La Palabra meditada

La Palabra meditada. 5º Domingo de Pascua. Ciclo B.

San Juan 15, 1 – 8
   Una viña o viñedo es una plantación de vides o cepas para la producción de vinos de uva, el que la cultiva se llama viñador y la vid o cepa es el tronco de una parra de uvas, que tiene sus ramas, hojas y frutos
   Jesús nos dice que él es la vid verdadera y mi Padre es el viñador, en Isaías 5,2 nos dice como Dios Padre cultivo esta viña y nos dice: la cavó quitando las piedras, y plantó cepas escogidas. En medio de ella construyó una torre y  también cavó un lagar.
   Lo que hizo Dios por la viña es la mejor forma de cultivo, es decir antes de sembrar, primero limpio bien el terreno porque las plantas que crecen sobre las piedras sus raíz es débil y se seca pronto; luego hizo el cultivo pero con cepas escogidas se refiere a nosotros; osea cada uno hemos sido escogidos por Dios; construyó una torre, porque Dios nos vigila de día y de noche y cavó un lagar que es un lugar donde se prensa el fruto, ósea la uva, para obtener el vino. Este lagar significa a Jesús en la cruz que fue exprimido de toda su sangre para nuestra salvación.

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   La lectura nos dice que, si alguna de sus ramas no produce frutos, nuestro Padre la corta y  limpia toda rama que dé fruto para que dé más.
 Nosotros somos esas ramas, que estamos pegados al tronco  que es Jesús, por esto San Pablo nos dice en 1 Co 12,13 Todos nosotros ya seamos, judíos o griegos, esclavos o libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un único cuerpo. Y a todos se nos ha dado a beber del único Espíritu.
   Debemos de estar felices porque Nuestro Señor nos dice que ya estamos limpios, es decir porque nosotros nos hemos arrepentido de corazón y  hemos creído en el cómo nuestro Señor y salvador. Y como  estamos en el mundo debemos de pedirle a nuestro Padre para que en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, nos este limpiando a cada momento para que podamos dar más frutos, recordemos que en Mt 7,16 nos dice: “ustedes los conocerán por sus frutos”
   Sabemos que nosotros solos no podemos dar frutos, solo lo lograremos si siempre permanecemos en Jesús, estos son los frutos que daremos según  la carta a los Gal 5,22-23 En cambio el fruto del Espíritu es: caridad, alegría y paz; paciencia, comprensión de los demás, bondad y fidelidad; mansedumbre y dominio de sí mismo.
   La lectura es bien clara al decirnos que si no estamos con nuestro Señor Jesús, estamos fuera de todos los beneficios que Dios Padre nos da y por tanto seremos echados al fuego eterno, donde solo habrá llanto y desesperación.
   Jesús nos dice si se quedan en mi, y mis palabras permanecen en ustedes, todo lo que deseen lo pedirán, y se les concederá. Esto no se trata simplemente de pedir, para pedir tenemos que estar unidos a Jesus y que su Santa palabra siempre  permanesca en nosotros, es decir tenemos que estar alimentándonos de su palabra.
   Somos verdaderos discípulos y honramos a nuestro Padre cuando le obedecemos, cuando somos humildes en hacer su voluntad y hacer la voluntad del Padre es cumplir con lo que él nos manda.

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