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La Palabra Meditada - I Domingo de Adviento - Ciclo A

San Mateo 24,37 – 44

En la venida del Hijo del Hombre, sucederá lo mismo que en los tiempos de Noé.
Nosotros nos creemos dueños del tiempo y de la vida, y cada vez más se va perdiendo la fe, observamos que las cosas malas se miran como si fueran buenas, y muchas de estas cosas ya están amparadas por la ley en muchos países, no sé si este es el principio o ya estamos en el caminar de un gran desorden mundial, pero se ve que el mal se va acrecentando cada día más, pero nosotros estamos como inmunes ante estos acontecimientos, nuestra principal preocupación es el afán cotidiano, por adquirir más cosas de este mundo de lo cual a la larga no nos llevaremos nada, como le sucedió a la gente cuando vino el diluvio.
Nuestro Señor nos llama a estar despiertos, porque cuando el regrese, no desea que seamos engañados como nos dice 1Jn 4,1 Queridos míos, no se fíen de cualquier inspiración. Examinen los espíritus para ver si viene de Dios, porque muchos falsos profetas andan por el mundo.
Debemos de estar siempre despiertos en el amor, en la fe y en la oracion. Despiertos en el amor; pues como Jesús nos dice en Jn.15, 12-14 Mi mandamiento es este: Ámense unos con otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que este dar la vida por sus amigos.
Debemos de saber que estamos cosechamos, pues cada árbol se conoce por sus frutos, y nosotros debemos de procurar hacer el bien, para dar buen testimonio del amor de Jesús en nuestras vidas.
Despiertos en la fe, pues la palabra nos dice que el justo por su fe vivirá, y esta es la que es más atacada, Ef.6, 16 Nos dice: Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, y así podrán atajar las fechas incendiarias del demonio.
Despiertos en la oración, pero no en esas oraciones repetitivas, sino una oración en la que mostramos tener un verdadero corazón contrito y humillado y recordemos que ya nuestro Padre conoce hasta los deseos más íntimos de nuestro corazón, oraremos pues, sin cesar, sin desanimarnos, nuestro Señor nos dice en Mt 7,7-8 Pidan y se les dará; busquen y hallaran; llamen a la puerta y les abrirán. Porque el que pide recibe; el que busca halla, y al que llame a una puerta, le abrirán.
De dos mujeres que están juntas moliendo trigo, una será tomada y otra no.
En el día del juico así será, unos serán tomados en cuenta para el Reino y otros no, como sucedió con el diluvio unos subieron a la barca y otros se quedaron, habrá una separación entre los que han sido fieles en guardar los mandatos del Señor y los desobedecieron en guardarlos, 2Co 5,10 nos dice: Pues todos hemos de comparecer a descubierto ante el tribunal de Cristo, para recibir cada cual lo que mereció en la presente vida por sus obras buena o malas.
Por eso estén alertas; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que menos piensan.
Nuestro Señor Jesús no vino a este mundo a condenarnos, sino que a salvarnos, regresemos pues al camino del Señor, pero ya no confiados, sino más bien despiertos, Lc.3, 4-6 nos dice: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos. Rellénense todas las quebradas y aplánense todos los cerros. Los caminos con curvas serán enderezados, y los ásperos suavizados. Entonces llegara la salvación de Dios y todo mortal la contemplara.

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La Palabra Meditada - Cristo Rey - Ciclo C

San Lucas 23,35 – 43

La gente estaba ahí mirando:
Así como la gente miraba la injusticia que hacían con nuestro Señor, aun hoy en día, muchos solo miramos las injusticias que se cometen con muchas personas, especialmente con los más desprotegidos y no hacemos nada por temor, los que estamos en la iglesia estamos llamados a hablar con la verdad y protestar contra toda clase de injusticias.
Los jefes por su parte, se burlaban diciendo: Ya que salvo a otros, que se salve a sí mismo, para ver si es el Cristo de Dios, el elegido.
Nuestro Señor ya había hechos muchos milagros y prodigios enfrente de los jefes y autoridades de ese tiempo, pero aun así no lo reconocían como el Cristo de Dios el elegido, nuestro Señor Jesús ya sabía todo lo que sucedería con él desde que estuvo en el Getsemaní y todo lo dejo a la voluntad de Dios.
Jesús es el elegido de Dios, en Mt 3,17 nos lo confirma: Y se oyó una voz celestial que decía: Este es mi Hijo, el Amado; este es mi Elegido.
Nosotros también fuimos elegidos como hijos de Dios en Cristo Jesús, debemos de dar gracias a Dios en todo tiempo, sean estos tiempos buenos o malos, debemos de sometemos a hacer su voluntad, pues los hijos de Dios debemos de trabajar por las cosas del Reino y no ser temerosos pues, con Cristo Jesús somos más que vencedores, el estará con nosotros en todo tiempo.
Le dijeron: Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo. Porque había en lo alto de la cruz un letrero que decía: Este es el rey de los judíos.
Jesús es el primogénito de Dios y no solo es rey de los judíos, sino que es el rey de toda la tierra, pues para él fue creado todo, Ap.1,5 nos dice: Y de parte de Cristo Jesús, el testigo fiel, el primer nacido de entre los muertos, el rey de los reyes de la tierra, el que nos ama.
Escribir o decir que Cristo es mi rey es fácil, la cuestión es sentirlo realmente como el rey de nuestra vida, porque si es así debemos de obedecerle, como cuando nos dice: el que quiera seguirme que se niegue así mismo que cargue con su cruz y me siga, para entrar en su Reino, debemos de nacer de nuevo pero de arriba, tenemos que dejar los deseos de la carne y empezar a seguir los deseos del espíritu.
Como nuestro rey debemos postrarnos ante él, Fil 2,9-11 nos dice: Por eso Dios lo engrandeció y le concedió el Nombre que esta sobre todo nombre, para que ante el Nombre de Jesús, todos se arrodillen, en los cielos, en la tierra y entre los muertos. Y toda lengua proclame que Cristo Jesús es el Señor, para gloria de Dios Padre.
Pero el otro respondió, diciéndole: ¿No temes a Dios, tu que estas en el mismo suplicio?
El temor a Dios no es tenerle miedo, el temor a Dios es honrarlo y glorificarlo.
Reconocerlo como nuestro creador y saber que somos sus hijos, nos ama y desea lo mejor para nosotros, por eso cuando el permite que pasemos por una prueba, no reneguemos, ni le echemos culpas, porque de esa prueba saldrá una victoria para nuestra vida.
Es de hombres reconocer nuestras culpas, no como este que estaba junto a Jesús en la cruz, nosotros sabemos bien las cosas que a Dios no le agradan, seamos pues como el publicano que nos dice Lc. 18,13 El publicano, en cambio, se quedaba atrás y no se atrevía a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios mío ten piedad de mí que soy un pecador.
Y añadió: Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino.
Abramos verdaderamente nuestro corazón al Señor y con mucha humildad, digámosle que no se aparte nunca de nosotros, porque siempre deseamos estar con él, pues es lo mejor que nos ha pasado y que nos haya salvado.

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La Palabra Meditada -XXXIII Domingo Ordinario - Ciclo C

San Lucas 21,5 – 19

Algunos hacían notar a Jesús las hermosas piedras y los ricos adornos que habían sido regalados al templo.
Siempre estamos más pendientes de las cosas exteriores, que de las cosas que realmente serán consideradas en el Reino de los Cielos y estos lo confirmamos porque nosotros también somos templos del Espíritu de Dios, pero por lo general somos juzgados por cómo nos vemos por fuera y no de cómo esta nuestro interior, es cierto que a nadie le hace daño ser criticado, pero el que verdaderamente hace hasta lo imposible por guardar la palabra de Dios en su corazón, debe de testificarlo con sus hechos, porque lo que llevan por dentro eso es lo que resaltara por fuera, nuestro Señor dice en Mt 12,34 Raza de víboras, ¿Cómo pueden hablar cosas buenas, siendo malos? Puesto que la boca habla de lo que está lleno el corazón.
Jesús dijo: llegara el tiempo en que todo lo que ustedes admiran aquí no quedara piedra sobre piedra: todo será destruido.
Estas palabras que nuestro Señor nos dice, deberían de ser para nosotros de mucha reflexión, porque de que nos sirve tener la mejor mansión, si está vacía de las cosas que al Señor le agradan, en cambio sí en nuestros hogares hablamos de su palabra, si invitamos a otros hermanos que no conoce de Dios, para que le conozcan, si ayudamos al más necesitado frente a cualquier situación, es cierto que todo será destruido, pero hay un mensaje de esperanza que nuestro Señor nos da en Mt 25,34 Entonces el Rey dirá a los que están a la derecha: ¡Vengan los bendecidos por mi Padre! Tomen posesión del reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo.
No nos dejemos llevar por admirar las maravillas de este mundo, ni nos afanemos mucho por adquirirlas, pues estas nos pueden llevar a la perdición, aprendamos a ser humildes y busquemos las cosas sencillas y pequeñas, porque en ellas está la sabiduría de Dios.
Le preguntaron entonces: Maestro, dinos cuando sucederá eso. ¿Cuál será la señal de que va a suceder?
Nosotros no debemos de preocuparnos o estar pensando cuando sucederá el fin de los tiempos, lo que debemos de hacer es vivir cada día como si fuera el ultimo y tratar de hacer la voluntad de Dios, nuestro Señor nos dice en Mt 24,36 En cuanto se refiere a ese Día y a esa hora, no lo sabe nadie, ni los ángeles de Dios, ni siquiera el Hijo, sino solo el Padre.
Jesús contesto: Tengan cuidado y no se dejen engañar, porque muchos vendrán en mi lugar, diciendo: Yo soy el Salvador, esta es la hora de Dios. No los sigan.
Pidámosle al Señor que nos ilumine con su Santo Espíritu que mora dentro de nosotros, para afrontar cualquier tiempo que sea, pues él es nuestro defensor, para eso fue enviado a este mundo, 1Jn. 4,5-6 nos dice: Ellos son del mundo y los inspira el mundo , y los del mundo los escuchan. Nosotros somos de Dios y nos escuchan los que conocen a Dios, pero aquellos que no son de Dios no nos hacen caso. Así reconocerán al Espíritu de la verdad y también al espíritu del error.
Cuando oigan hablar de guerras y disturbios, no se asusten, porque primero tiene que pasar eso, pero el fin no vendrá en seguida.
Mantengámonos firmes en la fe y en guardar en nuestro corazón la palabra de Dios, para que lo que tenga que ocurrir, no nos agarre desprevenidos, 1Jn. 5,4 nos dice: Porque guardar los mandatos es amar a Dios; en realidad, sus mandatos no son difíciles, porque todo hijo nacido de Dios vence al mundo. Y la victoria por la que vencimos al mundo es nuestra fe.

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La Palabra Meditada - XXXII Domingo Ordinario - Ciclo C

San Lucas 20,27 – 38

Se consideraba que los Saduceos negaban la inmortalidad del alma y la resurrección de los muertos y eran miembros de la clase alta de la sociedad judía.
Le preguntaron: Maestro, Moisés nos enseñó lo siguiente: Si uno tiene un hermano casado que muere sin dejar familia, debe casarse con la viuda para darle un hijo que será el heredero del difunto.
Esta pregunta que los saduceos le hacen a Jesús, es con el ánimo de saber que piensa nuestro Señor de la resurrección.
Muchas veces nos preocupamos más por cosas insignificantes que por las cosas que en verdad son prioridad en nuestra vida, deberíamos de preocuparnos más por morir al pecado que llevamos dentro y así tener una nueva vida aquí en la tierra en Cristo Jesús, porque el pecado nos hace andar como muertos y esto nos hace pensar más en las cosas de este mundo que en las cosas celestiales, en Jn. 5,24 Jesús nos dice: En verdad les digo: El que escucha mi palabra y cree en el que me ha enviado, vive de vida eterna; ya no habrá juicio para él, porque ha pasado de la muerte a la vida.
Necesitamos alimentarnos de la palabra, para no morir por ignorancia, en Jn. 6,35 nuestro Señor nos dice: Yo soy el Pan de Vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre, el que cree en mí nunca tendrá sed.
¿De qué pan nos alimentamos? Del pan con levadura o el pan sin levadura, porque nuestro señor nos dice en Mt 16,6 Tengan cuidado y desconfíen de la levadura de los fariseos y de los saduceos.
Porque la levadura representa el pecado y nuestro Señor representa la vida sin pecado.
Jesús respondió: en este mundo los hombres y las mujeres se casan. Pero los que sean juzgados dignos de entrar al otro mundo y de resucitar de entre los muertos, ya no se casaran.
No debe de ser motivo de preocupación para nosotros, si en el cielo nos casaremos, si tendremos mama, papa, hermanos o hijos, no nos aferremos tanto a lo que vivimos en este mundo, pues sin creemos en Jesús, nuestro Padre celestial tiene cosas mucho mejores que lo que nuestra mente se puede imaginar, la palabra nos dice que seremos como ángeles.
En cuanto a saber si resucitan los muertos, ya Moisés lo dio a entender en el pasaje de la Zarza, en el que llama al Señor Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob.
La resurrección es importante en la vida de nosotros como cristianos, esto nos da a entender que si somos hijos de Dios, tenemos esa esperanza, de que nuestra vida no queda en la muerte, aspiramos a algo más, como nos dice nuestro Señor en Jn. 11,25 Jesús dijo: Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque muera vivirá, el que vive por la fe en mí, no morirá para siempre.
Cristo Jesús murió por cada uno de nosotros y resucito al tercer día y esta es la certeza de la fe que tenemos en él, como dice Rom. 8,11 Y si el Espíritu de aquel que resucito a Cristo de entre los muertos está en ustedes, el que resucito a Jesús de entre los muertos dará también vida a sus cuerpos mortales; lo hará por medio de su Espíritu que ya habita en ustedes.
Ahora bien, Dios nos es un Dios de muertos, sino de vivos; para el todos viven.
Jesús como nuestro Pastor nos dice que el ladrón solo viene a robar, a matar y a destruir, en cambio él nos dice que vino para que tuviéramos vida y seamos colmados, dejemos pues de preocuparnos y gocémonos en el Señor, pues como nos dice: Mt 4,4 el hombre no solo vive de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Esta es la Buena Nueva que nos trajo nuestro Señor, el anuncio de su palabra que permanece para siempre y que solo en él está la Vida.

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La Palabra Meditada - XXXI Domingo Ordinario - Ciclo C

San Lucas 19,1 – 10

Llegando a Jericó, pasaba Jesús por la ciudad.
Cada vez que nuestro Señor iba a un lugar lo hacía con un propósito, el solo se dejaba guiar por el Espíritu Santo para hacer la voluntad de Dios.
Nosotros no hemos venido a este mundo por casualidad o por un error, Dios nos ha enviado para cumplir con un propósito, Jer 1,5 nos dice: Antes de formarte en el seno de tu madre, ya te conocía; antes de que tú nacieras, yo te consagre, y te destine a ser profeta de naciones.
Así es que con el espíritu de Dios que mora dentro de nosotros, en el lugar donde nos encontremos o al lugar donde vayamos, tratemos de dar testimonio de todo el amor y la gracia que Dios nos ha dado a nuestros semejantes.
Allí había un hombre llamado Zaqueo. Era jefe de los cobradores de impuesto y muy rico. Quería ver cómo era Jesús, pero no alcanzaba en medio de tanta gente, por ser de baja estatura.
Aquí vemos que no somos nosotros los que buscamos a Jesús, es el que viene especialmente por nosotros, y no le importa nuestra condición de pecadores, el viene a sembrar la buena semilla en nuestros corazones.
Entonces corrió adelante y se subió a un árbol para verlo cuando pasara por ahí.
La actitud de Zaqueo es algo que deberíamos de imitar, pues muchas veces como cristianos somos muy conformista no nos esforzamos, somos muy acomodados, Jos. 1,8-9 nos dice: leerás continuamente el libro de esta ley y lo meditaras para actuar en todo según lo que dice. Así se cumplirán tus planes y tendrás éxito en todo. Yo soy quien te manda; esfuérzate, pues, y se valiente. No temas ni te asustes, porque contigo esta Yave, tu Dios a dondequiera que vayas.
Cuando llego a ese lugar, Jesús levanto los ojos y dijo: Zaqueo baja pronto, porque hoy tengo que quedarme en tu casa.
Si estas atravesando por una situación difícil, estas triste y desencajado, es hora de que te levantes, porque Jesús tiene los ojos puestos sobre cada uno de nosotros y nos dice como a Zaqueo que bajemos pronto de ahí, él está en la puerta de nuestro corazón y desea que le abramos.
Todos entonces se pusieron a criticar y a decir: se fue a alojar en casa de un pecador.
Por lo general nos volvemos como jueces y por nuestra ignorancia queremos juzgar y decir quién es bueno y quien es pecador, vale más que no estamos en manos de hombres, es nuestro Señor quien toma la bendita decisión de acogernos, porque a él no le interesa si somos indignos, lo que desea es que volvamos al camino verdadero.
Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y a quien he exigido algo injustamente le devolveré cuatro veces más.
Zaqueo conoce a Jesús y sin que nuestro Señor le reclame algo, el mira su pecado y ve lo injusto que ha sido y le dice al Señor como va actuar en adelante, esto es lo que espera nuestro Señor de nosotros, después de decir que lo conocemos, que reconozcamos nuestros pecados y que aprendamos a ser justos y verdaderos con nuestro prójimo.
Jesús, pues, dijo a su respecto: hoy ha llegado la salvación a esta casa y lo reconoce también como un hijo de Abrahán.
Como nos dice Ef.2,8 Pues, por gracia de Dios han sido salvados por medio de la fe. Ustedes no tienen mérito en este asunto: es un don de Dios.
El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido.
Este texto es claro porque vemos que Jesús no vino al mundo a condenarnos o a reclamarnos algo, vino a demostrarnos el amor tan grande de nuestro Padre celestial, como nos dice Jn. 3,16 Tanto amo Dios al mundo que entrego a su Hijo Único, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.

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La Palabra Meditada - XXX Domingo Ordinario - Ciclo C

San Lucas 18,9 – 14

Puso además esta comparación por algunos que estaban convencidos de ser justos y que despreciaban a los demás.
Los fariseos se esmeraban por cumplir los mandamientos de Dios, pero a la hora de ponerlos en práctica era un testimonio diferente, pero solo por el hecho de cumplir con la ley ellos se consideraban justos.
Hay hermanos que se afanan por andar en un servilismo religioso y por andar en esto llegan incluso a descuidar a su familia, no conocen, ni hacen la voluntad de Dios y a la hora de confesarse no saben que decir, porque siente que no cometen errores, nosotros debemos de tener mucho cuidado con este tipo de hermanos, porque como nuestro Señor nos dice en Mt 23,3 Hagan y cumplan todo lo que les dicen, pero no los imiten, ya que ellos enseñan y no cumplen.
Dos hombres subieron al templo a orar, uno era fariseo y el otro publicano.
Ya hemos dicho lo que eran los fariseos y como nuestro Señor hacia énfasis a sus discípulos de que tuvieran cuidado con ellos, los publicanos eran los encargados de recaudar los impuestos para el imperio de roma y a su vez se hacían ricos ellos, pues hostigaban al pueblo para que pagara y le subían a la tarifa para así ganarse la vida, uno de estos recaudadores de impuesto era Mateo, quien fue llamado por nuestro Señor para seguirlo, Mt 9,9
El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: Oh, Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos, adúlteros, o como ese publicano que está allí. Ayuno dos veces por semana, doy la décima parte de lo de todo lo que tengo.
Esta es la oración de un hombre que se consideraba bueno y bueno solo es Dios, él dice que ayuna dos veces por semana, el Señor no desea de nuestros sacrificios, como nos dice Os 6,6 Yo quiero amor, no sacrificios, y conocimiento de Dios, más que victimas consumidas por el fuego.
También le dice a Dios que le entrega la décima parte de todo lo que tiene, todo cuanto tenemos es por gracia de Dios y no es porque no esforcemos menos o más, Dios no necesita que le demos, pues todo es de él, nuestro Padre lo que desea es que los demos a los demás, ya sea en lo mucho o en lo poco, así nos dice 1Jn.3,18 Hijitos, no amemos con puras palabras y de labios afuera, sino verdaderamente y con obras. Esto nos dará la certeza de que somos de la verdad y se tranquilizara nuestra conciencia delante de él.
El publicano, en cambio, se quedaba atrás y no se atrevía a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios mío ten piedad de mí que soy un pecador.
Nuestro Padre sabe muy bien todo lo que hacemos y que no es de su agrado, y no nos cuestiona, el deja que por nosotros mismos reconozcamos nuestras faltas, en Is 57,15 nos dice: Yo vivo en lo alto y me quedo en mi santidad, pero también estoy con el hombre arrepentido y humillado, para reanimar el espíritu de los humildes y alertar los corazones arrepentidos.
Yo les digo que este último estaba en gracia de Dios cuando volvió a su casa, pero el fariseo no. Porque todo hombre que se hace grande será humillado, y el que se humille será hecho grande.
Qué grande es el amor y la misericordia de Dios, aprendamos de nuestro Señor Jesús que era manso y humilde de corazón, por eso lo engrandeció como nos dice Fil 2,9-11 Por eso Dios lo engrandeció y le concedió el Nombre que esta sobre todo nombre, para que, ante el Nombre de Jesús, todos se arrodillen, en los cielos, en la tierra y entre los muertos. Y toda lengua proclame que Cristo Jesús es el Señor, para la gloria de Dios Padre.

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