La Palabra meditada

La Palabra Meditada - VII Domingo Ordinario - Ciclo A

San Mateo 5,38 – 48

Ustedes saben que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. En cambio, yo les digo: No resistan a los malvados. Preséntale la mejilla izquierda al que te abofetea la derecha.
En el amor a Cristo a esto hemos sido llamados, este es el evangelio de nuestro Señor, el evangelio del amor, donde todo se cree, todo se espera y todo se soporta.
Sabemos que no es fácil, por eso cuando acepamos a nuestro Señor como nuestro salvador y queremos seguirle, Mt 16,24 dice: Entonces dijo Jesús a sus discípulos: El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga.
Renunciamos a nuestros derechos, a nuestro ego y empezamos a obedecer y a hacer la voluntad de Dios en nuestra vida.
Y al que te arma pleito por la ropa entrégale también el manto. Si alguien te obliga a llevarle la carga, llévasela el doble más lejos.
Debemos de ser amantes de la paz, para ello debemos de buscar la paz que Cristo nos ofrece y no la paz del mundo, ya no estamos para buscar pleito, porque de lo contrario estaríamos retrocediendo Rom. 12,21 dice: No te dejes vencer por lo malo, más bien vence el mal a fuerza de bien.
Dale al que te pida algo y no le vuelvas la espalda al que te solicita algo prestado.
Recordemos que el amor no solo se demuestra con palabras, sino que también con obras, debemos de ser generosos, todo cuanto poseemos sea poco o mucho es por gracia de Dios, si somos fieles en lo poco o en lo mucho él nos concederá más, porque nuestro Señor nunca se va dejar ganar en generosidad, debemos de dar hasta donde nos duela, pues todo cuanto le demos a nuestro prójimo es como si se lo estuviéremos dando a Dios, Lc.21,4 dice: Y dijo Jesús: Créanme que esta pobre viuda deposito más que todos ellos. Porque todos dan a Dios de lo que les sobra. Ella, en cambio, tan indigente, hecho todo lo que tenía para vivir.
Ustedes saben que se dijo: Ama a tu prójimo y guarda rencor a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores.
Si realmente en nosotros está el amor de Cristo, con ese amor adquirimos la capacidad de perdonar, Pedro le pregunto a nuestro Señor hasta cuanto debemos de perdonar a nuestro semejante y nuestro Señor le contesto hasta setenta y siete veces, es decir hasta siempre.
No cabe como cristianos decir, “te perdono pero” porque lo que le estamos diciendo a nuestro prójimo es en la próxima no te perdonare, debemos de hacer como cuando nosotros le pedimos a nuestro Padre que nos perdone y él lo hace y lo olvida, cuando realmente perdonamos de esta manera vamos adquiriendo una paz interior, el no amar a nuestros enemigos nos hace vivir atados, pero nuestro Señor no nos quiere así él quiere que seamos libres.
Con el amor que Cristo Jesús nos da, estamos llamados a amar a todos por igual, porque él sabe que solo de esta manera es que podemos aspirar a ser perfectos como lo es Dios.
Esta lectura puede resultar muy difícil de aplicarla en nuestra vida, pero si vivimos en Cristo somos nuevas criaturas, con el somos más que vencedores y todo lo podremos hacer si permanecemos en él, porque para Dios nada es imposible.

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