La Palabra meditada

La Palabra Meditada - II Domingo de Adviento - Ciclo A

San Mateo 3,1 – 12

Cambien su vida y su corazón porque el Reino de los Cielos se ha acercado.
Juan es el profeta del Señor, y comienza diciendo que el Reino de los Cielos se ha acercado, es decir ya Dios habita entre los hombres, el mesías el primogénito de Dios Padre, nuestro Señor Jesucristo está entre nosotros.
Juan nos dice que tenemos que cambiar nuestra vida y para esto nos dice que tenemos que preparar el camino, es decir que no podemos recibir en nuestro corazón a nuestro Señor Jesucristo llenos de pecado, debemos limpiarnos porque Jesús solo habita en un corazón limpio, y sabemos que lo impuro no se mezcla con lo puro.
A Juan el Bautista la palabra lo define como un hombre sencillo y humilde, pero con una autoridad de profeta, que nos llama al arrepentimiento de nuestros pecados y al bautismo.
Juan llamaba raza de víboras a los fariseo y Saduceos.
En nuestra iglesia cuando dicen de confesiones, un número de personas corren para hablar y para que la gentes los vea, pero su vida sigue siendo la misma y ese no es el hecho, tenemos que renovarnos de mente y de corazón, no podemos actuar como las víboras que se comen unas a otras y andan esparciendo el veneno por todos lados, porque de esa manera no podemos escapar de la condenación eterna.
No podemos decir que hemos cambiado, pues la misma palabra nos dice que el árbol se conoce por sus frutos y el fruto del que nos habla Juan es el de una verdadera conversión, en el que demostremos en verdad un corazón contrito y humillado.
Fíjense que el hacha llega hasta la raíz. Ya están cortando a todo árbol que no da buen fruto y lo arrojan al fuego.
Estas palabras son muy fuertes, pero mejor es escucharlas a tiempo y empezar a dejar que la palabra corte de raíz todo lo malo que hay dentro de nosotros antes de que seamos arrojados al fuego, pues como nos dice Heb 4,12 En efecto, la palabra de Dios es viva y eficaz, más penetrante que espada de doble filo. Penetra hasta la raíz del alma y del espíritu, sondeando los huesos y los tuétanos para probar los deseos y los pensamientos más íntimos.
Pero otro viene después de mí y que es más poderoso que yo.
Juan se refiere a lo insignificante que es él, en comparación al poder investido que tiene nuestro Señor y que vino a este mundo no para demostrar su poder atravez de la violencia, el no vino a condenarnos sino más bien a salvarnos, a rescatarnos por medio de su inmensurable amor y que nos reconcilia con nuestro Padre.
Viene a bautizarnos pero con el fuego del Espíritu Santo, para ser hijos de Dios, pero este bautismo significa bautismo de prueba de sufrimiento, es decir el camino angosto y pedregoso, 1P 4,13 nos dice: Mas bien alégrense de participar en los sufrimientos de Cristo; pues en el día en que se nos descubra su Gloria, ustedes estarán también en el gozo y la alegría.

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