Reflexión / Palabra

Honduras, coyuntura y perspectivas

Síntesis de la situación nacional.

Honduras en el 2012 mantiene una transición lenta, conflictiva y poco concertada a su estabilización institucional y social interna. La polarización política de hace tres años se ha atenuado, pero amenaza con resurgir bajo nuevos argumentos ideológicos en la campaña electoral del 2013, que incluye la participación de nueve organizaciones políticas, entre ellas Libre (Libertad y Refundación), brazo político de la “resistencia”.

Dos procesos electorales politizan prematuramente a Honduras. Las elecciones primarias e internas (noviembre 2012) y las elecciones generales (noviembre 2013). En las primarias (aspirantes a cargos de elección popular) e internas (control de las estructuras de partido) participan únicamente los partidos Nacional, Liberal y Libre.El resultado en cada uno será decisivo para determinar su futuro inmediato. En el caso del Partido Nacional el candidato oficialista es el presidente del Congreso, Juan Orlando Hernández. Una eventual derrota de Hernández generaría dos consecuencias inmediatas: una mayor derechización de su partido y el debilitamiento del poder del Presidente Lobo, cuando aún le resta un año de gestión. En caso de que Hernández triunfe, su alianza con Lobo se mantendría, lo que puede implicar cierta continuidad a sus prácticas gubernamentales.

En el Partido Liberal, un eventual triunfo de Yani Rosenthal puede significar un cambio en la dirección interna que marque el inicio del proceso de reemplazo de los liberales de extrema derecha que protagonizaron el Golpe de Estado. En contraste, una victoria de Villeda Bermúdez consolidaría por un período más a ese sector. Entre los escenarios posibles un eventual triunfo en las primarias de Álvarez y Villeda Bermúdez dejaría al bipartidismo con un solo discurso y la posibilidad inminente de una campaña electoral sumamente agresiva, basada en el antagonismo ideológico con Libre, el partido de Manuel Zelaya Rosales.

Por su parte, en Libre el control se lo disputa un ala liberal y otra que se considera a sí misma como de izquierda. Una posibilidad a partir de las urnas es que es que Libre se liberalice aún más en sus estructuras de dirección, lo cual, como hipótesis, puede dar la oportunidad de que logre en 2013 un caudal electoral significativo para ser su primera participación, pero a costa de que, al margen del discurso radical para las gradas, en esencia su práctica y contenidos no difiera sustancialmente de sus adversarios.

El resto de partidos políticos permanece aún en hibernación, excepto Unificación Democrática que en una jugada inesperada también hizo presente su propaganda en esta elección, pese a que no participa oficialmente en la misma. Lo curioso de la propaganda de UD es que anuncia candidatos a cargos de elección popular sin explicar cómo fueron electos o quién los seleccionó.

Lo que está en disputa en estas elecciones primarias e internas es de tal magnitud que marcará mucho el rumbo de los comicios generales. ¿Cómo quedará cada uno de los tres partidos políticos después de la votación? ¿Unido?, ¿Fraccionado? ¿Trabajarán los perdedores por los ganadores? ¿Habrá conciencia de lo vacía y costosa que fue esta campaña para reorientar la siguiente? Son preguntas para las cuales todavía no hay respuesta.

En todo caso, el reto es que la ciudadanía organizada rescate del control total de los políticos el proceso electoral y presione a favor de contenidos y propuestas racionales para que el país no termine de hundirse y evitar que la campaña electoral sea altamente ideologizada, confrontativa, violenta y con víctimas innecesarias que jamás serán resucitadas por sus dirigentes.

Cambiar o incidir en el rumbo actual de la política es fundamental porque estas elecciones tienen lugar en un contexto nacional en el cual la crisis estructural se ha profundizado y la burocracia estatal cada vez muestra su incapacidad para asumir las responsabilidades públicas que le corresponden. La crisis interminable de salud y educación prueba un doble colapso institucional: el de las estructuras de gobierno y también de las organizaciones sociales que actúan dentro de la administración pública. La auditoría interna al Hospital Escuela hecha por la UNAH confirma que tan corruptos han sido las autoridades nombradas por el Ministerio de Salud como los gremios de empleados. Ambas partes son co-responsables de un desastre humanitario que cuesta centenares y posiblemente miles de vidas de hondureños y hondureñas a quienes se irrespeta su derecho a la salud.

Para diversos analistas, la herencia histórica de la corrupción, el clientelismo y el caudillismo es tan perniciosa en el Estado que pareciera no haber salidas viables a los retos estratégicos y a los inmediatos. ¿Cómo logrará el gobierno, por ejemplo, cumplir sus obligaciones financieras internas e internacionales? No se sabe. . El panorama de insolvencia en el 2012 supera en mucho respecto al 2011. Fuentes oficiales admiten que cada mes las cuentas nacionales cierran en rojo. De hecho, la gestión económica de Lobo no pasó el examen del FMI. El incumplimiento de sus compromisos impidió la renovación de un acuerdo bilateral (que también se percibe difícil de alcanzar en 2013).

En términos generales, la degradación de las condiciones políticas generales de Honduras la marca la exacerbación de la crisis económica; más aguda de lo esperado. La crisis expone la falta de respuesta gubernamental a las debilidades estructurales relacionadas con el bajo crecimiento, dependencia económica de recursos externos y deficiente gestión tributaria, afectada con un cuadro generalizado de exenciones y por la renuencia del empresario para tributar. Reportes oficiales muestran que sólo dos de los 18 departamentos tributan al fisco (Francisco Morazán y Cortés). El resto es simbólico.

 

Apuntes adicionales de la economía

Es importante subrayar en el balance 2012 que el impacto provocado por el alza internacional de materias primas estratégicas, el manejo interno de gestión fiscal, la creciente inseguridad y la conflictiva política interna, repercutió en una contracción de la actividad económica general del país. Los proyectos grandes y pequeños de inversión nacional e internacional están en suspenso.

El incumplimiento de los compromisos de Honduras con el Fondo Monetario Internacional (racionalizar el gasto público para alcanzar la meta de déficit fiscal neto negociada para 2011, equivalente a -3.5% del PIB, el desacuerdo en la devaluación de la moneda, la perdida de reservas internacionales, la resistencia a elevar las tasas de interés a los préstamos) impidió la renovación de un acuerdo bilateral. En números simples, la administración central se comprometió a lograr un déficit de 11,275 millones de lempiras, pero al 31 de diciembre pasado esa cifra fue superior en 1,456 millones, o sea que totalizó 12,731 millones de lempiras en cifras globales.

Bajo esas circunstancias Honduras vive una intensa carrera de endeudamiento externo e interno, y atrasos crecientes en el pago de la interna. Informes del Banco Central de Honduras señalan que la deuda externa hondureña puede ascender a cinco mil millones de dólares al final del presente año. Honduras recibió desembolsos de deuda externa por

un monto de 693.5 millones de dólares en los primeros cinco meses de 2012, de los que 458.6 millones correspondieron a préstamos concedidos al sector privado hondureño y el resto a la administración pública.

Sí la deuda externa es preocupante, lo es más la deuda interna, con plazos más cortos de pago e intereses más altos. En el 2011 equivalía al 44% de la deuda total y al 15% del PIB, según el BCH. Analistas del Fosdeh (Foro Social de Deuda Externa y Desarrollo de Honduras) sostienen que la deuda interna se halla en torno al 50% del PIB. Se estima que para fines de año los atrasos en el pago de la deuda interna sumarán 15,000 millones de lempiras. Preguntas que dejará el año: ¿Podrá alcanzar un nuevo acuerdo Honduras con el FMI con un déficit fiscal entre 4.5% y 5.5% y en un marco de inestabilidad política electoral?, ¿Se podrán resolver los problemas de liquidez del gobierno y tomar control de la deuda interna? ¿Qué efecto tendrán sobre el equilibrio fiscal las próximas elecciones primarias y generales (2012 y 2013) que en conjunto representarán un gasto superior a los mil millones de lempiras?

En perspectiva, resistir la presión política en el gasto, sobre todo al encarar los nuevos procesos políticos, será clave para el éxito de la inevitable negociación con los organismos multilaterales y para la salud financiera del Estado. Es evidente que el país carece de consenso sobre el manejo de su política económica; incluso hay dudas de sí existe esa política. De hecho, el Congreso Nacional toma decisiones políticas que afectan claramente a la economía. El debate sobre las ciudades modelo o “charter cities” es un buen ejemplo de ello.

Obviamente, las soluciones tampoco son fáciles: la economía hondureña es pequeña, abierta y altamente dependiente de países desarrollados (comercio, crédito y remesas), con alta vulnerabilidad a las alzas de precio en materias primas (combustibles) y desastres naturales, y sus principales rubros están bajo control de una élite voraz e insolidaria.

Una consecuencia previsible en este año fue el agravamiento de las condiciones de desigualdad y pobreza. De hecho, uno de los secretos estadísticos guardados por el gobierno es que en el 2012 la pobreza y la extrema pobreza aumentaron alrededor de 4% respecto a 2011. La pobreza adquiere mayor dramatismo cuando se desagrega, de tal manera que los datos muestran que es mayor en las áreas rurales y que en esas áreas hay sectores más afectados que otros. Entre los campesinos que viven en laderas de las montañas se calcula 92%-94% de pobreza/indigencia.

 

Apuntes adicionales sobre lo social

La inequidad persiste como la fuente de muchos problemas sociales. Las desigualdades tienen una estrecha relación con el logro educativo, acceso a posiciones de poder y de decisión de la sociedad, el incremento de la violencia social y la capacidad o incapacidad de una sociedad de lograr mayores niveles del bienestar para cada uno de sus miembros. Desde este punto de vista, en el 2012 persistió la ausencia de políticas públicas de equidad para mejorar el acceso a oportunidades de la mayoría de la población. Las estadísticas del PNUD indican que 68.9% de la población hondureña vive debajo de la línea de pobreza. La situación de vida es peor para los sujetos más vulnerables, como los campesinos que habitan en las laderas de las montañas y la mayoría de los hogares encabezados por mujeres.

Siguiendo la tendencia de años anteriores, en el 2012 las brechas de la inequidad en lugar de disminuir, se ensanchan. El nivel de inequidad económica medido por el coeficiente Gini aumenta año con año. Paradójicamente, los pobres pagan 41% de sus ingresos en impuestos, mientras que los adinerados apenas pagan 19%. Bajo esas

circunstancias, aumenta la imagen del empresario como explotador y ajeno al interés nacional, pero también se refuerza la imagen de un movimiento social débil, fragmentado y propenso a la corrupción y al clientelismo político.

En el 2012 se marca uno de los períodos más débiles de la organización social hondureña, especialmente entre el campesinado, pese a la beligerancia agrarista en el Aguán (nor-oriente del país). La mayoría de las grandes organizaciones campesinas desaparecieron, perdieron su escasa autonomía o tienen tan débil presencia que no se advierten. Por su parte, del movimiento obrero y gremialista se mantienen las limitantes generales que le han sido observadas, entre ellas el desfase de su dirigencia, tolerancia ante la corrupción, pérdida de autonomía ante la política, conservadurismo para proponer cambios y su tendencia a potenciar la denuncia con poca capacidad propositiva.

En el tema educativo, el año fue prácticamente perdido, con una confrontación permanente entre el gobierno/Secretaría de Educación y los gremios. La disposición al conflicto es de ambas partes. Ante las acometidas del ministro del ramo, los dirigentes magisteriales responden que “no hay problema, la guerra y el pleito nos gusta” (expresión de un dirigente magisterial en La Voz del Colprosumah, Radio Globo).En esas circunstancias, la tantas veces mencionada meta anual de 200 días clases es una quimera y la niñez hondureña se sume en la ignorancia.

En el balance de la conflictividad, destaca el drama del Aguán. Esa zona cierra el 2012 con más de 60 víctimas mortales en el bando de los campesinos, a los que se suman unos 15 guardias de seguridad de las empresas agroexportadoras de la zona, propiedad de unos pocos latifundistas, siendo esto el reflejo de la desigualdad en la tenencia y distribución de la tierra. Para varios analistas, lo que acontece en el Aguán tiene que ver directamente con la política de despojo (compra) de la tierra a los grupos campesinos inducida entre 1990-1994, pero, no se puede obviar, que el escenario de esa región no es el mismo del pasado. La denuncia de la presencia del narcotráfico, la confrontación política ideológica y la nueva revalorización de la tierra como eje estratégico de acumulación de capital seguramente inciden en la complejidad del conflicto.

Sin duda, la crisis del agro a nivel nacional (no sólo en el Aguán) es extrema, tanto la silenciosa (falta de regularización de propiedad de la tierra, falta de acceso al crédito y tecnología, vulnerabilidad a cambios climáticos y desastres naturales) como la explosiva (cuyo escenario mayor es el ya referido en el Aguán).

En ambos casos la situación afecta con fuerte intensidad los hogares encabezados por mujeres, cada vez más numerosos y vulnerables. Bajo esas condiciones, el peor de los pronósticos se está cumpliendo: que a la crisis política se sumaría la económica y, en consecuencia, la social. Por si fuera poco, la corrupción develada al interior de la policía, desnudada como una siniestra plataforma de criminalidad, el incremento del crimen organizado y las múltiples violaciones al derecho a la vida, volvieron Honduras no sólo un problema nacional de seguridad sino regional e internacional.

 

Apuntes adicionales sobre la violencia

En Honduras se polemiza si el país tiene o no la mayor tasa de homicidios del mundo. Pasó de contabilizar 51 homicidios por cada 100,000 habitantes en 2001 a 92 en 2011, según el informe "Delincuencia Organizada Transnacional en Centroamérica y el Caribe: Una Evaluación de las Amenazas", difundido por Naciones Unidas. El debate es, en alguna manera, bizantino porque, más o menos exactas, las cifras siempre son alarmantes. El más reciente informe del Observatorio de la Violencia de la UNAH

(Universidad Nacional Autónoma de Honduras) reporta la disminución de los homicidios en 6% en relación con los registros de 2011 pero implica que de enero a junio de 2012 se registran 3,373 homicidios, y en el desglose departamentos como Cortés, Atlántida, Olancho y Colón parecen escenarios de guerra.

La violencia, en sus expresiones más dramáticas y brutales, se ha venido imponiendo como la estrategia para resolver conflictos o diferencias en el país. De cumplirse la previsión policial de que en 2012 habrá menos homicidios que en 2011 será la primera vez que ocurre una tendencia reversible en la última década, pero la sociedad honesta aún siente la amenaza muy cercana.

Esta violencia es un fenómeno de alta complejidad, de naturaleza multicausal y con expresiones multidimensionales. Una primera afirmación sobre sus causas pasa por la necesidad de señalar como circunstancias propiciadoras o fértiles el incremento de la pobreza, exclusión, corrupción, tráfico y consumo de drogas, crimen organizado fuera y dentro de la policía, falta de empleo, inestabilidad laboral, imposibilidad de satisfacción de necesidades básicas para el grueso de la población, proliferación de guardias privados, abandono de los hogares por el éxodo de los emigrantes, incremento del poder privado e impunidad de grandes capitales que no suelen ajustar sus prácticas a la ley. También están los factores de tipo más subjetivo que tienen que ver con la cultura predominante en la sociedad hondureña, plagada de discriminación, intolerancia, desconfianza e incapacidad para el diálogo, que, además, es reproducida a diario con mensajes en los medios de comunicación o en cualquier otra esfera social y política. En este punto puede ubicarse el incremento de la violencia política e ideológica, con múltiples violaciones a los derechos humanos. Casi como un hecho incorporado a la cotidianidad, es imprescindible recordar las múltiples formas de violencia que enfrentan las mujeres por razones de género y quienes integran los movimientos gay-lésbicos. En general, el daño que el clima de violencia y delincuencia tiene para la integración familiar, social, económica y para el crecimiento de este país es enorme. El Banco Mundial ha estimado recientemente que una reducción del 10% de la tasa de homicidios podría impulsar un crecimiento del ingreso anual per cápita del 0.7% Honduras.

En ese escenario la nota positiva es el enorme esfuerzo desplegado desde la UNAH, y encabezado por su Rectora Julieta Castellanos, para depurar y transformar la policía y mejorar estructuralmente las condiciones de seguridad en el país. Producto de esa incidencia fue el nombramiento de una Comisión de Reforma a la Seguridad Pública que presentó un anteproyecto de ley que de aprobarse en el Congreso Nacional, sin recortar sus aspectos claves, efectivamente posibilitaría un marco jurídico distinto en la seguridad pública.

En ese marco, Estados Unidos suscribió con el gobierno de Lobo un nuevo acuerdo de seguridad, que incluye exigencias de respeto a los derechos humanos y combate al narcotráfico y tráfico de migrantes. No obstante, pese a denuncias y presiones, los asesinatos selectivos no cesan, destacando entre las víctimas dirigentes locales de Libre, defensores de los derechos humanos y comunicadores sociales. La violencia en general colocó a Honduras entre los países más inseguros del mundo

Curiosamente, el deterioro del entorno público y privado no afecta el fortalecimiento de las relaciones patrimoniales respecto al Estado (poderes fácticos y gremios), incrementando la corrupción y la ineficiencia. Tres son los ministerios que el gobierno califica como más afectados por la corrupción: Salud, Educación y Obras Públicas. Esa afirmación no implica que en el resto de la estructura del Estado esa práctica nefasta haya desaparecido; es cuestión de magnitud.

En ese contexto donde la mayoría pierde y pocos ganan, los bancos privados multiplican sus utilidades. Según estadísticas oficiales (CNBS), el sistema bancario privado cerró el octavo mes del presente año con una acumulación de ganancias por la suma de 2,715 millones de lempiras. En comparación con el periodo enero-agosto de 2011, cuando las utilidades alcanzaron 2,017.4 millones de lempiras, el aumento es de 697.6 millones de lempiras y 34.6% en valores porcentuales. Las ganancias acumuladas totalizaron 2,826.8 millones de lempiras el año anterior, calculándose para el cierre de 2012, que la rentabilidad de la banca comercial rozará 4,000 millones, con un alza entre 1,100 y 1,200 millones de lempiras.

Las utilidades proceden, principalmente, de la colocación de préstamos y de la inversión en títulos valores del gobierno. Los bancos han sido los principales compradores de las constantes emisiones de bonos gubernamentales, que salen al mercado con tasas comerciales de entre 9% y 13% de interés y pagaderos a corto plazo.

En el 2013 y 2014 habrá que pagar miles de millones de lempiras por los bonos e intereses de los mismos, sin que se sustente de dónde saldrán los recursos públicos para hacerlo. Para dar una idea de la magnitud del problema, Honduras cierra el año con más de 47,000 millones de lempiras de deuda interna. De esa suma, varias fuentes afirman que 18,000 millones corresponden al período de Lobo.

Mientras las calificaciones de riesgo de la banca en Honduras permanecen estables, las de los sectores sociales bajos y medios van en deterioro. El PNUD documenta que cada año se incrementan desigualdades que se consideran injustas, innecesarias y socialmente remediables, explicadas por el acceso diferencial a oportunidades por razones de clase social, género, etnia y el ámbito geográfico en que viven las personas.

En general, las tendencias más relevantes de la situación hondureña para el 2013 son las siguientes:

a) Crecimiento lento e insuficiente de la economía hondureña y deterioro de las condiciones sociales, en un contexto económico internacional donde el precio de commodities como el café están a la baja o inestables.

b) Se mantiene el debilitamiento de la institucionalidad estatal, la precariedad de las finanzas públicas y el protagonismo de los militares en los temas de seguridad pública y custodia electoral;

c) Ausencia de condiciones para diálogos y acuerdos nacionales efectivos. Temas que verdaderamente importan no están en mesas de concertación aunque sí en la red viva de las conversaciones ciudadanas.

d) Reconfiguración del escenario electoral, con una probable tendencia a su derechización e intolerancia.

Una clave relevante que aporta la lectura de la realidad del país, es que si Honduras no asume, al corto plazo, la urgente transformación democrática con un programa de reformas básicas que no dejen por fuera la economía, la incertidumbre sobre su gobernabilidad se acentuará y continuará el debilitamiento de la institucionalidad estatal y el tejido social. La pregunta en el aire es: ¿Quiénes ganan con un país inestable, desgarrado y sin orden?

Share Button
Powered by Bullraider.com