La Palabra meditada

La Palabra Meditada - Maria Madre de Jesus - Ciclo A

San Lucas 2,16 – 21

Fueron apresuradamente y hallaron a María y José, y vieron al recién nacido acostado en la pesebrera.
Nuestro Señor se despoja de las vestiduras celestiales y nace aquí en la tierra en una de las cunas más humildes, un pesebre, Jesús quiere nacer en nuestros corazones, pero para ello nuestro corazón debe estar en plena humildad, en el no debe de existir nada de soberbia ni de altanería, Stgo. 4,9-10 dice: Reconozcan su miseria, siéntanla y llórenla. Que la risa se convierta en llanto, y la alegría en tristeza. Humíllense ante el Señor y el los levantara.
Entonces contaron lo que los ángeles les habían dicho de este niño.
El mesías prometido ya está entre los hombres, viene a salvarnos de la esclavitud del pecado, pero no viene a forzarnos a que creamos en el, nos deja a nuestro libre albedrio, por eso los pastores fueron a toda prisa a contar este acontecimiento, pues si es una buena noticia saber que Dios ya está entre nosotros, no para condenarnos, sino mas bien para salvarnos y hacernos realmente libres, nuestro señor Jesús es un puente de ahora en adelante entre nosotros y Dios Padre.
Y todos se maravillaron de lo que decían los pastores.
Que hombre sobre la faz de la tierra no puede alegrarse, ante este gran acontecimiento, saber que ya no estamos solos, que Cristo Jesús a nacido en nuestros corazones y que de ahora en adelante nada ni nadie podrá separarnos de él, que si tenemos problemas ahora contamos con alguien que es más grande que cualquier problema, Sof. 3,17 dice: Yave, tu Dios, está en medio de ti como un héroe que salva, el saltara de gozo al verte a ti y te renovara tu amor.
María, por su parte, observaba cuidadosamente todos estos acontecimientos y los guardaba en su corazón.
Nuestra madre santísima es la primera cristiana que hace la voluntad del Señor y lo guarda todo en su corazón, y a esto es que hemos sido llamados, si realmente decimos ser cristianos, debemos de hacer la voluntad de Dios y a guardar su palabra, Jn. 14,21 dice: El que conoce mis mandamientos y los guarda, ese es el que me ama. Y mi Padre amara al que me ama a mí, y yo también lo amare y me mostrare a él.
Al octavo día, circuncidaron el niño según la Ley, y le pusieron el nombre de Jesús, nombre que había indicado el ángel antes que su madre quedara embarazada.
Jesús cumple todos los requisitos según la ley, como todo hombre y recibe el nombre de Jesús, que significa “Dios con nosotros”.
El nombre de Jesús es engrandecido por el mismo Dios, dándonos a entender el poder inmenso que tiene Jesús, Fil 2,9 dice: Por eso Dios lo engrandeció y le concedió el Nombre que esta sobre todo nombre, para que, ante el Nombre de Jesús, todos se arrodillen, en los cielos, en la tierra y entre los muertos. Y toda lengua proclame que Cristo Jesús es el Señor, para gloria de Dios Padre.

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