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La Palabra Meditada - XI Domingo Ordinario - Ciclo C

San Lucas 7,36.8,3

La lectura nos dice que un fariseo invita a Jesús a comer a su casa, se llamaba Simón, como ustedes saben los fariseos era un grupo considerado defensor de la ley mosaica y para ellos cualquier persona que no cumplía con lo que ellos decían era considerado un pecador y como ellos estaban en la ley se consideraban Buenos, existen dos tipos de personas que se consideran buenos, uno son los que dicen que no necesitan de ir a la iglesia, porque ellos son buenos, no le hacen mal a nadie y ellos platican directamente con Dios y el otro, son cierto número de personas que por creer que están metidos en la iglesia ya son buenos, pero su testimonio está fuera de la realidad, como nos lo narra Mc 10,17-18 Jesús estaba a punto de partir, cuando uno corrió a su encuentro, se arrodillo delante de él y le pregunto: Maestro bueno, ¿Qué tengo que hacer para alcanzar la vida eterna? Jesús le respondió: ¿porque me llamas bueno? Uno solo es bueno y ese es Dios.

Uno de los peligros de creernos buenos es que nos volvemos como Jueces, como lo eran los fariseos y al volvernos jueces, le estamos quitando el mérito a nuestro Señor Jesús, que según nos dice la palabra en He 10,42 Y nos mandó a predicar al pueblo y a dar testimonio de que él fue puesto por Dios como Juez de vivos y muertos.

Nosotros como cristianos debemos de ser comprensivos con los demás y considerarlos como más dignos que nosotros y no despreciarlos, porque anden en un error, pues todos somos humanos y cada día que el Señor nos permite estar aquí en la tierra, estamos propensos a caer en tentación.

Nuestro Señor Jesús no vino a la tierra a condenarnos, sino que a salvarnos, por eso nosotros no debemos de condenar, ni maldecir a nadie, más bien debemos arrepentirnos cada día de nuestros pecados y pedirle al Señor perdón, tanto por nuestros pecados como los de muchos hermanos que todavía andan en ese mundo de tinieblas y orar con el corazón, como dice el Padre nuestro, para que el Señor no nos permita caer en la tentación y nos libre de todo mal.

Juana, mujer de cuza, administrador de Herodes, Susana, y varias otras que lo atendían con sus propios recursos.

Hablamos de las mujeres que acompañaban a nuestro señor Jesús, estas mujeres, al igual que sus discípulos lo habían dejado todo por seguir a Jesús y servirle, tal vez eran mujeres que estaban agradecidas con nuestro Señor por haberlas sanado o haber echado fuera espíritus malos, ellas cumplían con lo que Jesús decía en Mc 8,34 Luego llamo no solamente sus discípulos, sino que a toda la gente, y les dijo: Si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y sígame.

No solo era la gratitud que tenían con Jesús de seguirlo y atenderle, sino que cada vez que lo escuchaban era alimento puro y de vida eterna que recibían.

Nosotros debemos de imitar a estas mujeres, debemos de estar pendientes de todas las cosas que Jesús nos manda que cumplamos en su santa palabra, pues si le obedecemos seremos bendecidos junto con nuestros familiares y tener grabado en nuestra mente y corazón, como nos dice San Pablo, que con el todo es posible y con el somos más que vencedores.

Las cosas de este mundo pasaran, pero las del Reino de los Cielos son para siempre y hay todo será felicidad, si nosotros ya sabemos esto, debemos de anunciárselo a muchos hermanos, que todavía anda en la oscuridad, para que puedan ver esa luz, que nosotros vimos y se alimenten de esa palabra de vida eterna.

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La Palabra Meditada - X Domingo Ordinario - Ciclo C

San Lucas 7,11- 17

Jesús se dirigió poco después a un pueblo llamado Nain y con el iban sus discípulos y un pueblo numeroso.
Actualmente los seguidores de Jesús somos muy numerosos y debemos mantenernos unidos y firmes en la fe que depositamos en él, para que de esta forma no seamos esclavos de los deseos de la carne, por eso la palabra nos dice en Gal 5,1 Cristo nos liberó para que fuéramos realmente libres. Por eso, manténganse firmes y no se sometan de nuevo al yugo de la esclavitud.
Llevaban a enterrar a un hijo único cuya madre era viuda. Una buena parte de la población seguían al funeral.
No sabemos quién era esta madre, pero algo muy interesante es ver que gran parte de la población la acompañaba al funeral de su hijo, esto nos da a entender que era una viuda muy querida y respetada por gran parte de la población, así debemos de ser nosotros, debemos de darnos a los demás testificando de todo lo que está lleno nuestro corazón, no por esperar algo a cambio, porque con Cristo Jesús ya lo tenemos todos.
Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: No llores.
El Señor es compasivo y misericordioso y el al igual que esta madre, era también hijo único y María su madre también era viuda, quizás Jesús miraba en esta madre el dolor por el que iba a pasar María y lo conmovió.
También vemos hoy en día como muchas madres lloran de desesperación, al ver como sus hijos están muertos en el pecado y no ven la forma como rescatarlos, esto nos recuerda lo que nos dice Jesús en Lc. 23,28-29 Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloren por mí. Lloren más bien por ustedes mismas y por sus hijos. Porque está por llegar el día en que se dirá: Felices las madres sin hijos, felices las mujeres que no dieron a luz ni amamantaron.
¡Nos estamos nosotros compadeciendo del dolor por el que están pasando muchos hermanos!; porque la palabra compasión significa sufrir juntos, el cristiano está llamado a remediar, evitar y ayudar con el dolor de nuestro prójimo.
Después se acercó hasta tocar la camilla. Los que la llevaban se detuvieron. Dijo Jesús entonces: Joven te lo mando levántate.
Como cristianos cada día nos esforzamos por ir alcanzando la santidad, pero este caminar no es fácil y nos caemos, pero ahí está Jesús llamándonos por nuestro nombre y diciéndote levántate, porque te quiero y deseo para ti cosas mejores, así que esfuérzate y se valiente.
Y el muerto se sentó y se puso a hablar. Y Jesús se lo devolvió a su madre.
Una vez más Jesús nos demuestra su autoridad sobre la muerte, y los que estamos con el tenemos vida en él, de esta manera tenemos el poder para rescatar a muchos hermanos que andan en tinieblas, para que puedan ver la luz verdadera, esto mismo sucedió con muchos de nosotros, como nos dice Ef. 1,13 Ustedes también, al escuchar la Palabra de la Verdad, el Evangelio que los salva, creyeron en él, quedando sellados con el Espíritu Santo prometido.
El temor de Dios se apodero de todos, y lo alabaron con estas palabras: Es un gran profeta el que nos ha llegado; Dios ha visitado su pueblo.
Dios se acerca cada instante a nosotros y nos derrama muchas bendiciones, por eso no debemos de cansarnos de darle gracias, alabarlo y glorificarlo, pues él es nuestro Padre, el todo poderoso, el que vive y reina por los siglos de los siglos; el Soberano.

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La Palabra Meditada - Corpus Christi - Ciclo C

San Lucas 9,11- 17
Los apóstoles venían de su primer envió y Jesús quería irse a un lugar apartado con ellos para reposar, pero la gente lo seguía y Jesús los acogió, les hablo del Reino de Dios e hizo sanaciones, porque él para eso había de venir, nosotros nos ya hemos recibido ese envió, pero en vez de hacer la voluntad de Dios, acomodamos las cosas de Dios de acuerdo a nuestra conveniencia, y este es el producto de una conversión acomodada, y digo así porque aparentamos arrepentirnos de nuestros pecados, pero como seguimos jugando con él, y si no hay verdadera conversión, no habrá verdadera entrega hacia los demás, no hay verdaderos cristianos, la palabra nos dice en Lc. 16,2 Les digo hay mucho que cosechar, pero los obreros son pocos; por eso ruego al dueño de la cosecha que envié obrero su cosecha.
El día comenzaba a declinar. Los doce se acercaron para decirle. Despide a la gente. Que vayan a las aldeas y pueblecitos de los alrededores en busca de alojamiento y comida, porque aquí estamos en un lugar solitario.
Los discípulos estaban más preocupados por la gente, que por entender, que estaban con aquel que todo es posible, igual nos pasa a nosotros cuando enfrentamos problemas de diferente índole, se nos olvida que Dios mora en nosotros y es más grande que cualquier problema por eso debemos estar firmes en la fe, con el somos mas que victoriosos.
Jesús les contesto: denles ustedes mismo de comer. Ellos dijeron: No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a menos que fuéramos nosotros mismos a comprar alimentos para todo este gentío.
Jesús no les pedía que fueran a comprar alimentos, Jesús quería que ellos pusieran algo de su parte y el haría la otra parte, porque los milagros ocurren, cuando Dios ve en nosotros iniciativas, cuando nos ve que damos hasta donde nos duele, como nos dice Lc. 21,3-4 Y dijo Jesús: Créanme que esta pobre viuda deposito más que todos ellos. Porque todos dan a Dios de lo que les sobra. Ella, en cambio, tan indigente, hecho todo lo que tenía para vivir
Porque habían unos cinco mil hombres, pero Jesús dijo a sus discípulos: Háganlos sentarse de grupos de cincuenta. Así hicieron los discípulos y todos se sentaron.
Los discípulos no entendían lo que Jesús iba a hacer, pero ellos por obediencia y por fe hicieron todo cuanto él les pidió, esto pasa en nuestro diario vivir, nuestro Señor quiere realizar cosas en nuestra vida y en nuestra familia, pero sucede que en primer lugar no oímos, porque nuestros oídos están más en las cosas del mundo que en las cosas espirituales y en segundo lugar no somos muy dados a tener el habito de leer las escrituras, si leyéramos la escrituras escucharíamos la voz de Dios y le obedeceríamos y nos daríamos cuenta que él tiene cosas lindas y maravillosas para todos sus hijos, y es que al empaparnos más de su palabra nuestra fe se va acrecentando y simplemente ponemos nuestra vida en él, sabiendo que dé, el esperaremos todo lo mejor.
Jesús entonces tomo los cinco panes y los dos pescados, levanto los ojos al cielo, dijo la bendición, los partió y se los entregó a sus discípulos para que los distribuyeran a la gente.
Jesús da gracias por los alimento y los bendice, este es un anticipo de lo que llegaría hacer la instauración de la cena del Señor, que es la alianza nueva y definitiva mediante la cual nos reconciliamos con Dios, y que por la gracia de Cristo Jesús seremos saciados de todo su amor.

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La Palabra Meditada - Santísima Trinidad - Ciclo C

San Juan 16,12-15

Tengo muchas cosas más que decirles, pero ustedes no pueden entenderlas ahora.
Los discípulos no podían entender muchas cosas, porque era necesario que el Espíritu de Dios se encarnara dentro de ellos, pues solo con él es que podemos entender las cosas espirituales, es decir las cosas de arriba.
Y cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, los introducirá a la verdad total.
Mientras vivimos en la carne, es difícil ver la verdad que viene de Dios, y estos deseos de la carne siempre nos llevara a una rebeldía contra Dios, y por tanto a la muerte, cundo el Espíritu Santo mora en nosotros, somos guiados a la verdad, que nos hace libre, como nos dice Rom.8,6 la carne tiende a la muerte, mientras que el Espíritu se propone vida y paz.
Por tanto todo el que tiene vida y paz, ha pasado de las tinieblas a la luz, es decir hemos nacido de nuevo, ahora podemos reconocer de donde nos ha sacado Dios y como nos dice 1Jn.1,8-9 Si decimos: Nosotros no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos: y la Verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, el, por ser fiel y justo, nos perdonara nuestros pecados, y nos limpiara de toda mancha.
El no vendrá como un mensaje propio sino que les dirá lo que ha escuchado, y les anunciara las cosas futuras.
El espíritu Santo no solo es nuestro defensor y el que nos lleva a la verdad, también viene a continuar con el plan de salvación de toda la humanidad, nos dice la lectura también que nos anunciara cosas futuras, la palabra nos dice en 2P1,21 Ya que ninguna profecía proviene de una decisión humana, sino que los hombres de Dios hablaron, movidos por el Espíritu Santo.
Nosotros vemos en el día a día como los hombres empiezan a renegar de la fe y a ver las cosas anormales como normales y las normales como anormales y lo vemos gracias al Espíritu Santo, 1Tim 4,1 nos dice: EL Espíritu nos dice claramente que, en los últimos tiempo, algunos renegaran de la fe para seguir enseñanzas engañosas y doctrinas diabólicas.
Recordemos que somos templos del Espíritu Santo, por lo tanto mantengámonos firmes en la fe y dejémonos conducir por el Espíritu de Dios, Rom.8,14 nos dice: Pues todos aquellos a los que guía el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios.
Me glorificara porque recibirá de lo mío para revelárselo a ustedes.
Cada vez que el Espíritu santo nos manifiesta algo de Jesús, lo está glorificado, porque es en Jesús donde se manifiesta el amor más grande del Padre, para que se manifieste Jesús en nosotros primero debe de manifestarse el Espíritu Santo, en 1Co 12,3 nos dice: Ahora les digo que no es así con el Espíritu de Dios; ningún inspirado puede decir: Maldito sea Jesús. (Y tampoco nadie puede decir: Jesús es el Señor, sino es guiado por el Espíritu Santo.
Nosotros conocemos de Cristo Jesús, porque fue el Espíritu santo el que inspiro a los apóstoles a escribir, sus vivencia con Jesús y a proclamar las Buenas Nueva del Reino de Dios hasta nuestro días, por eso es de mucha importancia el estar atentos a la escucha de la palabra de Dios, porque como nos dice Rom.10,17 Por lo tanto, la fe nace de una predicación, y la predicación se arraiga en la palabra de Cristo.
Todo lo que tiene el Padre también es mío.
Con Jesús pasamos hacer coherederos del Reino de Dios y por el participaremos de la naturaleza divina, porque como nos dice él, en Jn.14,3 Pero, si me voy a prepararles un lugar, es que volveré y los llevare junto a mí, para que, donde yo estoy, estén también ustedes.

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La Palabra Meditada - Pentecostes - Ciclo C

San Juan 14,15-16.23-26

Si ustedes me aman, guardaran mis mandamientos.
Jesús nos dice que amarlo a él es guardar sus mandamientos, como sabemos Jesús no vino a abolir los mandamientos anteriores, sino que vino a darles forma y a perfeccionarlos en el amor, por eso cuando le preguntan cuál es el mandamiento más importante de la ley en Mt 22,37-39 Jesús respondió: Amaras al Señor tu Dios con toda tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primero y el más importante de los mandamientos. Y después viene otro semejante a este: Amaras a tu prójimo como a ti mismo.
La palabra guardar significa cumplir y el que cumple esta obedeciendo, muchos cumplen los mandamientos, pero como lo hacían los fariseos, simplemente por obedecer una ley, nosotros somos capaces de hacerlo todo, pero si en ello no hay amor de nada sirve, 1Co 13,1-3
Dios nos creó a su imagen y semejanza, la imagen de Dios es el espíritu que llevamos dentro y la semejanza es su amor, porque él es amor, como lo dice su palabra en 1Jn. 4,7 Queridos míos, amémonos unos a otros, porque el amor viene de Dios. Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.
Y yo rogare al Padre y les dará otro intercesor que permanecerá siempre con ustedes.
Jesús es el primer intercesor, que vino al mundo no a condenarnos, sino a salvarnos y restablecer la comunicación con nuestro Padre celestial, que estaba rota por el pecado, ahora Jesús nos promete rogar para que venga otro intercesor, este es el Espíritu Santo, que va a morar en nosotros para siempre, es el mismo Espíritu de Dios que estará con nosotros todos los días y que nos revelara toda la Verdad, porque el Espíritu Santo dentro de nosotros es el que nos ayuda a comprender y a saber interpretar la palabra de Dios y es de esta forma como nos va guiando por el camino de Dios, porque como nos dice 1Co 2,10 A nosotros, sin embargo, Dios nos lo ha revelado por su Espíritu, pues el Espíritu lo escudriña todo, hasta lo más profundo de Dios y el verso 12 nos dice: Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, y por el entendemos, lo que Dios, en su bondad, nos concedió.
Jesús respondió: Si alguien me ama, guardara mis palabras, y mi Padre lo amara y vendremos a él para ser nuestra morada en él.
Amar a Jesús significa imitarlo, es decir olvidarnos de nosotros mismos y entregarnos a los demás sin condiciones, como dice la palabra el amor todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta, es sentirnos complacidos por Dios y no por los hombres, el que no ama está muerto en vida, pues es en el amor donde está la gracia de Dios, como nos dice 1Jn. 3,14 Pues al amar nosotros a nuestros hermanos comprobamos que hemos pasado de la muerte a la vida.
En adelante el Espíritu Santo Interprete, que el Padre les enviara en mi Nombre, les va a enseñar todas las cosas y les recordara todas mis palabras.
El espíritu Santo puede actuar, o simbolizarse de diferentes formas, pero él en si es una Persona, como el Padre y como el Hijo, con un mismo pensar y sentir, el será nuestro interprete, es decir quién nos ha venido a revelar Jesús hasta nuestros días, y desea que tengamos como la Santísima trinidad un mismo pensar y un mismo sentir y esto debemos comenzarlo en nuestros hogares.
Todos tenemos sed de paz y de justicia y nuestro Señor nos ofrece, del agua con la cual no volveremos a tener sed, como nos dice: Jn.4,14 En cambio el que beba del agua que yo le daré no volverá a tener sed.
Esta es el agua viva, es el Espíritu Santo, quien mora en nosotros y con el cual pasamos a ser templos de Dios.

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La Palabra Meditada - La Ascensión del Señor - Ciclo C

San Lucas 24,46 – 53

Eso estaba escrito: los sufrimientos de Cristo, su resurrección de entre los muertos al tercer día.
Jesús les hablaba de todo lo que estaba escrito en las Escrituras, su padecimiento y su resurrección, esto nos lo dice Is 53,11 Después de la amargura que haya padecido, su alma verá la luz y será colmado, por su conocimiento, mi siervo justificara a muchos y cargara con todas sus culpas.
Pero nuestro Señor no desea que nos quedemos con su padecimiento y su resurrección, el desea que ahora nosotros seamos sus nuevos discípulos y empecemos a sembrar su palabra en otros hermanos que la necesitan.
Y la predicación que ha de hacerse en su Nombre a todas las naciones comenzando por Jerusalén.
Los discípulos hicieron como Jesús se los había dicho, y es el hecho de primero comenzar por Jerusalén es decir por su Patria, su casa.
Nosotros debemos de predicar en el Nombre de Jesús, pero al igual que los discípulos debemos de comenzar primero con nuestro testimonio de conversión en la familia, en el libro de los He 16,31 Ellos le respondieron: Ten fe en el Señor Jesús y te salvaras tú y tu familia. Y le anunciaron la palabra del Señor a él y a todos los de su casa.
Invitándoles a que se conviertan y sean perdonados de sus pecados. Y ustedes son testigos de todo esto.
Los discípulos habían sido testigos de todos los prodigios y milagros que nuestro Señor había realizado, así como de muchas personas que lo habían dejado todo por seguirlo, entre ellos tenemos la conversión de Zaqueo y Nicodemo, nosotros debemos de tener bien claro cuál es el camino a la conversión y esto lo encontramos en Ef.4 22-24 El primer paso es el de despojarse del hombre viejo, es decir el hombre que anda sucio de pecados y lleno de los deseos que nos ofrece el mundo, el segundo paso es que la mente se haga más espiritual, porque con una mente espiritual podemos tener autoridad sobre nuestro cuerpo carnal y débil, para eso Dios nos da un espíritu de fortaleza, de amor y de buen juicio, y el tercer paso es revestirse del hombre nuevo, que significa el tratar cada día de ser justo, porque solo siendo justos podemos ser verdaderos y este es el camino hacia la santidad y la palabra nos dice que sin santidad nadie vera al Señor.
Ahora yo voy a enviar sobre ustedes al que mi Padre prometió. Por eso quédense en la ciudad hasta que hayan sido revestidos de la fuerza que viene de arriba.
Cundo los discípulos recibieron esa fuerza que viene de lo alto, su vidas dejaron de titubear, pues con el Espíritu Santo los discípulos entendieron la verdad completa, como lo dice en Jn. 16,13 Y cuando venga, el Espíritu de Verdad, los introducirá a la verdad total.
Con esta fuerza de lo alto los discípulos empezaron a realizar cosas que nunca antes habían realizados, era tanta esa fuerza que Pedro por donde pasaba hasta con su sombra sanaba enfermos, He 3,15
Todos los que hemos sido bautizados y hemos nacido de nuevo, también tenemos esa fuerza que viene de lo alto, pero para ejercerla tenemos que tener nuestra mirada en las cosa de arriba y no en este mundo, nuestra fe tiene que estar sedimentada sobre la roca que es Cristo Jesús, pues él junto con el Padre moran en nosotros mediante el Espíritu Santo, como nos dice 1Co 3,16 ¿No saben ustedes que son templos de Dios, y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?
Ahora como los discípulos podemos decir que estamos conociendo esa verdad total y que nos hace brillar y movernos para que se conozcan esas Buenas Nuevas del Reino de los Cielos, porque el espíritu de Dios nos va dando esa Sabiduría, para tener estrategias para anunciar la palabra en nuestros tiempos.

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