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La Palabra Meditada - III Domingo de Cuaresma - Ciclo A

San Mateo 1,16-18.21-24

Vemos como la descendencia de Nuestro Señor viene dada por José, a pesar que Jesús es fruto del Espíritu Santo y concebido por santa María virgen, lo importante es saber que Jesús tenía que nacer bajo un matrimonio según la ley de los hombres y que la descendencia de José viene desde nuestro padre Abraham, por eso es que nos habla cuantas generaciones pasaron hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo.
Cuando uno conoce a Jesús y lo hace parte de su vida, junto con su familia, es importante que el quede en nuestras familias por muchas generaciones, especialmente ahora que se ve como los tiempos van cambiando y la fe de muchos cristianos se va perdiendo.
Jesús nace por obra del Espíritu Santo, Este fue un nacimiento sobrenatural, pero es la única forma como nuestro Padre podía mandar a su Hijo Unigénito a este mundo, valiéndose también de dos personas santas y que supieron hacer su voluntad aquí en la tierra, como lo fue José y María.
Nosotros no nacemos de casualidad, Dios nos eligió unos padres, para que ungidos por el Espíritu Santo nos sepan llevar por el camino de nuestro Señor, y podamos cumplir con el objetivo por el cual hemos sido enviados.
Jesús es nuestro salvador, Jn. 3,16 dice: Tanto amo Dios al mundo que entrego a su Hijo Único, para que todo el que crea en el no se pierda, sino que tenga vida eterna.
Esta es la demostración más grande de amor que nuestro Padre nos regala, el de enviar a su Único Hijo, para liberarnos del pecado, pero para ello es preciso creer en él, no de labios, sino con nuestro corazón.
Creer en Jesús es amarlo y estar dispuesto a dejarlo todo por él, como lo hizo María, que abandono su vida totalmente a él, se negó a sí misma y se convirtió en la esclava de Dios, por eso es la primera cristiana y que nos invita a hacer todo lo que él nos diga.
Aprendamos a ser hijos de Dios pero honrándolo no solo de labios sino también con el corazón, estando dispuesto cada día a comprometernos en sus cosas.
Si estamos dormidos o embelecidos por las cosas de este mundo, despertemos, y pongámonos la ropa de trabajo, porque la mies es mucha y los obreros son pocos.
Seamos luz como lo es nuestro Señor, para muchos hermanos, que también son hijos de Abraham y que todavía vive en un mundo de oscuridad, Is 9,1 dice: El pueblo de los que caminan en la noche, divisaron una luz grande; habitaban el oscuro país de la muerte, pero fueron iluminados.

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La Palabra Meditada - II Semana de Cuaresma - Ciclo A

San Mateo 17,1 – 9

Seis días después, Jesús tomo consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, su hermano, y los llevo a un cerro alto, lejos de todos.
Nuestro Señor siempre nos hace ver, que cuando queramos hablar con Dios, busquemos un lugar apartado de todo aquello que nos pueda distraer.
Muchas veces nos preguntamos ¿Por qué será que Dios no escucha mis oraciones? Y la pregunta que debemos hacernos es ¿estoy haciendo mi oración como para que Dios realmente me escuche?
Siempre que oremos al Señor debemos de presentarnos con un corazón contrito y humillado, como lo hizo aquel publicano, Lc.18,13 dice: El publicano, en cambio, se quedaba atrás y no se atrevía a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios mío, ten piedad de mí que soy un pecador.
A Dios no le gusta las oraciones egocéntricas, a él le gusta que le pidamos las cosas conforme a su voluntad, Ef. 6,18 dice: Vivan orando y suplicando, oren en todo tiempo según les inspire el Espíritu. Velen en común y prosigan sus oraciones sin desanimarse nunca, intercediendo a favor de todos los hermanos.
En presencia de ellos, Jesús cambio de aspecto: su cara brillaba como el sol y su ropa se puso resplandeciente como la luz. En ese momento se les aparecieron Moisés y Elías hablando con Jesús.
La trasfiguración de Jesús, representa su gloria, nuestro Señor nos da un anticipo de su resurrección, el vence a la muerte y con ello nos hace ver que, también nosotros resucitaremos con él a la vida eterna, Ap. 1,17-18 dice: Al verlo caí como muerto a sus pies; pero me toco con la mano derecha y me dijo: No temas soy Yo, el Primero y el Ultimo. Yo soy el que vive; estuve muerto y de nuevo soy el que vive por los siglos de los siglos, y tengo en mi mano las llaves de la muerte y del infierno.
Notemos que si después de haber conocido a nuestro Señor nos hemos transfigurado, ha habido un cambio en nuestra vida y si somos mejores para los demás, irradiando esa la luz de Cristo.
Pedro tomo entonces la palabra y dijo a Jesús: Señor, ¡qué bueno que estamos aquí! Si quieres, voy a levantar aquí tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Cuando nuestro Señor gobierna y le sedemos el control de nuestra vida, decimos que bien que estamos aquí, gozamos de paz, aun en medio de tormentas, porque vivimos de su amor y sabemos que nada ni nadie nos apartara de él, somos nuevas criaturas que hemos sido guardados en su Nombre.
Pedro estaba todavía hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz que salía de la nube decía: Este es mi Hijo, el Amado: este es mi Elegido: a él han de escuchar.
¿A quién escuchamos? Al amo de la mentira y que hace ver al hombre las cosas malas como buenas, Is 5,20 dice: ¡Pobres de aquellos que llaman bien al mal y mal al bien, que cambian las tinieblas en luz y la luz en tinieblas, que dan lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!
Pero a los que escuchan al Señor, tienen una promesa Lc. 11,28 dice: Pero el declaro: ¡Felices, pues, los que escuchan la palabra de Dios y la observan!
En nosotros esta escoger, a quien escuchamos, pero solo Jesús en su infinito amor es el que nos ofrece desde ahora y para siempre la verdadera vida, Jn. 10,10 dice: El ladrón entra solamente a robar, a matar y a destruir. Yo en cambio, vine para que tengan vida y sean colmados.

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La Palabra Meditada - I Domingo de Cuaresma - Ciclo A

San Mateo 4,1 – 11

Luego el Espíritu Santo condujo a Jesús al desierto para que fuera tentado por el diablo.
Dios Padre siempre nos da lo mejor, pero muchos de nosotros no comprendemos cuando nuestro Padre permite que pasemos por una prueba, porque siempre queremos estar bien, el Espíritu Santo al igual que con nuestro Señor nos llevara por caminos que nosotros no deseamos, pero que sirven para probar y aumentar nuestra fe, Stgo.1,2-4 dice: Hermanos estimen como la mayor felicidad el tener que soportar diversas pruebas. Ya saben, que al ser probada nuestra fe, aprendemos a ser constantes. Procuren, pues, que esa constancia perfecta se verifique con hechos, para que de ahí salgan perfectos e irreprochables, sin que les falte nada.
Pero Jesús respondió: Dice la Escritura que el hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Jesús nos llama a no estarnos preocupando en que vamos a comer o a vestir, porque entre más nos afanamos, menos tiempo tenemos para dedicarnos a estar en la palabra y la oración.
Recordemos que nuestra boca solo hablara de lo que está lleno nuestro corazón, entre más conozcamos a Dios, más seguridad tendremos para rebatir las tentaciones, Jn. 6,35 dice: Yo Soy el Pan de Vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre, el que cree en mí nunca tendrá sed.
Jesús replico: Dice también la Escritura: No tentaras al Señor tu Dios.
Nuestro Dios único y verdadero que tiene toda la sabiduría y el poder, puede probar nuestra fe, y lo hace para el bien nuestro, pero nosotros que poder tenemos, para poner a prueba a Dios, si toda la creación fue hecha por él.
Jesús en su obediencia nunca nos dijo que era poderoso, sino más bien nos dice que a él le han dado poder, pero él lo usa para hacer la voluntad de Dios, Mt 28,18-19 dice: Entonces Jesús, acercándose, les hablo con estas palabras: Todo poder se me ha dado en el Cielo y en la tierra. Por eso vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos y el verso 20 nos dice: Y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he encomendado.
Entonces Jesús le respondió: Aléjate de mí, Satanás, porque dice la Escritura: Adoraras al Señor tu Dios, a él solo servirás.
No podemos servir a dos patrones a la vez y Dios nos pide que le adoremos pero en espíritu y en verdad, Para hacerlo así nuestra conversión debe ser verdadera, entonces veremos que hemos nacido de nuevo y Dios ocupara el primer lugar en nuestra vida, por eso cuando a Jesús le preguntan cuál es el mandamiento más importante, Mt 22,37 dice: Jesús Respondió: Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.
Dios se pone celosos cuando él no ocupa el primer lugar en nuestra vida por poner nuestra confianza en otros hombres o en ídolos, Dt 6,14 -15 dice: No vayan tras otros dioses; no sirvan a alguno de los dioses de los pueblos que te rodean, porque tu Dios que está en medio de ti, es un Dios Celoso. En cuanto estalle su furor, desaparecerás de la superficie de la tierra.
Los desiertos en la vida de un cristiano son muy importantes y debemos de hacer todo cuanto nos sea posible por no caer en la tentación, mantengámonos firmes, 1Co 10,13 dice: Sabiendo que todavía no los han tocado grandes pruebas. Pero Dios no les puede fallar y no permitirá que sean tentados sobre sus fuerzas. Él les dará al mismo tiempo que la tentación, los medios para resistir.

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La Palabra Meditada - VIII Domingo Ordinario - Ciclo A

San Mateo 6, 24 – 34

Ningún servidor puede quedarse con dos patrones, porque vera con malos ojos al primero y amara al otro, o bien preferirá al primero y no le gustara el segundo. Ustedes no pueden servir al mismo tiempo a Dios y al Dinero.
Tenemos que definirnos en saber ¿quién está ocupando el primer lugar en nuestras vidas? Es fácil decir que es Dios cuando tienes dinero, pero que será cuando no se tiene, porque aún muchos de los que no lo tienen pasan renegando de la vida.
El dinero es un medio mediante el cual, podemos ayudarnos o ayudar a otros
Pero no es para que ocupe el primer lugar y nos esclavicemos en él, Lc.16,9 dice: Yo también les digo: Aprovechen el maldito dinero para hacerse amigos, para que, cuando se les acabe, los reciban a ustedes en las viviendas eternas.
Nuestro Señor llama maldito al dinero, porque lo que le ocasiona al hombre por obtenerlo solo son preocupaciones y los que lo buscan nunca se saciaran, Sir 31,7 dice: El dinero es una trampa es una trampa para aquellos que lo sirven y los que no piensan se dejan atrapar.
Otro factor que nuestro Señor nos dice es que el dinero se acaba, no nos lleva a la eternidad, solo es algo pasajero en esta vida.
Si tenemos o no tenemos bienes, Dios debe de ser el primero en todo, Fil 4,12-13 dice: Se pasar privaciones, como vivir en la abundancia. Estoy entrenado para cualquier momento o situación: estar satisfecho o hambriento, en la abundancia o en la escasez. Todo lo puedo en Aquel que me fortalece.
La vida vale más que cualquier cosa aquí en la tierra, esta, es un don sagrado que Dios nos ha regalado y si Dios nos ha mandado a este mundo, es porque nos manda con un propósito y este no consiste en vivir agobiados, preocupados por adueñarnos de cosas, pues somos como aventureros, que vamos de paso y que tenemos una patria celestial.
Jesús nos dice que no debemos escudriñar las escrituras para encontrar la vida eterna, debemos de escudriñarlas para que el Espíritu Santo nos revele y nos muestre a nuestro Señor Jesucristo, porque en él si esta la vida, Jn. 6,40 dice: La voluntad de mi Padre es que toda persona que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna: y yo lo resucitare en el último día.
Por lo tanto, busquen primero el Reino y la Justicia de Dios, y esas cosas vendrán por añadidura.
Este es un mandato y lo primero que debemos de hacer, es que nuestro Señor Jesús sea el centro de nuestra vida y que esté por encima de todo, Mt 10,37-39 dice: No es digno de mí el que ama a su padre o a su madre más que a mí; no es digno de mí el que ama a su hijo o a su hija más que a mí. No es digno de mí el que no toma su cruz para seguirme. El que procure salvar su vida la perderá, y el que sacrifique su vida por mí, la hallara.
La Justicia de Dios es ser rectos, honrados, fieles a la verdad, donde no cabe más la mentira o el pecado que no es de Dios, el que nos llama a ser santos en toda nuestra conducta.
Nuestro Señor nos llama a no pensar en el mañana, porque el mañana es de Dios y solo él sabe lo que pasara, Stgo. 4,15 dice: Digan más bien: Si Dios quiere estaremos vivos y aremos esto o lo otro.

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La Palabra Meditada - VII Domingo Ordinario - Ciclo A

San Mateo 5,38 – 48

Ustedes saben que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente. En cambio, yo les digo: No resistan a los malvados. Preséntale la mejilla izquierda al que te abofetea la derecha.
En el amor a Cristo a esto hemos sido llamados, este es el evangelio de nuestro Señor, el evangelio del amor, donde todo se cree, todo se espera y todo se soporta.
Sabemos que no es fácil, por eso cuando acepamos a nuestro Señor como nuestro salvador y queremos seguirle, Mt 16,24 dice: Entonces dijo Jesús a sus discípulos: El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga.
Renunciamos a nuestros derechos, a nuestro ego y empezamos a obedecer y a hacer la voluntad de Dios en nuestra vida.
Y al que te arma pleito por la ropa entrégale también el manto. Si alguien te obliga a llevarle la carga, llévasela el doble más lejos.
Debemos de ser amantes de la paz, para ello debemos de buscar la paz que Cristo nos ofrece y no la paz del mundo, ya no estamos para buscar pleito, porque de lo contrario estaríamos retrocediendo Rom. 12,21 dice: No te dejes vencer por lo malo, más bien vence el mal a fuerza de bien.
Dale al que te pida algo y no le vuelvas la espalda al que te solicita algo prestado.
Recordemos que el amor no solo se demuestra con palabras, sino que también con obras, debemos de ser generosos, todo cuanto poseemos sea poco o mucho es por gracia de Dios, si somos fieles en lo poco o en lo mucho él nos concederá más, porque nuestro Señor nunca se va dejar ganar en generosidad, debemos de dar hasta donde nos duela, pues todo cuanto le demos a nuestro prójimo es como si se lo estuviéremos dando a Dios, Lc.21,4 dice: Y dijo Jesús: Créanme que esta pobre viuda deposito más que todos ellos. Porque todos dan a Dios de lo que les sobra. Ella, en cambio, tan indigente, hecho todo lo que tenía para vivir.
Ustedes saben que se dijo: Ama a tu prójimo y guarda rencor a tu enemigo. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores.
Si realmente en nosotros está el amor de Cristo, con ese amor adquirimos la capacidad de perdonar, Pedro le pregunto a nuestro Señor hasta cuanto debemos de perdonar a nuestro semejante y nuestro Señor le contesto hasta setenta y siete veces, es decir hasta siempre.
No cabe como cristianos decir, “te perdono pero” porque lo que le estamos diciendo a nuestro prójimo es en la próxima no te perdonare, debemos de hacer como cuando nosotros le pedimos a nuestro Padre que nos perdone y él lo hace y lo olvida, cuando realmente perdonamos de esta manera vamos adquiriendo una paz interior, el no amar a nuestros enemigos nos hace vivir atados, pero nuestro Señor no nos quiere así él quiere que seamos libres.
Con el amor que Cristo Jesús nos da, estamos llamados a amar a todos por igual, porque él sabe que solo de esta manera es que podemos aspirar a ser perfectos como lo es Dios.
Esta lectura puede resultar muy difícil de aplicarla en nuestra vida, pero si vivimos en Cristo somos nuevas criaturas, con el somos más que vencedores y todo lo podremos hacer si permanecemos en él, porque para Dios nada es imposible.

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La Palabra Meditada - VI Domingo Ordinario - Ciclo A

San Mateo 5,17 -37

No crean que yo vine a suprimir la ley o los profetas: No vine a suprimirla, sino a darle su forma definitiva.
Darle forma a la ley significa cumplirlas pero no por ley sino por amor, no mentimos porque la ley me dice no mentiras, pero el amor dice, si amo a mi hermano no debo de mentirle.
Jesús vino a perfeccionar la leyes en el amor y no por esto es que una de estas leyes deje de ser más grande o más pequeñas, todas fueron creadas por Dios para nuestro propio bienestar, por tanto debemos de obedecer a nuestro Padre en cumplirlas y enseñar a cumplirlas tal como se nos fueron mandadas.
Y les digo que si su vida no es más perfecta que la de los maestros de la ley y de los fariseos, no entraran en el Reino de los Cielos.
Cristo nos llama a ser perfecto o santos como lo es el, Heb 12,14 dice: Procuren estar en paz con todos y progresen en la santidad, pues sin ella nadie vera al Señor.
Hay muchos hermanos que enseñan la palabra, pero ellos no la practican, sino que hacen todo lo contrario al momento de cumplirlas, Mt 23,3 dice: Hagan y cumplan lo que ellos dicen, pero no los imiten, porque ellos enseñan y no practican.
Debemos de estar bien con Dios y con los hombres, nuestro Señor nos dice que si vamos a presentar una ofrenda al altar, debemos de estar en paz y de acuerdo con nuestro prójimo, esto no es fácil, pues para ello debemos de renunciar a nosotros mismos, 1Jn. 4,20 dice: El que dice Yo amo a Dios, y odia a su hermano, es un mentiroso, ¿Cómo puede amar a Dios a quien no ve, sino ama a su hermano, a quien ve? El mismo nos ordenó: el que ama a Dios, ame también a su hermano.
Ahora yo les digo que quien mira con malos deseos a una mujer, ya cometió adulterio en su interior.
Recordemos que nuestra boca habla de lo que está lleno nuestro corazón y todos los deseos están en nuestro corazón, sean esto buenos o malos y esto va a depender, a donde esta puesta nuestra mirada, si en las cosas de espirituales o carnales.
Todos los deseos de la carne nos llevan a desobedecer a Dios y a llevar un camino contrario de lo que nos dice su palabra, por eso es que nuestro Señor nos llama a romper de raíz con el problema, porque este nos arrastra al pecado y el pecado nos lleva a la muerte.
Gal 5,19-21 dice: es fácil ver lo que viene de la carne: libertad sexual, impurezas, desvergüenza; culto de los ídolos y magia; odios, celos y violencia; furores, ambiciones, divisiones, sectarismo, desavenencias y envidias; borracheras, orgias y cosas semejantes.
Nuestro Señor nos llama a no jurar, porque no somos Dios y uno solo hay, nuestro Padre creador de todo cuanto existe lo visible y lo invisible, Dios del alfa y del omega, el Dios de la verdad y la justicia.
Nosotros lo que debemos de hacer es imitarle, en tratar de ser verdaderos, sinceros y transparentes ante él, ante nosotros mismos y ante nuestro prójimo.

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