La Palabra meditada

La Palabra Meditada - III Domingo de Adviento - Ciclo A

San Mateo 11,2-11

Juan se enteró en la cárcel de lo que hacía Cristo; por eso envió a sus discípulos a preguntarle: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?
Juan sabía quién era Jesús, fue él quien lo bautizo, Mt 3,14 nos dice: Pero Juan se oponía, diciendo: Yo soy el que necesito tu bautismo ¿y tú quieres que yo te bautice?
Lo que pasaba es que Juan pensaba que Jesús, iba a venir a establecer la justicia definitiva de Dios mediante un juicio.
Con respecto a esto hay muchos cristianos que ya desean que nuestro Señor regrese a este mundo, para terminar con tantas injusticia que se ven a cada instante, pero es bueno recordar que así como fuimos rescatados nosotros, el también da un tiempo para el rescate de muchos hermanos, que todavía andan en ese mundo de tinieblas.
Jesús les contesto: Vayan y cuéntenle a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan sanos, los sordos oyen, los muertos resucitan y una buena nueva llega a los pobres.
Todos estos milagros que Nuestro Señor realizaba son un anticipo de la vida en el espíritu, cuando lo aceptamos como el Señor de nuestras vidas ocurren todos estos milagros, pues miramos, oímos, caminamos, ya no tenemos llagas y pasamos de las tinieblas a la luz, somos nuevas criaturas que vivimos por la fe que depositamos en Cristo Jesús y el va haciendo todo conforme a su voluntad.
Y una buena nueva llega a los pobres, esta buena nueva es el anuncio de la palabra de Dios que debemos de guardarla pues con ella somos capaces de vencer al amo de este mundo, recordemos que la palabra de Dios es viva y eficaz, más penetrante que espada de doble filo. Penetra hasta la raíz del alma y del espíritu, sondeando los huesos y los tuétanos para probar los deseos y los pensamientos más íntimos. Toda criatura es transparente ante ella: todo queda desnudo y al descubierto a los ojos de aquel que debemos de dar cuentas. Heb 4,12-13
¡Feliz el que me encuentra y no se confunde conmigo!
Esta es una promesa que nuestro Señor nos regala, si nos mantenemos alerta, para que nadie nos engañe, Mt 4,5 dice: Porque muchos se presentaran como el Salvador y dirán: Yo soy el Mesías y engañaran a muchos.
Nuestro Señor nos habla de Juan, como sabemos Juan Bautista era un hombre enviado por Dios y su preparación fue en el desierto, en la soledad, ahí donde no hay lujos, porque esta es la mejor forma de experimentar la presencia de Dios, solo en el desierto de nuestra vida o en la soledad es que sentimos la intimidad con Dios.
Juan es el mensajero de Dios para preparar el camino del Señor, el que nos dice que el Reino de los Cielos se ha acercado, y que debemos de enderezar nuestras vidas por el camino recto es decir por el camino de la verdad.
Yo les aseguro que no se ha presentado entre los hombres profeta más grande que Juan el Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es más que él.
Es nuestro Señor el que se hace más pequeño, pues el siendo de condición divina se despojó, nació en un pesebre entre los animales, se humillo y murió en una cruz, siendo santo, y todo lo hizo por nuestra salvación, así nos demostró su infinito amor por cada uno de nosotros, porque solo en él y por su infinita gracia es que podemos alcanzar la verdadera felicidad de estar algún día en su presencia.

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