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La Palabra Meditada -XXXIII Domingo Ordinario - Ciclo C

San Lucas 21,5 – 19

Algunos hacían notar a Jesús las hermosas piedras y los ricos adornos que habían sido regalados al templo.
Siempre estamos más pendientes de las cosas exteriores, que de las cosas que realmente serán consideradas en el Reino de los Cielos y estos lo confirmamos porque nosotros también somos templos del Espíritu de Dios, pero por lo general somos juzgados por cómo nos vemos por fuera y no de cómo esta nuestro interior, es cierto que a nadie le hace daño ser criticado, pero el que verdaderamente hace hasta lo imposible por guardar la palabra de Dios en su corazón, debe de testificarlo con sus hechos, porque lo que llevan por dentro eso es lo que resaltara por fuera, nuestro Señor dice en Mt 12,34 Raza de víboras, ¿Cómo pueden hablar cosas buenas, siendo malos? Puesto que la boca habla de lo que está lleno el corazón.
Jesús dijo: llegara el tiempo en que todo lo que ustedes admiran aquí no quedara piedra sobre piedra: todo será destruido.
Estas palabras que nuestro Señor nos dice, deberían de ser para nosotros de mucha reflexión, porque de que nos sirve tener la mejor mansión, si está vacía de las cosas que al Señor le agradan, en cambio sí en nuestros hogares hablamos de su palabra, si invitamos a otros hermanos que no conoce de Dios, para que le conozcan, si ayudamos al más necesitado frente a cualquier situación, es cierto que todo será destruido, pero hay un mensaje de esperanza que nuestro Señor nos da en Mt 25,34 Entonces el Rey dirá a los que están a la derecha: ¡Vengan los bendecidos por mi Padre! Tomen posesión del reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo.
No nos dejemos llevar por admirar las maravillas de este mundo, ni nos afanemos mucho por adquirirlas, pues estas nos pueden llevar a la perdición, aprendamos a ser humildes y busquemos las cosas sencillas y pequeñas, porque en ellas está la sabiduría de Dios.
Le preguntaron entonces: Maestro, dinos cuando sucederá eso. ¿Cuál será la señal de que va a suceder?
Nosotros no debemos de preocuparnos o estar pensando cuando sucederá el fin de los tiempos, lo que debemos de hacer es vivir cada día como si fuera el ultimo y tratar de hacer la voluntad de Dios, nuestro Señor nos dice en Mt 24,36 En cuanto se refiere a ese Día y a esa hora, no lo sabe nadie, ni los ángeles de Dios, ni siquiera el Hijo, sino solo el Padre.
Jesús contesto: Tengan cuidado y no se dejen engañar, porque muchos vendrán en mi lugar, diciendo: Yo soy el Salvador, esta es la hora de Dios. No los sigan.
Pidámosle al Señor que nos ilumine con su Santo Espíritu que mora dentro de nosotros, para afrontar cualquier tiempo que sea, pues él es nuestro defensor, para eso fue enviado a este mundo, 1Jn. 4,5-6 nos dice: Ellos son del mundo y los inspira el mundo , y los del mundo los escuchan. Nosotros somos de Dios y nos escuchan los que conocen a Dios, pero aquellos que no son de Dios no nos hacen caso. Así reconocerán al Espíritu de la verdad y también al espíritu del error.
Cuando oigan hablar de guerras y disturbios, no se asusten, porque primero tiene que pasar eso, pero el fin no vendrá en seguida.
Mantengámonos firmes en la fe y en guardar en nuestro corazón la palabra de Dios, para que lo que tenga que ocurrir, no nos agarre desprevenidos, 1Jn. 5,4 nos dice: Porque guardar los mandatos es amar a Dios; en realidad, sus mandatos no son difíciles, porque todo hijo nacido de Dios vence al mundo. Y la victoria por la que vencimos al mundo es nuestra fe.

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La Palabra Meditada - XXXII Domingo Ordinario - Ciclo C

San Lucas 20,27 – 38

Se consideraba que los Saduceos negaban la inmortalidad del alma y la resurrección de los muertos y eran miembros de la clase alta de la sociedad judía.
Le preguntaron: Maestro, Moisés nos enseñó lo siguiente: Si uno tiene un hermano casado que muere sin dejar familia, debe casarse con la viuda para darle un hijo que será el heredero del difunto.
Esta pregunta que los saduceos le hacen a Jesús, es con el ánimo de saber que piensa nuestro Señor de la resurrección.
Muchas veces nos preocupamos más por cosas insignificantes que por las cosas que en verdad son prioridad en nuestra vida, deberíamos de preocuparnos más por morir al pecado que llevamos dentro y así tener una nueva vida aquí en la tierra en Cristo Jesús, porque el pecado nos hace andar como muertos y esto nos hace pensar más en las cosas de este mundo que en las cosas celestiales, en Jn. 5,24 Jesús nos dice: En verdad les digo: El que escucha mi palabra y cree en el que me ha enviado, vive de vida eterna; ya no habrá juicio para él, porque ha pasado de la muerte a la vida.
Necesitamos alimentarnos de la palabra, para no morir por ignorancia, en Jn. 6,35 nuestro Señor nos dice: Yo soy el Pan de Vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre, el que cree en mí nunca tendrá sed.
¿De qué pan nos alimentamos? Del pan con levadura o el pan sin levadura, porque nuestro señor nos dice en Mt 16,6 Tengan cuidado y desconfíen de la levadura de los fariseos y de los saduceos.
Porque la levadura representa el pecado y nuestro Señor representa la vida sin pecado.
Jesús respondió: en este mundo los hombres y las mujeres se casan. Pero los que sean juzgados dignos de entrar al otro mundo y de resucitar de entre los muertos, ya no se casaran.
No debe de ser motivo de preocupación para nosotros, si en el cielo nos casaremos, si tendremos mama, papa, hermanos o hijos, no nos aferremos tanto a lo que vivimos en este mundo, pues sin creemos en Jesús, nuestro Padre celestial tiene cosas mucho mejores que lo que nuestra mente se puede imaginar, la palabra nos dice que seremos como ángeles.
En cuanto a saber si resucitan los muertos, ya Moisés lo dio a entender en el pasaje de la Zarza, en el que llama al Señor Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob.
La resurrección es importante en la vida de nosotros como cristianos, esto nos da a entender que si somos hijos de Dios, tenemos esa esperanza, de que nuestra vida no queda en la muerte, aspiramos a algo más, como nos dice nuestro Señor en Jn. 11,25 Jesús dijo: Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque muera vivirá, el que vive por la fe en mí, no morirá para siempre.
Cristo Jesús murió por cada uno de nosotros y resucito al tercer día y esta es la certeza de la fe que tenemos en él, como dice Rom. 8,11 Y si el Espíritu de aquel que resucito a Cristo de entre los muertos está en ustedes, el que resucito a Jesús de entre los muertos dará también vida a sus cuerpos mortales; lo hará por medio de su Espíritu que ya habita en ustedes.
Ahora bien, Dios nos es un Dios de muertos, sino de vivos; para el todos viven.
Jesús como nuestro Pastor nos dice que el ladrón solo viene a robar, a matar y a destruir, en cambio él nos dice que vino para que tuviéramos vida y seamos colmados, dejemos pues de preocuparnos y gocémonos en el Señor, pues como nos dice: Mt 4,4 el hombre no solo vive de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
Esta es la Buena Nueva que nos trajo nuestro Señor, el anuncio de su palabra que permanece para siempre y que solo en él está la Vida.

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La Palabra Meditada - XXXI Domingo Ordinario - Ciclo C

San Lucas 19,1 – 10

Llegando a Jericó, pasaba Jesús por la ciudad.
Cada vez que nuestro Señor iba a un lugar lo hacía con un propósito, el solo se dejaba guiar por el Espíritu Santo para hacer la voluntad de Dios.
Nosotros no hemos venido a este mundo por casualidad o por un error, Dios nos ha enviado para cumplir con un propósito, Jer 1,5 nos dice: Antes de formarte en el seno de tu madre, ya te conocía; antes de que tú nacieras, yo te consagre, y te destine a ser profeta de naciones.
Así es que con el espíritu de Dios que mora dentro de nosotros, en el lugar donde nos encontremos o al lugar donde vayamos, tratemos de dar testimonio de todo el amor y la gracia que Dios nos ha dado a nuestros semejantes.
Allí había un hombre llamado Zaqueo. Era jefe de los cobradores de impuesto y muy rico. Quería ver cómo era Jesús, pero no alcanzaba en medio de tanta gente, por ser de baja estatura.
Aquí vemos que no somos nosotros los que buscamos a Jesús, es el que viene especialmente por nosotros, y no le importa nuestra condición de pecadores, el viene a sembrar la buena semilla en nuestros corazones.
Entonces corrió adelante y se subió a un árbol para verlo cuando pasara por ahí.
La actitud de Zaqueo es algo que deberíamos de imitar, pues muchas veces como cristianos somos muy conformista no nos esforzamos, somos muy acomodados, Jos. 1,8-9 nos dice: leerás continuamente el libro de esta ley y lo meditaras para actuar en todo según lo que dice. Así se cumplirán tus planes y tendrás éxito en todo. Yo soy quien te manda; esfuérzate, pues, y se valiente. No temas ni te asustes, porque contigo esta Yave, tu Dios a dondequiera que vayas.
Cuando llego a ese lugar, Jesús levanto los ojos y dijo: Zaqueo baja pronto, porque hoy tengo que quedarme en tu casa.
Si estas atravesando por una situación difícil, estas triste y desencajado, es hora de que te levantes, porque Jesús tiene los ojos puestos sobre cada uno de nosotros y nos dice como a Zaqueo que bajemos pronto de ahí, él está en la puerta de nuestro corazón y desea que le abramos.
Todos entonces se pusieron a criticar y a decir: se fue a alojar en casa de un pecador.
Por lo general nos volvemos como jueces y por nuestra ignorancia queremos juzgar y decir quién es bueno y quien es pecador, vale más que no estamos en manos de hombres, es nuestro Señor quien toma la bendita decisión de acogernos, porque a él no le interesa si somos indignos, lo que desea es que volvamos al camino verdadero.
Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y a quien he exigido algo injustamente le devolveré cuatro veces más.
Zaqueo conoce a Jesús y sin que nuestro Señor le reclame algo, el mira su pecado y ve lo injusto que ha sido y le dice al Señor como va actuar en adelante, esto es lo que espera nuestro Señor de nosotros, después de decir que lo conocemos, que reconozcamos nuestros pecados y que aprendamos a ser justos y verdaderos con nuestro prójimo.
Jesús, pues, dijo a su respecto: hoy ha llegado la salvación a esta casa y lo reconoce también como un hijo de Abrahán.
Como nos dice Ef.2,8 Pues, por gracia de Dios han sido salvados por medio de la fe. Ustedes no tienen mérito en este asunto: es un don de Dios.
El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido.
Este texto es claro porque vemos que Jesús no vino al mundo a condenarnos o a reclamarnos algo, vino a demostrarnos el amor tan grande de nuestro Padre celestial, como nos dice Jn. 3,16 Tanto amo Dios al mundo que entrego a su Hijo Único, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.

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La Palabra Meditada - XXX Domingo Ordinario - Ciclo C

San Lucas 18,9 – 14

Puso además esta comparación por algunos que estaban convencidos de ser justos y que despreciaban a los demás.
Los fariseos se esmeraban por cumplir los mandamientos de Dios, pero a la hora de ponerlos en práctica era un testimonio diferente, pero solo por el hecho de cumplir con la ley ellos se consideraban justos.
Hay hermanos que se afanan por andar en un servilismo religioso y por andar en esto llegan incluso a descuidar a su familia, no conocen, ni hacen la voluntad de Dios y a la hora de confesarse no saben que decir, porque siente que no cometen errores, nosotros debemos de tener mucho cuidado con este tipo de hermanos, porque como nuestro Señor nos dice en Mt 23,3 Hagan y cumplan todo lo que les dicen, pero no los imiten, ya que ellos enseñan y no cumplen.
Dos hombres subieron al templo a orar, uno era fariseo y el otro publicano.
Ya hemos dicho lo que eran los fariseos y como nuestro Señor hacia énfasis a sus discípulos de que tuvieran cuidado con ellos, los publicanos eran los encargados de recaudar los impuestos para el imperio de roma y a su vez se hacían ricos ellos, pues hostigaban al pueblo para que pagara y le subían a la tarifa para así ganarse la vida, uno de estos recaudadores de impuesto era Mateo, quien fue llamado por nuestro Señor para seguirlo, Mt 9,9
El fariseo, de pie, oraba en su interior de esta manera: Oh, Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos, adúlteros, o como ese publicano que está allí. Ayuno dos veces por semana, doy la décima parte de lo de todo lo que tengo.
Esta es la oración de un hombre que se consideraba bueno y bueno solo es Dios, él dice que ayuna dos veces por semana, el Señor no desea de nuestros sacrificios, como nos dice Os 6,6 Yo quiero amor, no sacrificios, y conocimiento de Dios, más que victimas consumidas por el fuego.
También le dice a Dios que le entrega la décima parte de todo lo que tiene, todo cuanto tenemos es por gracia de Dios y no es porque no esforcemos menos o más, Dios no necesita que le demos, pues todo es de él, nuestro Padre lo que desea es que los demos a los demás, ya sea en lo mucho o en lo poco, así nos dice 1Jn.3,18 Hijitos, no amemos con puras palabras y de labios afuera, sino verdaderamente y con obras. Esto nos dará la certeza de que somos de la verdad y se tranquilizara nuestra conciencia delante de él.
El publicano, en cambio, se quedaba atrás y no se atrevía a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios mío ten piedad de mí que soy un pecador.
Nuestro Padre sabe muy bien todo lo que hacemos y que no es de su agrado, y no nos cuestiona, el deja que por nosotros mismos reconozcamos nuestras faltas, en Is 57,15 nos dice: Yo vivo en lo alto y me quedo en mi santidad, pero también estoy con el hombre arrepentido y humillado, para reanimar el espíritu de los humildes y alertar los corazones arrepentidos.
Yo les digo que este último estaba en gracia de Dios cuando volvió a su casa, pero el fariseo no. Porque todo hombre que se hace grande será humillado, y el que se humille será hecho grande.
Qué grande es el amor y la misericordia de Dios, aprendamos de nuestro Señor Jesús que era manso y humilde de corazón, por eso lo engrandeció como nos dice Fil 2,9-11 Por eso Dios lo engrandeció y le concedió el Nombre que esta sobre todo nombre, para que, ante el Nombre de Jesús, todos se arrodillen, en los cielos, en la tierra y entre los muertos. Y toda lengua proclame que Cristo Jesús es el Señor, para la gloria de Dios Padre.

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La Palabra Meditada - XXIX Domingo Ordinario - Ciclo C

San Lucas 18,1 – 8

Jesús les propuso este ejemplo sobre la necesidad de orar siempre, sin desanimarse jamás.
Dios Padre es el creador y nos creó a su imagen y semejanza, por tanto nos conoce bien, lo sabe todo y solo él tiene palabras de vida eterna, mientras estamos en este mundo, ya sea que estemos bien o estemos pasando por una prueba, necesitamos estar muy apegados a él siempre, es decir necesitamos estar en constante dialogo con Dios, porque solo él tiene la respuesta para cada necesidad que tengamos.
Cuando le pedimos algo a nuestro Padre, debemos de tener dos cosas muy claras, una de ellas es el dejar que se haga siempre su voluntad, pues Dios tiene un propósito para cada uno de nosotros y todo lo que él hace es para bien de los que lo aman, por tanto debemos de ser sumisos y como nos dice la oración del Padre nuestro en Mt 9,10 debemos de dejar que se haga su voluntad en la tierra como en el cielo.
Y la segunda es que al momento de pedirle algo, tenemos que hacerlo con mucha Fe, pero el tener fe no solo significa creer en Dios, como nos dice en Mc. 9,23 Jesús le dijo: ¿Por qué dices si puedes? Todo es posible para el que cree. Al instante el padre grito Creo, ¡pero ayuda mi poca fe!
Nuestra fe puede debilitarse o aumentarse de acuerdo a la obediencia y la fidelidad que tengamos en Dios y esto solo lo logramos escuchando y meditando su palabra, como nos dice 1Co. 2,4-5 Mis palabras y mis predicaciones no tenían brillo, ni artificio para seducir a los oyentes. Pero si, se manifestó el Espíritu con su poder, para que ustedes creyeran, no ya por la sabiduría de un hombre sino por el poder de Dios.
Jesús nos llama a no desanimarnos jamás, pues él conoce bien nuestras necesidades y sabe el momento preciso en que serán cubiertas, lo que tenemos que tener bien presente es que nuestro tiempo no es el tiempo de Dios, solo nos queda confiar en el Señor, el Sal 37,4-5 nos dice: Pon tu alegría en el Señor, el hará lo que desea tu corazón. Pon tu porvenir en manos del Señor, confía en él y déjalo actuar.
El Señor nos pone un ejemplo de un juez que no creía en Dios ni le importaba nada, con una viuda que deseaba justicia y que le insistía tanto al juez, que este al final decide ayudarla, con tal de que no lo siga molestando.
De igual manera Dios sabe que somos sus hijos elegidos, quiere que seamos insistentes como esta viuda, que le clamemos ha el de día y de noche, como dice Ef. 6,18 Vivan orando y suplicando. Oren en todo tiempo según les inspire el Espíritu. Velen en común y prosigan sus oraciones sin desanimarse nunca, intercediendo a favor de todos los hermanos.
Todo lo contrario; pues les aseguro que Dios hará justicia a favor de ellos, y lo hará pronto.
Dios nos hace la promesa que no quedaremos desamparados, si confiamos en él, en Is 41,10 nos dice: No temas, pues yo estoy contigo, no mires con desconfianza, pues yo soy tu Dios, y yo te doy fuerzas, yo soy tu auxilio y con mi diestra victoriosa te sostendré.
Pero, cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallara fe en la tierra?
Las riquezas, el constante afán, y la nueva tecnología que avanza cada día más, hacen que nuestra fe se vaya enfriando, ante esta pregunta necesitamos pedirle a Dios que nos de ese don de la fe, pues como nos dice: 1Tim 6 11-12 Tu, hombre de Dios, huye de todo eso. Procura ser religioso y justo. Vive con fe y amor, constancia y bondad. Da el buen combate de la fe, conquista la vida eterna a la que has sido llamado.

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La Palabra Meditada - XXVIII Domingo Ordinario - Ciclo C

San Lucas 17, 11 – 19

De camino a Jerusalén, Jesús pasó por los límites de Samaria y Galilea. Al entrar a un pueblo, diez hombres leprosos le salieron al encuentro. Se quedaron a cierta distancia.
Jesús siempre recorría los pueblos y aldeas, porque sabía que siempre iba a encontrar una necesidad de alguien, como nos dice Mc 2,17 Cuando Jesús oyó esto, les dijo: No son los sanos los que necesitan al médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.
Muchos queremos ser sanos o salvos, pero no tratamos de encontrar al Señor, y humillarnos ante su presencia como lo hicieron estos diez leprosos que le gritaban que tuviera compasión de ellos.
Jesús les dijo vallan a presentarse a los sacerdotes. Mientras iban, quedaron sanos, esto lo hacía Jesús para que se confirmara el milagro, vemos que de estos diez leprosos solo uno regresa donde él, este no solo se sano sino que también se salvo, en cambio los otros nueve, fueron sanados pero es muy difícil que hayan sido salvados, porque les interesaba más la añadidura que la
Justicia y el Reino de Dios.
Debemos darle gracias a Dios en todo momento, honrarlo y glorificarle, porque él ha venido por cada uno de nosotros para que seamos felices y a demostrarnos que para el somos muy importantes sin tomar en cuenta la condición en que nos ha encontrado.
Que nos interesa más la sanación o la salvación, porque si buscamos tener buena salud y prosperidad toda la vida y no buscamos el reino de Dios, hasta aquí llegamos, todo azul, todo suave pero sin vida eterna, es necesario dejar de renegar a cada instante por lo que nos hace falta, solo pensemos si lo tenemos a él, con el somos más que victoriosos, el nos conoce dice la palabra hasta por nuestro nombre, él sabe el número de cabellos que tenemos cada uno, no nos conformemos solo con darle gracias, tratemos en lo que nos sea posible de ayudar a otros hermanos, que han estado en la misma situación de nosotros o peor, demostrémosle que Cristo Jesús a tocado nuestras vidas y que de ahora en adelante todo es ganancia, porque ahora sabemos que nada ni nadie nos apartara del amor de Dios que encontramos en Cristo Jesús, somos criaturas nuevas que hemos dejados nuestras vestiduras viejas.
Jesús nos llama a levantarnos, ha estar despiertos ante la palabra pues solo ella nos va a mantener firmes en la fe, su palabra es palabra de vida eterna y como dicen las Escrituras que sin fe es imposible agradar a Dios.
Todos hemos tenido algún tipo de lepra espiritual en nuestra vida, manchas que no vienen de Dios, sino de estarnos contaminando con los placeres de este mundo, pero Dios en su infinita misericordia no mando a nuestro Señor Jesucristo para condenarnos, sino mas bien para ser sanos y salvos, pero si creemos en el de corazón y lo aceptamos como nuestro Señor y salvador.
Acércate al Señor y permanece en él, y veras que en tu vida y en las que te rodean sucederán cosas grandes y maravillosas, que tu mente jamás te lo podrá imaginar.

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