La Palabra meditada

La Palabra Meditada - V Domingo Ordinario - Ciclo A

San Mateo 5,13 – 16

Ustedes son la sal de la tierra. Y si la sal se vuelve desabrida, ¿con que se le puede devolver el sabor?
Nuestro Señor Jesús nos llama sal de la tierra, pero este llamado es para los que verdaderamente son cristianos, debemos de dar el sabor a nuestra vida y a la de muchos hermanos que no le conocen, debemos de proclamar el evangelio de nuestro Señor, que es donde se encuentra la verdadera vida.
Hay hermanos que dicen que son cristianos, pero por su manera de actuar, se nota que son cristianos desabridos, es decir han perdido el sabor de Cristo, y sin nuestro Señor Jesucristo es muy difícil transmitir vida, debemos de permanecer en él, Jn. 15,2 dice: Si alguna de mis ramas no produce fruto, el la corta; y limpia toda rama que produce fruto para que dé más.
Ya no sirve para nada sino para echarla a la basura o para que la pise la gente.
Es muy duro haber conocido a Jesús y después desecharlo, por las cosas que nos ofrece este mundo, son como la parábola de la semilla que cayó entre espinos, son personas que han oído la palabra, pero las preocupaciones de la vida y la ceguera propia de la riqueza ahogan la palabra y no pueden producir frutos, Mt 13,22.
Debemos de meditar para saber si realmente estamos siendo como esa sal que Jesús nos manda que seamos, porque de lo contrario quedaremos fuera del Reino de los Cielos, Mt 22,13 dice: Entonces el rey dijo a sus servidores: Amárrenlo de pies y mano y échenlo fuera, a las tinieblas, donde no hay sino llanto y desesperación.
Ustedes son luz para el mundo. No se puede esconder una ciudad edificada sobre un cerro.
Jesús es la luz que vino a sacarnos de este mundo de tinieblas en que vivíamos, ahora como sus seguidores, su luz mora dentro de nosotros y él nos manda a sacar ahora a otros hermanos que viven en ese mundo de tinieblas,
La luz de Jesús es el evangelio del amor, tenemos que estar llenos de su amor, empezando por nuestro hogar, que es el primer lugar donde brillen los frutos del Espíritu Santo y luego fuera de nuestro hogar.
Debemos como cristianos de saber que Jesús no vino a este mundo por unos pocos, el vino por todos, por eso con su luz no debemos de menospreciar o marginar a nadie por el contrario debemos de reflejar su amor y su justicia a todos por igual.
No se puede esconder la luz, pues fue hacha para alumbrar y ver todo lo que está oculto, cuando aceptamos a nuestro Señor como nuestro salvador su palabra es luz y empieza a sacar todo lo oculto y pecaminoso que hay en nuestro corazón y de esta manera es como comenzamos a caminar con él, Jn. 8,12 dice: Jesús les hablo de nuevo y dijo: Yo Soy la Luz del mundo. El que me sigue no caminara en tinieblas, sino que tendrá luz y vida.
Debemos de dar gracias y glorificar al Señor en todo momento, porque con su luz nos ha hecho ver la verdad, que nos hace libres, el camino que nos lleva de regreso al Padre y la vida que junto con el será para siempre.

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