La Palabra meditada

La Palabra Meditada - IV Domingo Ordinario - Ciclo A

San Mateo 5,1 – 12

Jesús, al ver a toda esa muchedumbre, subió al monte. Allí se sentó y sus discípulos se le acercaron.
Cuanta necesidad hay de Dios, esto se nota porque vemos como la fe se va debilitando cada día mas en las personas y esto se debe a que se perdido ese deseo por buscar de Dios.
Felices los que tienen espíritu de pobres, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Cuando aquí se habla de pobres, no se refiere aquellos pobres que tienen necesidades económicas, más bien a aquellos pobres que tienen necesidad de Dios, son aquellos hermanos humildes que reconocen que son pecadores y que buscan ansiosamente el perdón de Dios.
Felices los que lloran, porque recibirán consuelo.
Se refieren aquellos hermanos que no lloran por su dolor, sino más bien por el dolor de la humanidad, por el dolor de tanta injusticia, por el dolor de que ya no se reconoce la verdad, pues ellos serán consolados, Rom. 8,18 dice: En verdad, me parece que lo que sufrimos en la vida presente no se puede comparar son la Gloria que a de manifestarse después en nosotros.
Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.
Se refiere a personas no débiles, por el contrario son fuertes, porque se revisten de mucha paciencia ante cualquier acontecimiento y esperan confiadamente en la voluntad de Dios y por eso recibirán toda heredad que viene de Dios.
Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Son aquellos cristianos que buscan siempre lo justo, buscan la justicia de Dios aquí en la tierra, buscan siempre el alimento verdadero y serán saciados, Jn.6,35 dice: Yo Soy el Pan de Vida. El que viene a mi nunca tendrá hambre, el que cree en mi nunca tendrá sed.
Felices los compasivos, porque obtendrán misericordia.
Son los que buscan la misericordia de Dios y así lo hacen con su prójimo, Stgo. 2,13 dice: Habrá juicio sin misericordia para quien no haya sido misericordioso; los misericordiosos no tienen porque temer el juicio.
Felices los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios.
Son aquellos hermanos que no guardan ninguna malicia en su corazón, ellos están siempre dispuestos a ayudar, estos se dirigen por las cosas de arriba.
Felices los que trabajan por la paz, porque serán reconocidos como hijos de Dios.
Son los pacificadores que tratan de mantener un equilibrio aquí en la tierra, se apropian de la paz de Cristo, que no es como la paz de este mundo, buscan la libertad de los hombre, porque solo libre una persona es como puede tener paz en su corazón.
Felices los que son perseguidos por causa del bien, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Son aquellos hermanos que sufren cada día, por estar siempre haciendo el bien, estos son los que no se lamentan y se dedican siempre a sembrar frutos de amor, paz, y justicia entre los hombres.
Dichosos ustedes cuando por causa mía los maldigan, los persigan y les levanten toda clase de calumnia.
Son aquellos hermanos que a tiempo y a destiempo se dedican al evangelio del Señor, porque saben que al final hay que vencer el mal a fuerza del bien, no importando por las tribulaciones por las que tienen que pasar.
Mantengámonos pues con un corazón alegre, pues estas promesas son para los hijos de Dios, que están dispuesto a imitar a nuestro Señor Jesucristo

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