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La Palabra Meditada - XXI Domingo Ordinario - Ciclo C

San Lucas 13,22 – 30

Iba Jesús enseñando por ciudades y pueblos mientras se dirigía a Jerusalén.
Como iglesia peregrina aquí en la tierra debemos de anunciar la palabra, a ejemplo de nuestro Señor, sabemos que las cosas malas cada vez van en aumento, esto hace que la fe de muchos se enfrié, porque están pasando por momentos de injusticias o de mucha angustia, pero muchos de nosotros nos volvemos inmutables ante el dolor ajeno, Ap. 3,2-3 nos dice: Despiértate y reanima lo que todavía no ha muerto. En realidad delante de mi Dios encuentro muy imperfectas tus obras. Recuerda la enseñanza que recibiste; guárdala y cambia de conducta. Pues si no estás despierto, vendré como un ladrón sin que tú sepas a qué hora.
Alguien le pregunto: Señor, ¿es verdad que pocos hombres se salvaran? Jesús respondió: Esfuércense por entrar por la puerta angosta, porque yo les digo que muchos trataran de entrar y no lo lograran.
Estamos en días en que como cristianos, queremos estar en las cosas de la iglesia y gozar de la vida a nuestra manera, tenemos los deseos del espíritu, pero también no queremos dejar los deseos de la carne que es débil y a la larga nos puede llevar a la perdición, para no dejarnos engañar Gal 5,19 nos hace ver los deseos de la carne: Libertad sexual, impurezas y desvergüenzas; culto de los ídolos y magia; odios, celos y violencia; furores, ambiciones, divisiones, sectarismos, desavenencias y envidias; borracheras, orgias y cosas semejantes.
Debemos de esforzarnos para cortar estos o algunos de estos deseos de la carne que podamos tener, para así empezar actuar conforme la voluntad del Señor, sé que esto no resulta fácil, pero con la fuerza del Señor nada es imposible, el deseo de entrar por la puerta angosta, es el deseo de seguir a Jesús y ser salvos, por eso él nos dice en Lc.9,23 Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz de cada día y me siga.
Cuando el dueño de casa se decida a cerrar la puerta, ustedes quedaran afueran y se pondrán a golpear, diciendo: ¡Señor ábrenos! Pero el contestara: No sé de donde son ustedes.
Somos muchos los que hemos sido llamados por nuestro Señor, pero si no estamos siendo obedientes, humildes y prestos a guardar sus mandatos, al momento de cerrar la puerta será muy difícil que seamos reconocidos.
Entonces ustedes comenzaran a decir: Nosotros comimos y bebimos contigo, tú enseñaste en nuestras plazas.
No es el hecho de pasar todo el día en la iglesia o el de estar escuchando su palabra o el de creernos buenos y no le hacemos mal a nadie, lo que va a marcar nuestra salvación, sino el hecho de haber nacido de nuevo, pero de las cosas de arriba Jn.3,7 y empezar a dar los frutos de una verdadera conversión, con nuestro testimonio de vida.
Dejemos de jugar hacer cristianos, no nos engañemos a nosotros mismos, busquemos esa verdadera conversión, la palabra nos dice en Heb 10,22-23 Acerquémonos, pues, con corazón sincero, con plena fe, limpios interiormente de todo lo que mancha la conciencia, y con el cuerpo lavado con agua pura. Sigamos profesando nuestra esperanza sin que nada nos pueda conmover, ya que es digno de confianza Aquel que se comprometió.
Nadie sabe el día, ni la fecha, pero lo que sí sabemos es que mientras hay vida hay esperanza, tratemos pues de prepararnos para que cuando llegue ese momento estemos con la ropa de trabajo lista.

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La Palabra Meditada - XX Domingo Ordinario - Ciclo C

San Lucas 12,49 – 53

Vine a traer fuego a la tierra, ¡y cuanto desearía que ya estuviera ardiendo!
Estas palabras de Nuestro Señor se siente fuertes, pero hay momentos en la vida que necesitamos que nos sacudan, que nos levanten, Ef.5,14 nos dice: Por eso se dice: Tú que duermes, despiértate, levántate de entre los muertos, y la luz de Cristo Brillara sobre ti.
Jesús desea que su evangelio ya esté actuando en nuestras vidas, como un fuego que nos purifica, que empiece a limpiarnos y a quemar todas esas cosas que no son del agrado de Dios, así como será quemada la cizaña, o aquellas ramas que están pegadas a la Vid verdadera pero que no dan fruto, Jn. 15,6 Nos dice: El que no se quede en mí, será arrojado afuera y se secara como ramas muertas, hay que recogerlas y echarlas al fuego, donde arden.
No podemos seguir solo escuchando palabra y seguir la vida, sin hacer ningún cambio, recordemos que la palabra de Dios es viva y eficaz, si abrimos la puerta de nuestros corazones ella por si misma empieza a actuar y es cuando ocurre la verdadera conversión. Muchos cristianos nos creemos convertidos, pero la palabra de Dios nos dice por sus frutos los conoceréis.
Pero también he de recibir un bautismo y ¡que angustia siento hasta que se haya cumplido!
Jesús iba a pasar por la prueba de entregar su vida y el mismo dice que angustia ciento, claro en él se estaba marcando el pacto de la nueva alianza, en él se recargan todas las generaciones para la salvación de la humanidad, por un hombre entro el pecado al mundo, por un hombre entro también la salvación, la esperanza de reconciliarnos de nuevo con Dios, de no vivir más como esclavos, sino como hombres libres destinados a amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo.
¿Creen ustedes que yo vine para establecer la paz en la tierra? Les digo que no, sino la división.
Con estas palabras Jesús desea que nos definamos, en la tierra hay división entre el bien y el mal, entre los que aman a Dios y los que aman las cosas de este mundo y estas dos fuerzas nunca se podrán unir, son dos amos y somos nosotros los que decidimos, nuestra manera de vivir.
Nuestro Señor no es que quiera causar división en la familia, lo que él dice es que no es digno de mí, el que ama más a un ser en la tierra más que a él, Mt 10,37 y el versículo 38 nos dice: No es digno de mí el que no toma su cruz para seguirme.
Debemos de estar seguros de lo que queremos y a quien seguimos, pero no podemos llamarnos cristianos y querer estar con Dios y con los afanes de este mundo, por este camino lo que estamos haciendo es que nos estamos apartando de la presencia de Dios, porque nos comportamos como hombres acomodados a donde mejor nos vayan saliendo las cosas, nos comportamos como hipócritas, como tibios, y de esa manera Dios nos vomitara.
Debemos pues de ser verdaderos adoradores y aspirar siempre a las cosas de arriba, Jn. 15,23-24 nos dice: Pero llega la hora, y ya estamos en ella, en que los verdaderos adoradores adoraran al Padre en espíritu y en verdad. Son esos adoradores a los que busca el Padre.

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La Palabra Meditada - XIX Domingo Ordinario - Ciclo C

San Lucas 12,32 – 48

No teman pequeño rebaño, porque al Padre de ustedes le agrado darles el Reino.
Nuestro Señor nos hace un llamado a no tener miedo, porque este no es de Dios y si estamos con él quien contra nosotros, él nos hace ver en este versículo que al Padre le agrado darnos el Reino, es decir que este no lo obtenemos por nuestros propios méritos, sino solo mediante el amor y la gracia de los que pertenecemos al rebaño de nuestro Señor Jesús, por eso nos recuerda, que debemos de aspirar por las cosas celestiales, pues solo esta nos conducen a la vida eterna, sabemos que ese camino nos es sencillo, pero si de verdad le amamos debemos esforzarnos, por estar un día ante su presencia, este es el mayor tesoro y es ahí donde debe estar nuestro corazón.
Tengan puesta la ropa de trabajo, y que sus lámparas estén encendidas.
Debemos de tener listo nuestro espíritu y estar alertas, 1Tes 5,6-8 nos dice: No somos de la noche ni de las tinieblas. No nos quedemos, pues, dormidos como los otros, sino que permanezcamos sobrios y despiertos. Nosotros al revés por ser los hombres del día, seamos sobrios, revistámonos de la fe y del amor como una coraza, y será nuestro casco la esperanza de la salvación.
Felices los sirvientes a los cuales el patrón encuentre velando cuando llegue.
Estas son bienaventuranzas para los que están sirviendo, esta felicidad la recibirán los que siempre están en vela, es decir no importa la hora, siempre están orando, anunciando el evangelio y compartiendo el amor y la caridad con aquellos que más necesitan.
El mismo se pondrá el delantal, los hará sentarse a su mesa y los servirá uno por uno.
Solo nos recuerda lo que Nuestro Señor Jesús hizo, Jn. 13,4-5 Se levantó mientras cenaba, se quitó el manto, se ató una toalla a la cintura y echo agua en un recipiente. Luego se puso a lavarles los pies a sus discípulos y se los secaba con la toalla.
Ustedes también estén preparados, porque en el momento menos pensado vendrá el Hijo del Hombre.
Nadie sabe la hora ni la fecha cuando Jesús venga de nuevo, pero esta palabra nos hace ver, que si nos preparamos para otras cosas, que a la larga no nos va a sumar en nada, porque no prepararnos en meditar la palabra de Dios y ponerla en práctica, Jn.14,23 nos dice: Jesús respondió: Si alguien me ama, guardara mis palabras, y mi Padre lo amara y vendremos a él para hacer nuestra morada en él.
¿Cuál es entonces el mayordomo fiel e inteligente que el patrón pondrá al frente de sus sirvientes para repartirles a su debido tiempo la ración de trigo?
El mayordomo fiel e inteligente es aquel que hace la voluntad de Dios, así como lo hizo nuestro Señor Jesús, que se olvidó de sí mismo y vino a este mundo en amor, obediencia y humildad a servir y no hacer servido, Jesús promete felicidad para ese servidor que se encuentre ocupado por las cosas del Reino, a ese servidor que no hace las cosas como una obligación, sino que lo hace con mucho amor y alegría, sabiendo de antemano que solo el hecho de estar con Cristo todo es ganancia que perdura para siempre y sabe que hay que trabajar con muchos hermanos, para que ellos también se gocen ya de antemano de las cosas del Reino aquí en la tierra.
Es normal que el que no haga la voluntad de nuestro Padre aquí en la tierra será castigado, 2Tes1,9 nos dice: serán condenados a la perdición eterna lejos del rostro del Señor y de su poderosa gloria.
Al que se le ha dado mucho se le exigirá mucho, y al que se le ha confiado mucho se le pedirá más aún.
Cada uno de nosotros sabemos lo que Dios nos ha dado, por eso debemos de ser buenos administradores para la misión a la que hemos sido enviados.

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La Palabra Meditada - Domingo Ordinario - Ciclo C

San Lucas 12,13 – 21

Él le contesto: Amigo, ¿Quién me ha hecho juez o partidor de herencias entre ustedes?
Jesús no vino al mundo para que le pidamos por cosas terrenales, el vino para liberarnos del mundo de pecado en que vivimos, 1Tim 2,4-5 dice: Pues él quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Único es Dios, único también es el mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús verdadero hombre.
Después les dijo: eviten con gran cuidado toda clase de codicia, porque, aunque uno lo tenga todo, no son sus pertenencias las que le dan vida.
La codicia o avaricia está considerado como un pecado capital y es el deseo desordenado y excesivo de poseer riquezas para atesorarlas.
La vida no está en el poseer, la vida está en Cristo Jesús, para eso vino a este mundo para que tuviéramos vida y en abundancia Jn.10,10
Dios es el dueño de todo y el da riquezas de toda clase, pero él las da para compartirlas, para que todos necesitemos de todos y nos sintamos libres, la codicia por el contrario nos hace esclavos, Sir 31,7 dice: El dinero es una trampa para aquellos que lo sirven y los que no piensan se dejan atrapar.
Como cristianos nuestra verdadera preocupación debe ser el anuncio del evangelio y no el de estar atesorando bienes en la tierra, porque todo pasara pero la palabra de Dios permanece, Mt 6,20-21 dice: acumulen tesoros en el Cielo, donde ni la polilla ni el gusano lo echan a perder, ni hay ladrones para saltar el muro y robar. Pues donde están tus riquezas ahí también estará tu corazón.
Son muchos los que se afanan por tener bienes, pero si no los comparten y disfrutan otros lo harán y que triste es estar trabajando toda la vida, pretendiendo que con los bienes tendremos seguridad, Sir 14,3-4 Dice: Al avaro no le sienta bien la riqueza; tampoco los bienes al envidioso. El que atesora a costa de privaciones, atesora para los demás, otros gozaran de sus bienes.
Debemos de estar seguros de saber en qué estamos depositando nuestra confianza, si en el dinero o en Dios, porque la palabra nos dice que no podemos tener dos amos a la vez.
Si ponemos nuestra confianza en el dinero, la palabra nos dice que la raíz de todos los males es el amor al dinero 1T 6,10 en cambio si ponemos nuestra confianza en Dios él nos dice que no debemos de preocuparnos por nada, más que por buscar el Reino de Dios y su Justicia y todo lo demás nos vendrá por añadidura.
Por un lado está la esclavitud y por el otro, el ser libres, felices y tener vida eterna, Dios no nos obliga a escoger, por eso él nos dice: Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguien escucha mi voz y me abre, entrare a su casa a comer. Yo con él y el conmigo. Ap.3,20
Cualquiera de los dos caminos que escojamos, es Dios el que al final reclama el alma, pero él no desea que lo hagamos como unos tontos, el desea que lo hagamos como seres responsables, por eso es que debemos de trabajar por su Reino, para que no se sigan perdiendo más almas, pues todos somos hermanos y fuimos creados por el mismo y único Dios, esto solo lo podemos lograr con el amor, por eso Jesús nos dijo: amar a Dios por sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo.

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La Palabra Meditada - XVIII Domingo Ordinario - Ciclo C

San Lucas 11,1 - 13

Nuestro Señor Jesús nos dice la forma de cómo debemos de orar.
Padre Nuestro, ósea que es el Padre de todos, porque todos somos sus hijos, él nos creó y de él venimos y no porque seamos pecadores nos deja de querer, él nos ama, pero aborrece el pecado que está dentro de nosotros.
Que estas en el Cielo, siempre él va a estar arriba, por encima de todos, en su santísimo trono, como nuestro creador y único Dios, Ap. 21,5
Santificado sea tu Nombre, nos habla de su pureza, en el no existe el pecado, solo la verdad, por eso él nos dice, sean santos como Yo lo soy, y la palabra nos dice que sin santidad nadie vera al Señor, Heb 12,14
Venga a nosotros tu Reino, si es muy necesario que venga su reino a nuestras vidas, que está llena de confusiones, temores y mucha frialdad, nuestro Señor nos decía el Reino de los Cielos ha llegado Mr. 1,15 y está entre ustedes, por eso nos dice, venga a mí los cansados y agobiados, porque yo los aliviare.
Danos hoy nuestro pan de cada día, necesitamos mucho de ese pan, el pueblo de Israel tenía hambre en el desierto y Dios le dio de comer mandándoles el mana, nuestro Señor Jesús nos dice, Yo soy el pan de vida, el que viene a mí nunca tendrá hambre, el es el que alimentan nuestro espíritu y nos da vida. Jn. 6,35
Perdona nuestros pecados, estas tres frases ¡cuando no tenemos conciencia! se nos hace bien fácil pedirle perdón a cada instante a nuestro Padre, pero cuando añadimos, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, se vuelve más difícil porque no somos muy dados a perdonar, es bien contradictorio, sabemos que estamos pecando a cada instante, ya sea de palabra, obra u omisión ante nuestro Padre , pero no queremos perdonar a nuestro prójimo, la palabra nos dice bien claro que si perdonamos las ofensas de los hombres, también el Padre celestial nos perdona en Cristo Ef. 4,32 pero si no perdonamos las ofensas de los hombres, tampoco el Padre nos perdonara.
Y no nos dejes caer en la prueba, necesitamos angustiosamente que nuestro Padre, nos ayude a no estar cometiendo siempre los mismos errores, pero también necesitamos poner de nuestra parte, ayúdate que te ayudare, debemos levantarnos, porque Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, así que esforcémonos y seamos valientes.
Pues yo les digo: Pidan y se les dará, busquen y hallaran, llamen a la puerta y les abrirán.
Nuestro Señor nos llama a pedir, y que no nos cansemos de hacerlo, por eso nos pone el ejemplo de la parábola del amigo, a nuestro Padre le agrada que le pidamos, pero claro a él le agrada que le pidamos más de las cosas espirituales, porque si estamos pendientes de sus cosas, él nos dice que no nos preocupemos, porque todo lo demás nos vendrán por añadidura, y antes que le pidamos algo, él ya lo sabe Mt 6,8 y nos las va a conceder de acuerdo a nuestras prioridades y nos deja bien claro el siguiente mensaje: Por lo tanto, si ustedes que son malos saben dar cosas buenas a sus hijos, cuanto más el, pues en su amor no tiene límites para sus hijos, como nos dice Jn. 3,16 Tanto amo Dios al mundo que entrego su hijo único, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.
Si le queremos pedir a Dios, hagámoslo con humildad, de corazón y con confianza, pues la palabra nos dice Mt 21,22 Todo lo que pidan con una oración llena de fe, lo conseguirán.

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La Palabra Meditada - XVI Domingo Ordinario - Ciclo C

San Lucas 10,38 – 42

Yendo de camino, entro Jesús en un pueblo y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.
Cada vez que nuestro Señor caminaba, era un testimonio vivo de Dios en la tierra y de cómo tenia bien definida la misión por la que venía.
Como cristianos es lo que debemos de reflejar cuando caminamos, un verdadero testimonio de lo que es ahora nuestra vida, debemos de reflejar lo que son los frutos del Espíritu Gal 5,22-23 Caridad, alegría, y paz; paciencia, comprensión de los demás, bondad y fidelidad; mansedumbre y dominio de sí mismo.
Una mujer llamada Marta lo recibió en su casa, pero esto no quiere decir que para Marta, Jesús era prioridad en su vida, muchos invitamos a Jesús a nuestra vida o nuestra casa, pero quizás somos iguales a Marta, que lo invitamos, pero no lo atendemos como se lo merece, porque tenemos a otro invitado llamado afán del mundo, Mt 6,24 dice: Ningún servidor puede quedarse con dos patrones, porque vera con malos ojos al primero y amara al otro, o bien preferirá al primero y no le gustara el segundo.
Cuando invitamos a Jesús es porque queremos que él tome el control de todo, hemos decidido que el ilumine nuestra vida y que nos conduzca por el camino de la verdad, que es el mismo camino hacia la santidad y aunque tengamos caídas, estamos seguros que nada nos apartara de su amor, Rom. 8.38-39 nos dice: estoy seguro que ni la muerte , ni la vida, ni los ángeles, ni los poderes celestiales, ni el presente, ni el futuro, ni las fuerzas del universo, sea de los cielos ,sean de los abismos, ni criatura alguna, podrá apartarnos del amor de Dios, que encontramos en Cristo Jesús nuestro Señor.
Tenía esta una hermana de nombre María, que se sentó a los pies del Señor para escuchar su palabra.
María que había sido una mujer pecadora, sabía que nuestro Señor la había rescatado de ese mundo en que vivía, ahora lo que más le interesaba, era escuchar la palabra del Señor, pues sabía que después de haber sido esclava del pecado, solo la palabra del Señor la hacía sentirse libre, Heb 4,12 dice: En efecto la Palabra de Dios es viva y eficaz, más penetrante que espada de doble filo. Penetra hasta la raíz del alma y del espíritu, sondeando los huesos y los tuétanos para probar los deseos y los pensamientos más íntimos.
Marta, en cambio, estaba muy ocupada con los muchos quehaceres.
No estamos diciendo que Marta era una mala mujer, sino que Marta es el reflejo de muchos cristianos de hoy día; que como sus pecados no los consideran tan graves, no se toman ese tiempo de contemplar más al Señor, de preocuparse por conocerlo y vivirlo, que realmente ocupe el primer lugar en la vida de cada uno, y esto es lo que Jesús desea de nosotros, recalcamos lo que nos dice Mt 10,37-38 No es digno de mí el que ama a su padre o a su madre más que a mí; no es digno de mí el que ama a su hijo o hija más que a mí. No es digno de mí el que no toma a su cruz para seguirme.
Pero el Señor le respondió: Marta, Marta, tú te inquietas y te preocupas por muchas cosas. En realidad, una sola es necesaria. María escogió la parte mejor, la que no le será quitada.
Ya nuestro Señor nos ha dicho, que no nos preocupemos y que busquemos primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás nos vendrá por añadidura, la pregunta que debemos de meditar es ¿Qué parte estamos eligiendo? Pues la vida en la tierra solo se vive una vez, pero si estas con el Señor, tienes vida para siempre, Ap. 21,4 Dice: Enjuagara toda lágrima de sus ojos y ya no existirá ni muerte, ni duelo, ni gemidos, ni pena porque todo lo anterior ha pasado.

 

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