Reflexión / Palabra

La Palabra meditada. 13ª Semana Tiempo Ordinario. Ciclo C.

San Lucas 9,51 – 62

Como ya se acercaba el tiempo en que sería llevado al cielo, emprendió resueltamente el camino a Jerusalén.
Actualmente cada uno de nosotros debemos de saber si nos estamos preparando, para que podamos entrar a esa Jerusalén celestial, (Apo. 21,2) pues en ella solo entraran, los santos del Señor, el pueblo realmente escogido.
 Los discípulos al no recibir acogimiento en el pueblo samaritano, Santiago y Juan le dicen al Señor:

¿quieres que mandemos a bajar fuego del cielo que los consuma?

En la carne nosotros nos olvidamos de que estamos con Jesús y lo único que se nos ocurre es venganza, rencores y odio, que es una de las razones de él porque no hay paz en el mundo, pues todo lo queremos resolver con violencia, en cambio cuando estamos en la vivencia espiritual, ocurre todo lo contrario, nos llenamos de paz, de fuerza para perdonar, sobre todo recordar que uno de los mandamientos que nos dejó nuestro Señor es el de amar a nuestro prójimo, leer Lc. 6,27-29 Te seguiré adondequiera que vayas. Jesús le respondió: los zorros tienen madrigueras y las aves del cielo tienen sus nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene donde descansar su cabeza.{jcomments on}

 Esta persona cree en Jesús y está dispuesto a seguirle incondicionalmente, Jesús le da a entender que para anunciar el evangelio no hay descanso, y el en su obediencia al Padre a eso vino a este mundo, nuestro Señor desea a personas como estas, pero que a su vez sepan que no es nada fácil, como cuando arrestaron a nuestro Señor, tanto apóstoles como discípulos desaparecieron, esto solo lo podemos lograr con la gracia de Dios, que nos mantenga firmes en nuestra fe, y así podamos seguir a nuestro Señor, porque solo con él es que todo se vuelve posible.
Sin el ánimo de ofender a nadie, muchos ahora se hacen llamar apóstoles, profetas, pero a su manera y no a la manera que nuestro Señor quiere, como vemos los apóstoles cuando llegaron a comprender realmente a nuestro Señor Jesucristo, se negaron a ellos mismos hasta el punto de entregar sus vidas, con el único propósito de anunciar el evangelio.

A otro le dijo: Sígueme. Este le contesto: Deje que vaya y pueda primero enterrar a mi padre. Pero Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; pero tú tienes que salir a anunciar el Reino de Dios.
Este personaje no es que quiera seguir a Jesús, sino que Jesús le da la orden de seguirlo, pero el para seguirlo primero desea hacer su voluntad, no es lo que nosotros decíamos hacer primero y decir ya estoy preparado en todo, hoy si puedo seguirte Señor como tú me lo pediste, es entrar en obediencia y decir quiero primero hacer tu voluntad Señor, como nos dice:  Lc. 1,38 Dijo María: Yo soy la servidora del Señor; hágase en mi lo que has dicho.
Te seguiré, Señor, pero permíteme que me despida de los míos. Jesús entonces le contesto: Todo el que pone la mano al arado y mira para atrás, no sirve para el Reino de Dios.

Esto nos da a entender que el amor por Jesús y  el Reino de Dios debe ser mucho más grande que el amor que sintamos por nuestra familia, por eso él nos dice en Mt 10,37-38 No es digno de mí el que ama a su padre o a su madre más que a mí; no es digno de mí el que ama a su hijo o a su hija más que a mí. No es digno de mí el que no toma su cruz para seguirme.

 

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