La Palabra meditada

La Palabra Meditada - VI Domingo Ordinario - Ciclo A

San Mateo 5,17 -37

No crean que yo vine a suprimir la ley o los profetas: No vine a suprimirla, sino a darle su forma definitiva.
Darle forma a la ley significa cumplirlas pero no por ley sino por amor, no mentimos porque la ley me dice no mentiras, pero el amor dice, si amo a mi hermano no debo de mentirle.
Jesús vino a perfeccionar la leyes en el amor y no por esto es que una de estas leyes deje de ser más grande o más pequeñas, todas fueron creadas por Dios para nuestro propio bienestar, por tanto debemos de obedecer a nuestro Padre en cumplirlas y enseñar a cumplirlas tal como se nos fueron mandadas.
Y les digo que si su vida no es más perfecta que la de los maestros de la ley y de los fariseos, no entraran en el Reino de los Cielos.
Cristo nos llama a ser perfecto o santos como lo es el, Heb 12,14 dice: Procuren estar en paz con todos y progresen en la santidad, pues sin ella nadie vera al Señor.
Hay muchos hermanos que enseñan la palabra, pero ellos no la practican, sino que hacen todo lo contrario al momento de cumplirlas, Mt 23,3 dice: Hagan y cumplan lo que ellos dicen, pero no los imiten, porque ellos enseñan y no practican.
Debemos de estar bien con Dios y con los hombres, nuestro Señor nos dice que si vamos a presentar una ofrenda al altar, debemos de estar en paz y de acuerdo con nuestro prójimo, esto no es fácil, pues para ello debemos de renunciar a nosotros mismos, 1Jn. 4,20 dice: El que dice Yo amo a Dios, y odia a su hermano, es un mentiroso, ¿Cómo puede amar a Dios a quien no ve, sino ama a su hermano, a quien ve? El mismo nos ordenó: el que ama a Dios, ame también a su hermano.
Ahora yo les digo que quien mira con malos deseos a una mujer, ya cometió adulterio en su interior.
Recordemos que nuestra boca habla de lo que está lleno nuestro corazón y todos los deseos están en nuestro corazón, sean esto buenos o malos y esto va a depender, a donde esta puesta nuestra mirada, si en las cosas de espirituales o carnales.
Todos los deseos de la carne nos llevan a desobedecer a Dios y a llevar un camino contrario de lo que nos dice su palabra, por eso es que nuestro Señor nos llama a romper de raíz con el problema, porque este nos arrastra al pecado y el pecado nos lleva a la muerte.
Gal 5,19-21 dice: es fácil ver lo que viene de la carne: libertad sexual, impurezas, desvergüenza; culto de los ídolos y magia; odios, celos y violencia; furores, ambiciones, divisiones, sectarismo, desavenencias y envidias; borracheras, orgias y cosas semejantes.
Nuestro Señor nos llama a no jurar, porque no somos Dios y uno solo hay, nuestro Padre creador de todo cuanto existe lo visible y lo invisible, Dios del alfa y del omega, el Dios de la verdad y la justicia.
Nosotros lo que debemos de hacer es imitarle, en tratar de ser verdaderos, sinceros y transparentes ante él, ante nosotros mismos y ante nuestro prójimo.

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