La Palabra meditada

La Palabra Meditada -XII Domingo Ordinario - Ciclo A

San Mateo 10,26 – 33

No hay cosa oculta que no venga a descubrirse, ni secreto que no llegue a saberse.
La Verdad es luz y esta no puede esconderse, pero la verdad por ser luz, revela todo lo que está en la oscuridad, porque como dice la palabra, las tinieblas no pueden contra la luz, por eso todo lo oculto será revelado y nosotros debemos de aprender a vivir en la verdad donde quiera que estemos, porque un cristiano no ha nacido para vivir en la sombra, ha nacido para anunciar la verdad de nuestro Señor Jesucristo, que no vino a condenarnos, sino mas bien a salvarnos del mundo de las tinieblas.
No teman a los que solo pueden matar el cuerpo, pero no el alma.
El Señor nos dice que no debemos de tener miedo, por lo que hagamos o decimos a favor de la verdad, porque estamos bajo la protección y el amparo de Dios, Mt 10,19 dice: Cuando los juzguen, no se preocupen por lo que van a decir ni como tendrán que hacerlo; en esa misma hora se les dará lo que van a decir.
La palabra nos dice que si estamos con Jesús, no debemos de temer, porque en el temor no hay amor y nos salimos de la realidad de Dios, porque el temor nos hace dudar, nos hace perder la fe que depositamos en Dios, que es una de las principales armas con la que el enemigo no nos puede atacar, el Señor nos da la seguridad que hasta los cabellos de nuestras cabezas están contados, con esto nos está diciendo que nos conoce muy bien.
Al que me reconozca delante de los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en los Cielos.
Reconocer a Jesús es saber que es el Unigénito del Padre y que me vino a sacar de la oscuridad en que vivía y me restauro, pero aparte de eso reconocerlo es seguirlo, es permanecer siempre en él y comprometerme en el caminar de su santa iglesia, Mt 4,19 dice: Jesús les dijo: Síganme y los hare pescadores de hombres.
Si nosotros lo testificamos delante de los hombres, el nos da la promesa de que rogara por nosotros para que seamos reconocidos también por nuestro Padre, es decir que nada ni nadie nos podrá ya separar del amor de Dios.
Y al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negare delante de mi Padre que está en los Cielos.
No podemos decir que reconocemos a Jesús como nuestro salvador, sino estamos amando a nuestro prójimo como el nos ha dicho, porque muchos decimos que amamos a Dios, pero no ayudamos a nuestro prójimo que está necesitado, o como dice la palabra como puede decir que amo a Dios a quien no veo y no amo a mi prójimo a quien estoy viendo.
1Jn. 3,18-19 dice: Hijitos, no amemos con puras palabras y de labios afuera, sino verdaderamente y con obras. Esto nos da la certeza de que somos de la verdad y se tranquilizara nuestra conciencia delante de él.

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