La Palabra meditada

La Palabra Meditada - IV Domingo de Cuaresma - Ciclo A

San Juan 9,1 – 41

Al pasar, Jesús se encontró con un ciego de nacimiento.
Este ciego no le pide a nuestro Señor que lo sane, sino que es nuestro Señor el que tiene compasión de él.
Hay una forma de ceguera espiritual que te acostumbras a ella, y eso ocurre cuando el medio en que vives todo es oscuridad, y no se siente esa sed de salir de ese medio, incluso se asiste a la iglesia no porque se necesita de Dios,
sino por un compromiso y de este tipo de ceguera solo se es sanada cuando nuestro Señor, nos sale al encuentro y con su luz, saca todo lo oscuro que se ha querido tener oculto.
Para que ocurra este milagro se debe de ser como este ciego, que no solo dejo que el Señor lo tocara, sino que también lo obedece y hace lo que el Señor le dice.
Cuando nuestro Señor entra en nuestro corazón hay un cambio de vida, que todos los que nos conocen lo empiezan a notar o no nos reconocen, como ocurrió con este ciego que decía soy yo.
Otras personas que nos conocen en vez de alegrarse por vernos mejor, se enojan y andan buscando a la persona o personas que nos ayudaron a cambiar de vida para bien, como es el caso de los fariseos con el ciego, pero para estas personas que ayudan a vivir la fe en Cristo hay una promesa, así lo dice Mt 5,11-12 Dichosos ustedes cuando por causa mía los maldigan, los persigan y les levanten toda clase de calumnias. Alégrense y muéstrense contentos porque será grande la recompensa que recibirán en el cielo.
En cambio con las personas que actúan como los fariseos si debemos de tener cuidado, porque son personas que viven de las apariencias, pero sus vidas están vacías y llenas de envidia, Mt 23,13 dice: Por eso, ¡ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos hipócritas! Ustedes cierran a los hombres el Reino de los Cielos. No entran ustedes ni dejan entrar a los que se presentan.
Era día sábado cuando Jesús hizo todo y abrió los ojos al ciego.
Los fariseos le tenían odio a Jesús porque hacia curaciones en día de reposo, pero Jesús les decía que el día fue hecho para el hombre y no el hombre para el día, si realmente somos cristianos, debemos de actuar con los hermanos más necesitados con mucha misericordia y compasión, así como a actuado nuestro Señor Jesús con cada uno de nosotros.
Es interesante hacer notar que este ciego, había sido sanado por Jesús pero no lo conocía, ni se interesó en buscarlo tan pronto fue sanado.
Así pasa a muchos de nuestros hermanos que siguen a Jesús, no por conocerle, sino por los milagros que ha realizado en sus vidas.
Debemos de seguir a Jesús pero también, compartir su compromiso de amor con nuestro prójimo, Stgo. 1,27 dice: La religión verdadera y perfecta delante de Dios, consiste en esto: visitar a los huérfanos y a las viudas que necesitan ayuda y guardarse de la corrupción de este mundo.
¿Crees tú en el Hijo del Hombre? Este le contesto: ¿Quién es Señor para que crea en él? Jesús le dijo: Tú lo estás viendo. Soy yo, el que habla contigo. Él dijo: Creo Señor, y se arrodillo ante él.
La fe de este ciego fue creciendo cada vez más, hasta que tuvo ese cara a cara con nuestro Señor y se convirtió en los adoradores que busca el Padre, en los que lo adoran en Espíritu y en verdad.
A eso debe de llevarnos la fe que depositamos en nuestro Señor, en ser verdaderos adoradores para nuestro Padre y arrodillarnos ante ese Nombre que esta sobre todo Nombre Cristo Jesús nuestro Señor y Salvador.

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