La Palabra meditada

La Palabra Meditada - III Domingo Ordinario - Ciclo A

San Mateo 4,12 – 23

Nuestro Señor Jesús establece como su centro desde donde comenzara su ministerio, la ciudad de Cafarnaúm.
Muchos hermanos nunca buscan un centro en su vida, es decir un detenerse y empezar a ver cuáles son sus verdaderas prioridades y empezar a trabajar en ellas, en su orden, desde la más importante hasta la menos importante, porque Dios no quiere que vivamos desordenadamente, Heb 12,6 dice: A quien ama el Señor lo corrige y castiga a todo aquel que recibe por hijo.
El pueblo postrado en tinieblas acaba de ver una luz grande; sobre los habitantes de la mortal oscuridad la luz amaneció.
Esta luz grande ya vino a este mundo, y esta luz es nuestro Señor Jesucristo, pero como dice la palabra, parece que los hombres prefieren las tinieblas a la luz, porque observamos aun en nuestros días como el hombre se postra más ante el mal que ante nuestro Señor Jesús, que es el único mediador entre los hombre y Dios, pero para los que han elegido esta luz tenemos esta gran promesa, Jn. 1,12 Pero a todos los que lo recibieron, les concedió ser hijos de Dios: estos son los que creen en su Nombre.
Entonces fue cuando Jesús empezó a predicar. Y les decía: Cambien su vida y su corazón, porque el Reino de los Cielos se ha acercado.
Jesús nos llama a cambiar el chip de nuestra mente y de nuestro corazón, porque no es como nosotros pensemos o haciendo lo que decíamos es como entraremos al Reino, sino haciendo únicamente la voluntad de Dios, hay que salir de la esclavitud a la que el pecado nos somete, necesitamos ser libres, el camino no es fácil, ya Dios puso su parte mandándonos a Cristo Jesús para que le siguiéramos, nos toca a nosotros poner la otra parte para vivir ya desde aquí en la tierra su Reino.
Caminaba Jesús a orillas del lago de Galilea y vio a dos hermanos: Simón, llamado después Pedro, y a Andrés, que echaban las redes al agua porque eran pescadores. Jesús les dijo: Síganme y los hare pescadores de hombres.
Esta actitud que tomo Pedro y Andrés y después Santiago y Juan de dejar inmediatamente todo es lo que hace un verdadero discípulo, ninguno le dijo a nuestro Señor, deja primero tengo algo que hacer o deja enterrar a mis muerto, voy despedirme de mi familia, ellos simplemente obedecieron y le siguieron.
Hoy en día hay quienes dicen decir que son apóstoles, pero con la única condición de que no dejan nada, sin el ánimo de juzgar, sé que hay discípulos pero la mayoría son discípulos o apóstoles que quieren vivir cómodamente, porque dicen ser hijos de un rey, pero todos los que hemos aceptado a nuestro Señor somos también hijos de ese mismo rey, tenemos el gran ejemplo de María Teresa de Calcuta que vivía en plena pobreza, porque todo lo que recibía era para la gente más desposeída.
Jesús recorrida toda la Galilea enseñando en las sinagogas. Predicando las Buena Nuevas del Reino y sanaba todas las dolencias y enfermedades de la gente.
Nuestro Señor Jesús cumplió todo su ministerio a cabalidad, hasta que por su gran amor y misericordia entrego su vida en la cruz, para nuestra salvación y él nos dejó este mandato de anunciar las Buenas Nuevas de su evangelio por todos los rincones de la tierra, para ello nos dejo al, Espíritu Santo que mora dentro de cada uno de nosotros, el nos da frutos para el anuncio y también nos da dones de todo tipo, los cuales son muy importante descubrir cual o cuales tenemos para ponerlos al servicio de su iglesia.

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