La Palabra meditada

La Palabra Meditada - II Semana de Cuaresma - Ciclo A

San Mateo 17,1 – 9

Seis días después, Jesús tomo consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, su hermano, y los llevo a un cerro alto, lejos de todos.
Nuestro Señor siempre nos hace ver, que cuando queramos hablar con Dios, busquemos un lugar apartado de todo aquello que nos pueda distraer.
Muchas veces nos preguntamos ¿Por qué será que Dios no escucha mis oraciones? Y la pregunta que debemos hacernos es ¿estoy haciendo mi oración como para que Dios realmente me escuche?
Siempre que oremos al Señor debemos de presentarnos con un corazón contrito y humillado, como lo hizo aquel publicano, Lc.18,13 dice: El publicano, en cambio, se quedaba atrás y no se atrevía a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios mío, ten piedad de mí que soy un pecador.
A Dios no le gusta las oraciones egocéntricas, a él le gusta que le pidamos las cosas conforme a su voluntad, Ef. 6,18 dice: Vivan orando y suplicando, oren en todo tiempo según les inspire el Espíritu. Velen en común y prosigan sus oraciones sin desanimarse nunca, intercediendo a favor de todos los hermanos.
En presencia de ellos, Jesús cambio de aspecto: su cara brillaba como el sol y su ropa se puso resplandeciente como la luz. En ese momento se les aparecieron Moisés y Elías hablando con Jesús.
La trasfiguración de Jesús, representa su gloria, nuestro Señor nos da un anticipo de su resurrección, el vence a la muerte y con ello nos hace ver que, también nosotros resucitaremos con él a la vida eterna, Ap. 1,17-18 dice: Al verlo caí como muerto a sus pies; pero me toco con la mano derecha y me dijo: No temas soy Yo, el Primero y el Ultimo. Yo soy el que vive; estuve muerto y de nuevo soy el que vive por los siglos de los siglos, y tengo en mi mano las llaves de la muerte y del infierno.
Notemos que si después de haber conocido a nuestro Señor nos hemos transfigurado, ha habido un cambio en nuestra vida y si somos mejores para los demás, irradiando esa la luz de Cristo.
Pedro tomo entonces la palabra y dijo a Jesús: Señor, ¡qué bueno que estamos aquí! Si quieres, voy a levantar aquí tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Cuando nuestro Señor gobierna y le sedemos el control de nuestra vida, decimos que bien que estamos aquí, gozamos de paz, aun en medio de tormentas, porque vivimos de su amor y sabemos que nada ni nadie nos apartara de él, somos nuevas criaturas que hemos sido guardados en su Nombre.
Pedro estaba todavía hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz que salía de la nube decía: Este es mi Hijo, el Amado: este es mi Elegido: a él han de escuchar.
¿A quién escuchamos? Al amo de la mentira y que hace ver al hombre las cosas malas como buenas, Is 5,20 dice: ¡Pobres de aquellos que llaman bien al mal y mal al bien, que cambian las tinieblas en luz y la luz en tinieblas, que dan lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!
Pero a los que escuchan al Señor, tienen una promesa Lc. 11,28 dice: Pero el declaro: ¡Felices, pues, los que escuchan la palabra de Dios y la observan!
En nosotros esta escoger, a quien escuchamos, pero solo Jesús en su infinito amor es el que nos ofrece desde ahora y para siempre la verdadera vida, Jn. 10,10 dice: El ladrón entra solamente a robar, a matar y a destruir. Yo en cambio, vine para que tengan vida y sean colmados.

Share Button
Powered by Bullraider.com