La Palabra meditada

La Palabra Meditada - XIII Domingo Ordinario - Ciclo A

San Mateo 10,37 – 42

No es digno de mí el que ama a su padre o a su madre más que a mí; no es digno de mí el que ama a su hijo o a su hija más que a mí.
Seguir a nuestro Señor Jesús significa abandonarnos en él y no depender de nada, el no nos está pidiendo dejar de amar a nuestros padres o a nuestros hijos, el nos da a entender que el amor que tengamos asía el, debe de ser mayor que todo, recordemos que todo amor viene de Dios, y un regalo especial de él, son nuestros padres o nuestros hijos y el amor que podamos sentir hacia ellos vine de el mismo Dios, por tanto entre mas amamos a nuestro Señor Jesús, mas amor tendremos por nuestros familiares.
La fuente del verdadero amor es Dios y no podemos ser egoísta y conformarnos con un amor pasajero, pues el amor de Dios siempre va a permanecer.
No es digno de mi el que no toma su cruz para seguirme.
Tomar la cruz, significa no hacer nuestra voluntad, sino mas bien hacer la voluntad de Dios, obedeciéndole en todo, dejar nuestro ego de lado y decir como decía San Pablo, ya no vivo yo, sino es Cristo el que vive en mi, 2Co 5,15 dice: El murió por todos, a fin de que los que viven no vivan ya para sí mismo, sino para él, que por ellos murió y resucito.
El que procure salvar su vida la perderá, y el que sacrifique su vida por mí, la hallara.
La vida no consiste en darnos a nosotros mismos, sino más bien consiste en darnos a los demás, Jesús mismo nos dice que no vino a este mundo a servirse, sino a servir a los demás, porque dando es como recibimos, Mc 8,36 dice: ¿De que le sirve al hombre ganar el mundo entero si se pierde a sí mismo?
Tengamos cuidado de cómo vivimos, porque esta vida es pasajera, pero los que viven para Cristo Jesús, viven para la vida eterna, Pro 8,35 dice: Porque el que me encuentra, encuentra la vida: el ha recibido el favor de Yave.
El que los recibe a ustedes, a mi me recibe, y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.
Todos queremos que nos traten bien, pero preguntémonos, ¿Cómo estamos nosotros tratando a los demás? La palabra nos dice que con la medida con que medimos, seremos medidos y un cuarto mas, tratemos pues de hacer el bien que debemos, sin esperar nada a cambio, consideremos siempre a nuestro prójimo como más dignos que nosotros y tratemos siempre de ayudarlos en cuanto nos sea posible, 1P 3,8 dice: Finalmente, tengan todos un mismo sentir; compartan las preocupaciones de los demás con amor fraternal, sean compasivos y humildes.
Que no haya entre nosotros malicia en cuanto a la generosidad, porque nos hace perder la verdadera actitud de cristianos, recordemos siempre que Jesús es nuestra cabeza y a él debemos de aprender a imitar en todo.

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