La Palabra meditada

La Palabra Meditada - II Domingo de Pascua - Ciclo A

San Juan 20,19 – 31

La tarde de ese mismo día, el primero de la semana, los discípulos estaban a puertas cerradas por miedo a los judíos, Jesús se hizo presente allí, de pie en medio de ellos.
Cuando no conocemos bien a nuestro Señor, vivimos conforme a las leyes de este mundo y estas nos acorralan y nos hacen vivir con temor a todo, nuestro Señor no vino para que sigamos viviendo a puertas cerras, tanto de nuestra mente como en nuestro corazón, el vino a hacernos libres, el testimonio de libertad que nos enseño es en base al amor perfecto, 1Jn. 4,18 En el amor no hay temor. El amor perfecto echa fuera al temor, pues el temor mira el castigo. Mientras uno teme no conoce el amor perfecto.
El amor perfecto se hace presente en nuestra vida cuando amamos a Dios por sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos.
Les dijo: La paz sea con ustedes. Después de saludarlos así, les mostro las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de gozo al ver al Señor.
Cuando vivimos atemorizados una de las cosas que más deseamos es tener paz y esto es lo que nuestro Señor les da a sus discípulos.
La paz que nos da el mundo es una paz engañosa y momentánea, en cambio la paz que nos ofrece nuestro Señor Jesús, es la paz que nos devuelve nuestra confianza, en el cómo en nosotros mismos, por eso Jesús luego de desearles la paz a sus discípulos inmediatamente les mostro las manos y el costado, para que vieran que él había vencido todos los obstáculos que el mundo le puso incluyendo la muerte de esta manera se olvidaron del miedo y se llenaron de gozo.
San Pablo nos da palabras que debemos tenerlas en nuestra mente y ponerlas en práctica, para tener confianza y no perder la paz que nuestro Señor nos ha dado, Rom. 8,31 ¿Qué decir después de esto? Si Dios está con nosotros ¿Quién estará contra nosotros? Fil 4,13 Todo lo puedo en aquel que me fortalece. Rom. 8,35 ¿Quién nos separara del amor de Cristo?
Él les volvió a decir: La paz este con ustedes. Así como el Padre me envió a mí así los envió a ustedes. Dicho esto. Soplo sobre ellos: Reciban el Espíritu Santo; a quienes ustedes perdonen, queden perdonados, y a quienes no libren de sus pecados, queden atados.
Jesús vuelve a dar la paz, pero esta vez va acompañada del perdón, hay hermanos que aun estando dentro de la iglesia, no tiene la capacidad de perdonar y por eso aun diciendo ellos que tiene a Dios dentro de su corazón no tienen paz, nuestro Señor dice así como el Padre me envió a mí, es decir así como yo los he perdonado hagan ustedes lo mismo.
El que perdona de corazón es libre y está llamado a liberar a otros hermanos del pecado para que también gocen de la gracia de nuestro Señor.
Les dijo: La paz sea con ustedes. Después dijo a Tomas: Ven acá mira mis manos; extiende tu mano y palpa mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe.
Cuando nos alejamos de nuestra comunidad de hermanos que perseveran en la palabra de Dios, como lo hizo Tomas, los afanes y los problemas del diario vivir nos atemorizan y nos hacen perder la paz y caer en la incredulidad, cuando caemos en la incredulidad perdemos la fe y sin fe es imposible agradar a Dios, debemos de colocar nuestro caminar en manos del Señor, él nos dice en Jn.16,33 : ¡sean valientes! Yo he vencido al mundo.
Debemos de confiar en él Señor y dejarlo actuar y se cumplirá en nosotros la promesa que él nos dice: ¡Felices los que creen sin haber visto!

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