La Palabra meditada

La Palabra Meditada os - IV Domingo de Adviento - Ciclo A

San Mateo 1,18 – 24

El nacimiento de Jesucristo fue así. Su madre María estaba comprometida con José. Pero antes que vivieran juntos, quedo esperando por obra del Espíritu Santo.
Para que Dios obre en nuestras vidas, el desea saber primero si aceptamos, nuestra salvación, depende de, si queremos hacer un compromiso con Dios, como lo hicieron María y José, que en ningún momento fueron obligados, María y José aceptan realizar la voluntad de Dios, sin ponerse a medir las consecuencia que esto les acarrearía y lo hacen con mucha humildad, obediencia, fidelidad y temor o respeto a Dios.
Estas cualidades son las que deberíamos de tomar muy en serio en el momento que nos comprometemos con Dios, pues todo lo que el permite que nos pase es siempre para bien y como nos dice San Pablo todo lo podemos en aquel que nos fortalece y con Cristo somos más que vencedores.
José, su esposo, era un hombre excelente y, no queriendo desacreditarla, pensó firmarle en secreto un acta de divorcio.
Dios necesita que Jesús tenga un padre legal aquí en la tierra, y por eso escoge a José un descendiente de David, y nos dice la lectura que es un hombre excelente, porque es un verdadero israelita y cumplidor de la ley.
Dios nos conoce muy bien y sabe, quien es realmente justo, a él no le podemos engañar, pues él conoce los secretos de nuestro corazón, como nos dice el Sal 44,22 ¿acaso no se habría dado cuenta Dios, que a fondo conoce los secretos más íntimos del corazón?
Estaba pensando en esto, cuando el ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José descendiente de David, no temas llevar a tu casa a María, tu esposa, porque la criatura que espera es obra del Espíritu Santo.
Con esto San Mateo nos afirma que la concepción de nuestro Señor, es netamente divina y no una casualidad, es la obra de Dios manifestada con el poder del Espíritu Santo, como nos dice Jesús en Jn. 3,6 Lo que nace de la carne es carne y lo que nace del Espíritu es espiritual.
Y dará a luz un hijo, al que pondrás el nombre de Jesús, porque el salvara a su pueblo de sus pecados.
Esta es la promesa de Dios a los hombres que nuestro Señor Jesús venía a este mundo para nuestra salvación, no vino a condenarnos vino a redimir nuestros pecados, si nuestro arrepentimiento era de corazón, con esta promesa Dios nos muestra el gran amor que nos tiene como nos dice Jn. 3,16
Tanto amo Dios al mundo que entrego a su Hijo Único, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.
Sepan que una virgen concebirá y dará a luz un hijo y los hombres lo llamaran Emanuel, que significa: Dios-con-nosotros.
María es la mujer bendita, la elegida por Dios, para que mediante ella entrara la salvación a este mundo, la presencia de Dios entre los hombres, por eso Juan Bautista nos dice en Mc. 1,15 Hablaba en esta forma: El plazo está vencido, el Reino de Dios se ha acercado. Tomen otro camino y crean en la Buena Nueva.
Esta es la forma como nació nuestro Señor, preparémonos y dejemos nacer a Cristo Jesús en nuestro corazón y su luz nos resplandecerá, llenándonos de amor, paz y del gozo y la gracia que solo él nos puede dar.

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