedirle algo, tenemos que hacerlo con mucha Fe, pero el tener fe no solo significa creer en Dios, como nos dice en Mc. 9,23 Jesús le dijo: ¿Por qué dices si puedes? Todo es posible para el que cree. Al instante el padre grito Creo, ¡pero ayuda mi poca fe!
Nuestra fe puede debilitarse o aumentarse de acuerdo a la obediencia y la fidelidad que tengamos en Dios y esto solo lo logramos escuchando y meditando su palabra, como nos dice 1Co. 2,4-5 Mis palabras y mis predicaciones no tenían brillo, ni artificio para seducir a los oyentes. Pero si, se manifestó el Espíritu con su poder, para que ustedes creyeran, no ya por la sabiduría de un hombre sino por el poder de Dios.
Jesús nos llama a no desanimarnos jamás, pues él conoce bien nuestras necesidades y sabe el momento preciso en que serán cubiertas, lo que tenemos que tener bien presente es que nuestro tiempo no es el tiempo de Dios, solo nos queda confiar en el Señor, el Sal 37,4-5 nos dice: Pon tu alegría en el Señor, el hará lo que desea tu corazón. Pon tu porvenir en manos del Señor, confía en él y déjalo actuar.
El Señor nos pone un ejemplo de un juez que no creía en Dios ni le importaba nada, con una viuda que deseaba justicia y que le insistía tanto al juez, que este al final decide ayudarla, con tal de que no lo siga molestando.
De igual manera Dios sabe que somos sus hijos elegidos, quiere que seamos insistentes como esta viuda, que le clamemos ha el de día y de noche, como dice Ef. 6,18 Vivan orando y suplicando. Oren en todo tiempo según les inspire el Espíritu. Velen en común y prosigan sus oraciones sin desanimarse nunca, intercediendo a favor de todos los hermanos.
Todo lo contrario; pues les aseguro que Dios hará justicia a favor de ellos, y lo hará pronto.
Dios nos hace la promesa que no quedaremos desamparados, si confiamos en él, en Is 41,10 nos dice: No temas, pues yo estoy contigo, no mires con desconfianza, pues yo soy tu Dios, y yo te doy fuerzas, yo soy tu auxilio y con mi diestra victoriosa te sostendré.
Pero, cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallara fe en la tierra?
Las riquezas, el constante afán, y la nueva tecnología que avanza cada día más, hacen que nuestra fe se vaya enfriando, ante esta pregunta necesitamos pedirle a Dios que nos de ese don de la fe, pues como nos dice: 1Tim 6 11-12 Tu, hombre de Dios, huye de todo eso. Procura ser religioso y justo. Vive con fe y amor, constancia y bondad. Da el buen combate de la fe, conquista la vida eterna a la que has sido llamado.

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