Reflexión / Palabra

La oración que Jesús nos enseñó (Parte 6)

 “Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”

DIOS PerdonaEsta es la quinta de las peticiones del Padre Nuestro: “perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a quien nos ofende”. En oración, he estado pensando bastante sobre esta petición, y me doy cuenta que cuando meditamos la misma con detenimiento, nos aclara una realidad personal y humana que puede por un lado estremecernos o, como dicen algunas personas, podemos sentir que nos mueven el piso. Pero por otro lado, es una petición maestra para alcanzar libertad y paz en nuestro interior. Pero no cualquier paz, sino esa paz que sólo Dios da, la que salió de la boca de Jesús resucitado al momento que apareció a sus discípulos y les dijo “la paz esté con ustedes”. ¿Por qué esto es así?. Ya verás cómo esta petición transforma nuestro interior de forma suave pero también de forma directa y estremecedora. Te diré el  enfoque de lo que vas a leer: la primera parte de esta petición está condicionada a la segunda y ahora te puedo asegurar que la segunda también está condicionada a la primera ¿sabías?

 


La primera parte de esta petición está condicionada a la segunda: Jesús hizo un énfasis en esta petición al terminar de enseñar esta oración del Padre Nuestro, leamos “Porque si vosotros perdonáis a los demás el mal que os hayan hecho, vuestro Padre que está en el cielo os perdonará también a vosotros; pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará el mal que vosotros hacéis” Mateo 6:14-15. ¿Por qué ese énfasis? Pues sencillamente porque si nuestro deseo es ser como nuestro Padre, debemos saber que la principal esencia de él es ser Amor misericordioso. Yo me sentía feliz y cómodo pidiendo a Dios “perdona mis pecados” y decía con mi boca “como perdonamos a los que nos ofenden” pero reconozco que en mi mente acomodaba esta segunda parte a mis estados de conciencia; a veces después de decir “perdona nuestros pecados” decía en mi mente “Y perdonaré a los que me ofenden” o decía “y trataré de perdonar a los que me ofenden”, o con sutileza y suavidad completaba la petición “y ayúdame a perdonar a los que me ofenden” pero a conciencia sabia que me era difícil expresar libremente y con toda la certeza esa frase complementaria  “… como perdonamos a los que nos ofenden”. ¿Por qué? Porque perdonar no es fácil y yo se que estás de acuerdo conmigo. Y prácticamente le estamos diciendo a Dios que nos perdone porque nosotros somos misericordiosos con aquellos que nos ofenden, pero sabemos que muchas veces no es tan cierto y hay gran diferencia entre decirlo y serlo. Ese énfasis que Jesús hizo con esta petición al final, debe inquietarnos un poco: “si perdonamos a los demás, el Padre nos perdonará, si no, no”, nos debe mover el piso ¿no crees? ¿Qué difícil es para nosotros perdonar a otros, cierto? A veces nos ofendemos y dejamos sin perdonar cosas hasta sin sentido. ¿Quién nunca se ha sentido ofendido? ¿Quién nunca ha sido ofendido por una persona especialmente cercana, un esposo, una esposa, un hijo, una hija, un padre, un tío, un mejor amigo, etc.? Pienso que todos hemos sido ofendidos y algunos hasta fuertemente ofendidos. Entonces, ¿Por qué Jesús nos enseñó a decir esta petición en forma condicionada? Lo hizo para que nos demos cuenta de lo importante que es aprender y saber perdonar. Pues, si nuestro objetivo es ser como nuestro  Padre, el ser misericordioso es una de sus mayores esencias. ¿Por qué he comenzado hablándote de la segunda parte de la petición? Primeramente por esa condición clara que Jesús nos dice y de la cual debemos estar conscientes y también porque sé por experiencia lo difícil que es perdonar las ofensas de otros. Cuando le preguntaron a Jesús cuantas veces hay que perdonar ¿siete? Jesús contesto “hasta setenta veces siete”. Todas las veces que eres ofendido debes tener la capacidad de perdonar. ¿Qué exigente es Jesús cierto? ¿Qué altas son sus expectativas para nosotros? Así es, las exigencias del maestro son altas, pero hoy te puedo prometer que no es inalcanzable y te daré la clave para lograrlo ahora mismo.


¿Recuerdas que te dije que la segunda parte de esta petición también está condicionada a la primera? Acabamos de ver de qué forma la primera está condicionada a la segunda, ahora veremos como la segunda también está condicionada a la primera pues esta es precisamente la clave. Todos somos humanos, nadie de nosotros podrá tener esa capacidad perfecta de perdonar como nos exige el maestro si no comprendemos la primera frase de esta petición “perdona nuestras ofensas”. Te lo explicaré: tu y yo jamás vamos a poder decir libremente y con la conciencia tranquila la frase “como nosotros perdonamos a quien nos ofende” si no decimos conscientemente la primera frase “perdona nuestras ofensas”. Esta es la clave que te va a ayudar, como me ha ayudado a mí, a perdonar cualquier ofensa. La clave: Jesús nos enseñó a decir primeramente “perdona nuestras ofensas” para que nos demos cuenta que, antes que nada, son nuestras ofensas las que necesitan ser perdonadas y son nuestras ofensas las que le duelen más a Dios, más que las del prójimo, son mis ofensas personales, no las del otro, son mis ofensas las que me separan de Dios, soy YO el que necesita misericordia y perdón. Todos necesitamos misericordia de Dios, nadie está libre de pecado. Cuando no podemos perdonar a otros es porque nos sentimos a nosotros mismos libres de pecado, nos sentimos santitos. Cuando nos sentimos así, Jesús nos dice “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Cuando nos damos cuenta que nosotros somos los primeros que necesitamos misericordia y que Dios nos ha perdonado, entonces se nos hace más fácil ser misericordiosos con otros. Nadie puede perdonar si no se siente a si mismo perdonado antes. La capacidad de perdonar va a crecer en nosotros cuando veamos la misericordia que Dios tiene con nosotros mismos día a día y cómo nos perdona cada falta que cometemos. El pecado que te separa de Dios NO es el de tu prójimo, es el tuyo, es el mío. “Perdona nuestros pecados”, Padre ten misericordia de mi que soy un pecador. “Como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”, como yo he recibido misericordia, puedo dar misericordia. Esta es la clave para hacer esta petición libre y conscientemente y para lograr alcanzar las exigencias del maestro. La segunda también está condicionada a la primera.


Es por eso que esta petición nos puede estremecer al decirla conscientemente, pero el objetivo esencial es darnos una libertad y paz interior que no puede ser explicada. ¿Te has preguntado por qué Jesús dijo “las prostitutas irán delante de ustedes al reino de los cielos”?. ¿Por qué? Pienso que es porque al recibir la gracia y ser perdonadas, ellas saben que han recibido un gran perdón y una gran misericordia, pues tienen la conciencia de su pecado grande y les ayuda a tener misericordia con otros, les impide el juzgar al prójimo porque ven su propio pecado peor que el de los demás y se hacen realidad esas otras palabras de Jesús “con la misma vara que midas, serás medido”. Porque recibimos misericordia daremos misericordia, porque damos misericordia recibiremos misericordia. Nosotros no podemos perder la conciencia de nuestro pecado, pequeño o grande, cuando perdemos la conciencia de pecado en nosotros, perdemos la capacidad de perdonar y se nos hace fácil juzgar y señalar a otros, sus errores, sus debilidades, sus imperfecciones; así no somos libres interiormente, no tenemos paz y vivimos irritados y cualquier cosa que nos ofenda nos quita la poca paz que podamos experimentar diariamente. Solamente concientizándonos de nuestro pecado tendremos esa libertad, perdonaremos a otros más fácilmente, dejaremos de juzgar las debilidades de nuestro prójimo porque podremos ver las nuestras claramente. Esta petición nos da una libertad y paz interior. No es para alarmarnos ni preocuparnos, sino para permitir a Dios seguir obrando su santidad en nosotros. Eso es lo que queremos, ser santos y santas, ser como nuestro Padre del cielo que es infinitamente rico en misericordia y Amor. “Padre perdónanos como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

 
Dios te bendiga

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