La Palabra meditada

La Palabra Meditada - III Domingo de Pascua - Ciclo A

San Lucas 24,13 – 35

Ese mismo día, dos discípulos iban de camino a un pueblecito llamado Emaús, a unos treinta kilómetros de Jerusalén, conversando de lo que había pasado.
Cuando nosotros nos alejamos de Jesús es natural que nuestra fe vaya disminuyendo, esto lo demuestran estos dos discípulos que se sienten defraudados porque no sucedió lo que ellos esperaban, pues con nuestra mente solo vamos a ver las cosas naturales, pero con la fe veremos siempre solo cosas sobrenaturales, muchos queremos ver estas cosas pero desde un plano meramente carnal, pero para mantener esa fe viva Ef. 4,23 nos dice: Dejen que su mente se haga más espiritual, para que tengan nueva vida.
Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se les acerco y se puso a caminar a su lado, pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.
Hay hermanos que están metidos en la iglesia y pasan escuchando la palabra de Dios, pero queriéndola entender a su manera y siguiendo con sus mismos hábitos de vida, y podrán pasar muchos años, pero de esta manera se les será imposible reconocer a nuestro Señor.
La palabra de Dios es para hacerla viva en nuestro corazón y testificarla con nuestras actitudes, porque nos ha llevado a un nuevo nivel de vida, 1P 1,23 dice: Ya que nacieron a otra vida que no viene de hombres mortales: ustedes ahora viven por la Palabra eterna del Dios que vive y permanece.
Uno de ellos, llamado Cleofás le contesto: ¿Cómo, así que tú eres el único peregrino en Jerusalén que no sabes lo que paso en estos días?
Cleofás estaba casado con María, prima hermana de Santa María Virgen, tenían ellos tres hijos, Santiago el menor, Judas Tadeo, apóstoles de nuestro Señor y José discípulo, que fue uno de los escogidos al momento de sustituir a Judas Iscariote, pero la surte cayó sobre Matías.
¿Qué paso? Pregunto Jesús. Le contestaron: Todo ese asunto de Jesús de Nazareno. Este hombre se manifestó como un profeta poderoso en obras y en palabra, aceptado tanto por Dios como por el pueblo entero.
Lo mismo nos pasa a nosotros que hemos visto a nuestro Señor actuar en obras y palabra en nuestras vidas, pero a la hora que se nos presentan los problemas, nos volvemos incrédulos, y se nos olvida todo, debido a nuestra poca fe y falta de conocimiento, debemos de tener muy claro que nuestro Señor vino al mundo para entregar su vida por cada uno de nosotros, y de esta forma reconciliarnos con Dios.
Jesús es el Mesías enviado por Dios y no un profeta y nosotros nunca nos sentimos bien cuando las cosas no ocurren como lo esperamos, pero si lo hemos aceptado como el Señor de nuestra vida, debemos de esperar siempre que haga su santísima voluntad y no la nuestra.
En ese momento se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero ya había desaparecido.
Jesús resucitado les mostro a esto dos discípulos todos los signos de lo que las escrituras decían de él, pero solo lo reconocieron al momento de partir el pan, de hacer la bendición.
Cuantos cristianos hay que solo reconocen a nuestro Señor en el momento de la eucaristía, pero no más salen de la iglesia y vuelven a su vida normal.
Nuestro Señor desea que lo reconozcamos en cada momento de nuestra vida, porque está vivo, debemos de pedirle al Espíritu Santo que nos lo siga mostrando y revelando, para testificar el amor incondicional que él tiene por cada uno de nosotros y de esta manera muchos hermanos le conozcan.

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