La Palabra meditada

La Palabra Meditada - VI Domingo de Pascua - Ciclo A

San Juan: 14, 15 – 21
Si ustedes me aman dice el Señor guardaran mis mandamientos, pues bien el Señor nos habla de sus dos mandamientos: que son Amar a Dios por sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo, es de tener en mente que, el no vino a abolir los primeros diez mandamientos, pues los diez están en estos dos, el vino a perfeccionarlos en el amor, a la palabra no se le puede quitar una tan sola coma, si nosotros tratamos de cumplir los mandamiento por pura ley, se nos hace más difícil, porque como dice la palabra, que si tengo todos los dones que el Señor me pueda regalar, pero me falta el amor nada soy.
Con el amor podemos hacer hasta las cosas más imposibles que parezcan porque Dios es amor y todo lo hizo en el amor y a nosotros nos creó a imagen y semejanza de él, para que también nosotros actuemos como él lo hace.
Nos dice que El rogara al Padre para que nos de otro intercesor que permanecerá para siempre con nosotros, y es el Espíritu de Verdad, que el mundo no puede recibir porque no lo ve ni lo conoce, pero ustedes lo conocen, porque el permanece con ustedes, y estará en ustedes.
Que maravilloso es esta promesa que nuestro Señor nos está haciendo, no estamos solos el Espíritu Santo vive dentro de nosotros, ósea que somos vasijas de barro que llevamos un tesoro dentro y la palabra dice que cuando uno encuentra un tesoro en un campo, vende todo lo que tiene para comprarlo, nos olvidamos de todos nuestros afanes y preocupaciones, empezamos a sacar todas las cosas viejas y malas que hay en nosotros y hacemos como una venta de garaje, con tal de tener ese campo y nos dedicarnos completamente a él,
Podemos estar pasando por preocupaciones, pero somos felices teniendo esa riqueza, es decir tenemos la paz en medio de la tormenta, que significado tan grande tiene esta promesa.
La palabra nos dice que nadie va al Padre si no es por nuestro Señor Jesús y nadie viene a Jesús si no es guiado por el Espíritu Santo y el no solo nos guía, también es el que actúa noche y día para apartarnos de las tentaciones y del pecado, Sal 120,3 dice: No deja que tu pie de un paso en falso, no duerme tu guardián.
El nos lleva tomado de su brazo derecho y cuida de nuestras entradas y salidas, como podemos decir que quedamos huérfanos. Con tan tremenda promesa que nos dejó, por esto es que estamos viviendo los tiempos de la tercera persona de la Santísima Trinidad.
Por tanto si tenemos al Espíritu Santo tenemos a un Cristo vivo y nosotros vivimos en el, como dice San Pablo ya no vivo yo sino más bien es Cristo quien mora en mí, por esto es necesario que yo decrezca cada día y el crezca dentro de mí.
Debemos guardar y grabar sus mandatos en nuestros corazón, pero como hablamos al principio no por ley o a la fuerza sino más bien porque cada día amo más a mis hermanos y solo amando es verdaderamente como nuestro Señor se mostrara en nosotros, si realmente deseamos de esta promesa.

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