La Palabra meditada

La Palabra Meditada - Domingo de Resurrección - Ciclo A

San Juan 20,1 – 9

El primer día de la semana, muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue a visitar el sepulcro.
María Magdalena aun a sabiendas que nuestro Señor había muerto tiene necesidad de él y lo va a buscar al sepulcro.
Es maravilloso cuando nos sentimos necesitados del Señor y lo buscamos, porque sabemos que él es el entorno de nuestra vida, nos sentimos necesitados de ese pan de vida espiritual y solo él puede saciarnos.
Como es necesario también orar por muchos hogares, donde no se ve esa necesidad de Jesús, porque esta real necesidad ha sido suplida por otras, que a lo largo del camino por la vida no dejan nada.
Vio que la piedra de entrada estaba removida.
Solo el Señor es capaz de remover, la piedra que tapa nuestro corazón, en la medida que vamos acogiendo su palabra, esta penetra y va sacando hasta los secretos más profundos, nuestro Señor nos dice en Mc 4,22 Pues si algo está escondido, tendrá que descubrirse, y si hay algún secreto tendrá que saberse.
María Magdalena era una mujer pecadora y de mucha fama, pero cuando se puso ante los pies de Jesús, su vida cambió radicalmente, porque para lo que para nosotros es imposible, para Dios todo es posible, las Escrituras nos dice en Is 1,18 Ahora Yave les dice: Vengan, para que arreglemos cuentas. Aunque sus pecados sean colorados, quedaran blancos como la nieve; aunque sean rojos como purpura, se volverán como lana blanca.
María Magdalena corre a decirles a Pedro y a Juan que han sacado al Señor de la tumba, estos corren y encuentran el sepulcro vacío, la lectura nos dice que Pedro entro, pero Juan entro y creyó.
Es un hecho que Jesús resucito y para ello estaban los dos discípulos, como testigos de este hecho al ver el sepulcro vacío, los lienzos y el sudario, tal vez en este momento no creyeron en la resurrección de nuestro Señor, pero recordemos que este testimonio se vuelve más vivas cuando Jesús se presenta ante ellos cuando estaban a puerta cerrada.
La verdad es que como cristianos debemos sentirnos felices, porque nuestro Señor resucito y venció a la muerte y no necesitamos ser como Santo tomas, que decía hasta no ver no creer, debemos de apresarnos de la palabra que nuestro Señor nos dice ¡ Felices los que creen sin haber visto!
Por la fe de los apóstoles es que ahora mantenemos viva la fe que depositamos en Cristo Jesús, pues ellos recibieron toda la enseñanza de nuestro Señor, para que nos anunciaran las Buenas Nuevas del Reino, pues la resurrección de nuestro Señor es una esperanza para cada uno de nosotros, y atravez de ella nos damos cuenta que Dios, lo que promete es siempre la verdad y una de estas promesas es que tendremos una mejor vida después de este camino pasajero por este mundo, donde nos tiene ya preparada una morada celestial.
En Jn.11,25-26 Jesús dijo: Yo soy la Resurrección. El que cree en mí, aunque muera, vivirá. El que vive por la fe en mí, no morirá para siempre ¿crees esto? Debemos de morir al pecado, para que la luz de Cristo brille en nuestro corazón, Ef. 5,13 nos dice: Tú que duermes, despiértate, levántate entre los muertos, y la luz de Cristo brillara sobre ti.

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