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La Palabra Meditada - XVI Domingo Ord - Ciclo A

San Mateo 13, 24 – 43
Al referimos al Reino de los Cielos, nos refiriendo a la vida en el espíritu, pues el cuerpo, fue hecho del polvo y a este a de regresar.
La palabra nos dice que un hombre sembró una buena semilla en su campo, este es el Hijo del Hombre.
Jesús ha sembrado su palabra, en todos aquellos hermanos que han dicho un si, como lo dijo María, hágase en mí según tu palabra.
Estamos en este mundo y no debemos de creer que como estamos con el Señor y hemos sido bautizados, el diablo no podrá tentarnos, él es el amo de este mundo y tratara de hacer hasta lo imposible por romper nuestra relación con Dios, por eso la palabra nos dice que vino a sembrar su maleza en medio del trigo mientras estaban dormidos.
El diablo coloca a su gente junto a nosotros para confundirnos y de esta forma pretende que crezcamos juntos y actuemos como ellos.
Mantengámonos despiertos, porque el diablo anda como un león rugiente, viendo donde están nuestras debilidades para atacarnos, hay que perseverar cada día más en la palabra del Señor y estar con la ropa de trabajo puesta. Para librarnos de las acechanzas de Diablo.
Llegará el momento que, produciremos frutos aun en medio de nuestros enemigos, así como dice la palabra que cuando el trigo estaba echando espigas apareció la maleza, podemos crecer y vivir juntos, pero cuando la cosecha este lista, los ángeles del Señor no nos confundirán con la maleza.
Muchos se preocupan cuando se habla del fin del mundo, pero nosotros somos del Reino de los Cielos y si caemos reconocemos nuestro error y nos levantamos porqué ahora que le conocemos confiamos en el.
Un ladron que estaba en la cruz junto a Jesús, También pertenecía al Reino, porque lo reconoció y se arrepintió y el Señor le dijo te aseguro que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso.
El grano de mostaza: es un granito tan pequeño pero cuando comienza a crecer se apropia de todo lo que la tierra le da hasta convertirse en un gran arbusto, el Señor nos dice en su palabra que al Reino de los Cielos, solo entraran los más pequeños, porque les serán revelados todos sus secretos, y estos pequeños pasan a ser los más grandes, ellos anidan, y dan sombra y protección a los hijos del Reino.
También nos habla que el Reino de los Cielos, es semejante a la levadura que toma una mujer y la mezcla con tres medidas de harina, hasta que toda fermenta.
Que es en si la levadura: pues es un microbio de origen casi vegetal, que se ha utilizado durante mucho tiempo, para la elaboración del pan y la cerveza, La palabra de Dios con la venida de nuestro Señor Jesús se ha fermentado como la levadura, por eso nosotros con la ayuda del Espíritu Santo debemos de anunciarla a tiempo y a destiempo y tratar de que muchos hermanos acepten y crean en nuestro Señor Jesucristo como su Señor y Salvador.

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La Palabra Meditada - XV Domingo Ord. - Ciclo A

San Mateo 13, 1 -23

Nosotros en la vida nos dedicamos a sembrar, y de acuerdo a lo que sembremos eso es lo que vamos a cosechar, pero también nuestro Padre celestial quiere sembrar su semilla en nuestras vidas, y aunque él nos creo, no ha sido egoísta en querernos solo para él, nos ha permitido que cada uno pueda escoger su propio camino.
Queda en nosotros el camino que deseemos tomar, por eso esta palabra es para aquellos que tienen su corazón y mente abierta al Espíritu Santo.
La semilla que cayó a la orilla del camino, es cierto que muchos de nosotros asistimos a reuniones donde se nos habla de la palabra, pero nuestro problema es que solo oímos y no escuchamos es decir que al oír estamos pendientes de todo, al solo ser oidores la palabra no es una prioridad en nuestras vidas, y esto permite que el mal la arranque con facilidad.
Pero al escuchar bien, esta se va gravando en nuestra mente y corazón.
La semilla que cayó entre las piedras, es muy difícil que algo se grave en nuestro corazón, si este es tan duro como una piedra, podremos escuchar palabra, pero nuestro corazón no se hace dócil ante ella, la semilla puede caer en una roca, pero le es muy difícil echar raíz, entonces lo que llega a crecer se seca rápidamente.
Nosotros podemos ser como estos dos tipos de semilla, la que cayó a la vara del camino, como la que cayó entre las piedras, porque siempre nos consideramos buenas personas y podemos hablar muy bonito de Dios, con un único detalle, nuestro testimonio de vida no da fruto, cuando esto ocurre corremos el riesgo de ser cortados, Lc.13, Mira, hace tres años que vengo a buscar higos a esta higuera, pero nunca encuentro nada. Córtala, pues no sirve más que para agotar la tierra.
La semilla que cayó entre los espinos, el tanto afán y el apego a las cosas de este mundo no dejan que la semilla de la palabra entre a nuestros corazones, nos preocupamos por las cosas visible, y no por las invisibles que son las espirituales, que son el alimento verdadero, palabra se ahoga y no podremos dar fruto, Mt 6,34 dice: Ni se preocupen por el día de mañana, pues el mañana se preocupara de sí mismo. Basta con las panas del día.
La semilla que cayó en tierra buena, nos dice que no solo basta con escuchar la palabra, debemos meditarla y ponerla en practica, para producir frutos dependerá del gran empeño, que realicemos por trabajar para el Reino de Dios.
La parábola de los talentos nos dice, que al primer y al segundo hombre que se les dio los talentos, estos hicieron negocios y los multiplicaron, esto es lo bonito, que cuando estamos en los negocios de nuestro Señor, nunca perdemos porque siempre seremos vencedores, él nos dará la fuerza y la fortaleza, para seguirlo siempre.

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La Palabra Meditada - XIV Domingo Ord- Ciclo A

San Mateo 11, 25 – 30

Nuestro Señor da gracias al Padre, por mantener ocultas esta cosas a los sabios y prudentes.
En el tiempo de Jesús los sabios eran los fariseos, que eran los que enseñaban sobre las leyes que Dios le dio a Moisés y los prudentes eran los que aprendían al pie de la letra, ellos despreciaban a los pecadores e ignorante y no aceptaban las enseñanzas de Jesús, que era con el tipo de gente que nuestro Señor Jesús se relacionaba.
Ellos ya tenían elites de enseñanzas, entre ellos están: Los escribas, los maestros de la ley o doctores, la casta sacerdotal, por eso Jesús hablaba de ellos en parábolas diciendo, porque cuando miran no ven y cuando oyen, no escuchan ni entienden.
Recordemos que la sabiduría de los hombres es necedad para Dios, es decir que entre más grande me considero ante los demás, más pequeño soy ante los ojos de Dios, por eso la palabra nos dice que el que se ensalce será humillado y el que se humille será ensalzado.
No tratemos de aparentar lo que no somos, porque hay muchos hoy en día que se auto denominan apóstoles o profetas, nuestro Señor nos desea humildes y dispuestos a seguirle, pues como dice su palabra, Somos servidores que no hacíamos falta; solo hicimos lo que debíamos hacer.
Los sencillos son aquellos que no tienen, ninguna malicia en su corazón, se les nota su bondad y generosidad hacia los demás y están exclusivamente al servicio de nuestro Señor, a ellos se les fueron revelados los secretos, ósea los misterios del reino de los Cielos.
Un ejemplo de sencillez son los niños, y nuestro Señor nos llama a volvernos como niños.
Jesús nos dice: vengan a mí los que se sienten cargados y agobiados, porque yo los aliviare, cuantas veces nos sentimos cansados y fatigados, física y mentalmente, debido al enorme estrés que pasamos a diario, esto hace que cada vez tengamos menos tiempo para nuestro Señor y por tanto menos fe. Queda en nosotros si queremos descansar en el Señor, si deseamos hacer un alto y poner todas las cosas en orden.
El Señor nos dice: Carguen con mi yugo y aprendan de mí que soy paciente de corazón y humilde, cargar con el yugo es abandonarnos en las manos de Jesús y como dice la canción, esperaremos pacientemente, aunque la duda nos atormente, no confiamos con la mente, porque lo hacemos con el corazón, aprendamos a confiar en él y démosle el control de nuestra vida.
El Señor dice: Nadie conoce al Hijo, sino el Padre y nadie conoce al Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiero dárselo a conocer, pareciese que conocer al Padre no es para todo, solamente para los que nuestro Señor quiere mostrarlo, hay que reconocer, que no somos nosotros los que buscamos a Jesús, es él quien nos busca, Ap. 3,20 dice: Mira que estoy a la puerta y llamo, si alguien escucha mi voz y me abre entrare a su casa a comer, Yo con él y el conmigo.
Ósea que si no le abrimos, ni lo escuchamos, como entonces pretenderemos, conocerle a él y mucho menos al Padre, es nuestra decisión si le abrimos la puerta al Señor, para tener ese alimento que nos dará vida no solo para este mundo, sino que también para la eternidad.

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La Palabra Meditada - XIII Domingo Ordinario - Ciclo A

San Mateo 10,37 – 42

No es digno de mí el que ama a su padre o a su madre más que a mí; no es digno de mí el que ama a su hijo o a su hija más que a mí.
Seguir a nuestro Señor Jesús significa abandonarnos en él y no depender de nada, el no nos está pidiendo dejar de amar a nuestros padres o a nuestros hijos, el nos da a entender que el amor que tengamos asía el, debe de ser mayor que todo, recordemos que todo amor viene de Dios, y un regalo especial de él, son nuestros padres o nuestros hijos y el amor que podamos sentir hacia ellos vine de el mismo Dios, por tanto entre mas amamos a nuestro Señor Jesús, mas amor tendremos por nuestros familiares.
La fuente del verdadero amor es Dios y no podemos ser egoísta y conformarnos con un amor pasajero, pues el amor de Dios siempre va a permanecer.
No es digno de mi el que no toma su cruz para seguirme.
Tomar la cruz, significa no hacer nuestra voluntad, sino mas bien hacer la voluntad de Dios, obedeciéndole en todo, dejar nuestro ego de lado y decir como decía San Pablo, ya no vivo yo, sino es Cristo el que vive en mi, 2Co 5,15 dice: El murió por todos, a fin de que los que viven no vivan ya para sí mismo, sino para él, que por ellos murió y resucito.
El que procure salvar su vida la perderá, y el que sacrifique su vida por mí, la hallara.
La vida no consiste en darnos a nosotros mismos, sino más bien consiste en darnos a los demás, Jesús mismo nos dice que no vino a este mundo a servirse, sino a servir a los demás, porque dando es como recibimos, Mc 8,36 dice: ¿De que le sirve al hombre ganar el mundo entero si se pierde a sí mismo?
Tengamos cuidado de cómo vivimos, porque esta vida es pasajera, pero los que viven para Cristo Jesús, viven para la vida eterna, Pro 8,35 dice: Porque el que me encuentra, encuentra la vida: el ha recibido el favor de Yave.
El que los recibe a ustedes, a mi me recibe, y el que me recibe a mí, recibe al que me envió.
Todos queremos que nos traten bien, pero preguntémonos, ¿Cómo estamos nosotros tratando a los demás? La palabra nos dice que con la medida con que medimos, seremos medidos y un cuarto mas, tratemos pues de hacer el bien que debemos, sin esperar nada a cambio, consideremos siempre a nuestro prójimo como más dignos que nosotros y tratemos siempre de ayudarlos en cuanto nos sea posible, 1P 3,8 dice: Finalmente, tengan todos un mismo sentir; compartan las preocupaciones de los demás con amor fraternal, sean compasivos y humildes.
Que no haya entre nosotros malicia en cuanto a la generosidad, porque nos hace perder la verdadera actitud de cristianos, recordemos siempre que Jesús es nuestra cabeza y a él debemos de aprender a imitar en todo.

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La Palabra Meditada -XII Domingo Ordinario - Ciclo A

San Mateo 10,26 – 33

No hay cosa oculta que no venga a descubrirse, ni secreto que no llegue a saberse.
La Verdad es luz y esta no puede esconderse, pero la verdad por ser luz, revela todo lo que está en la oscuridad, porque como dice la palabra, las tinieblas no pueden contra la luz, por eso todo lo oculto será revelado y nosotros debemos de aprender a vivir en la verdad donde quiera que estemos, porque un cristiano no ha nacido para vivir en la sombra, ha nacido para anunciar la verdad de nuestro Señor Jesucristo, que no vino a condenarnos, sino mas bien a salvarnos del mundo de las tinieblas.
No teman a los que solo pueden matar el cuerpo, pero no el alma.
El Señor nos dice que no debemos de tener miedo, por lo que hagamos o decimos a favor de la verdad, porque estamos bajo la protección y el amparo de Dios, Mt 10,19 dice: Cuando los juzguen, no se preocupen por lo que van a decir ni como tendrán que hacerlo; en esa misma hora se les dará lo que van a decir.
La palabra nos dice que si estamos con Jesús, no debemos de temer, porque en el temor no hay amor y nos salimos de la realidad de Dios, porque el temor nos hace dudar, nos hace perder la fe que depositamos en Dios, que es una de las principales armas con la que el enemigo no nos puede atacar, el Señor nos da la seguridad que hasta los cabellos de nuestras cabezas están contados, con esto nos está diciendo que nos conoce muy bien.
Al que me reconozca delante de los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en los Cielos.
Reconocer a Jesús es saber que es el Unigénito del Padre y que me vino a sacar de la oscuridad en que vivía y me restauro, pero aparte de eso reconocerlo es seguirlo, es permanecer siempre en él y comprometerme en el caminar de su santa iglesia, Mt 4,19 dice: Jesús les dijo: Síganme y los hare pescadores de hombres.
Si nosotros lo testificamos delante de los hombres, el nos da la promesa de que rogara por nosotros para que seamos reconocidos también por nuestro Padre, es decir que nada ni nadie nos podrá ya separar del amor de Dios.
Y al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negare delante de mi Padre que está en los Cielos.
No podemos decir que reconocemos a Jesús como nuestro salvador, sino estamos amando a nuestro prójimo como el nos ha dicho, porque muchos decimos que amamos a Dios, pero no ayudamos a nuestro prójimo que está necesitado, o como dice la palabra como puede decir que amo a Dios a quien no veo y no amo a mi prójimo a quien estoy viendo.
1Jn. 3,18-19 dice: Hijitos, no amemos con puras palabras y de labios afuera, sino verdaderamente y con obras. Esto nos da la certeza de que somos de la verdad y se tranquilizara nuestra conciencia delante de él.

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La Palabra Meditada - Corpus Cristi - Ciclo A

San Juan 6,51 – 59

En verdad les digo: si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no viven de verdad.
Las palabras que nuestro Señor les dice a los judíos, son la esencia de lo que significa ser cristiano, muchos nos llamamos cristianos, porque solo oímos de Jesús y con eso nos conformamos, sin cambiar nuestra manera de vivir, pero comer la carne y beber la sangre de Jesús no es fácil, porque debemos de hacer lo que él nos manda, como el hecho de amar sin esperar nada a cambio, perdonar, poner la otra mejilla, no juzgar, dejarlo todo, cargar con nuestra cruz de cada día, pero sin renegar de ella, negarse a uno mismo y así como estas palabras que nos dice nuestro Señor, hay muchas más en la sagrada biblia, pero también nos dice la manera de cómo lo podemos lograr.
Muchos escudriñan la palabra de Dios, buscando un interés propio y muestran un cristianismo fácil, 1Jn. 4,1 dice: Queridos míos, no se fíen de cualquier inspiración. Examinen los espíritus para ver si viene de Dios, porque muchos falsos profetas andan por el mundo.
Nuestro Señor nos llama a vivir de la verdad, Pro 8,7-8 nos habla así: Sepan que de mi boca sale la verdad y mis labios no se prestan a nada malo. Todas mis palabras son acertadas, ningún engaño, nada de torcido.
Y es que vivir en la verdad significa vivir en Jesús, porque él nos dice en Jn. 14,6 Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie viene al Padre sino por mí.
Por eso si estamos con Cristo, no podemos andar a medias, 1Jn.1,6 Si decimos que estamos en comunión con él mientras andamos en tinieblas, somos unos mentirosos y no andamos conforme a la Verdad.
A los que vivimos en la Verdad Jesús nos llama discípulos Jn. 8,31-32 Jesús dijo entonces a esos judíos que creían en él: Ustedes serán mis verdaderos discípulos si guardan siempre mi palabra; entonces conocerán la Verdad, y la Verdad los hará libres.
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mi, y yo en el. La palabra permanecer significa quedarse, vemos como hermanos, han estado en el caminar, pero que por las circunstancias de la vida se retiran, y por lo general a los que quedamos nos da tristeza, que se vallan, pero la palabra dice en 1 Jn. 2,19 Ellos salieron de entre nosotros mismos, aunque realmente no eran de los nuestros. Si hubieran sido de los nuestros, se habrían quedado con nosotros. Al salir ellos, vimos claramente que entre nosotros no todos eran de los nuestros.
Decimos que permanecemos en Cristo, cuando inseparablemente estamos ligados a él en todas las áreas de nuestra vida, porque en él está todo el amor y la plenitud de Dios y solo en el podemos producir frutos de vida en el espíritu, Jn. 15,7 dice: Si se quedan en mi, y mis palabras permanecen en ustedes, todo lo que deseen lo pedirán, y se les concederá.
El que come de este pan vivirá para siempre. Dios es un Dios de vivos y no de muertos y la Verdadera vida está en nuestro Señor Jesucristo, en aceptar que el murió en la cruz por cada uno de nosotros, para reconciliarnos con Dios y vivir para siempre en su Reino de Amor y Justica.

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