La Palabra meditada

La Palabra meditada. Corpus Christi. Ciclo B

San Marcos 14,12-16.22.26

La cena pascual, era la que celebraban los judíos conmemorando la liberación de los hebreos cuando salieron de Egipto, Jesús les da instrucciones a sus discípulos sobre el lugar donde van a celebrar esta cena.

Esta fue la última cena y primera misa de Jesús con sus discípulos, se cree que la casa donde se celebró esta cena era la casa de Marcos el evangelista.{jcomments on}

Mientras estaban comiendo, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo: tomen, este es mi cuerpo. Representa la semilla que cae en tierra buena, que son sus discípulos y que tiene que morir para dar frutos, Mt 13,23 Por lo contrario, lo sembrado en tierra buena es el hombre que oye la Palabra, la medita y produce fruto: el ciento, el sesenta y el treinta por uno.

Sólo la palabra es la que va realizando el cambio en nuestra vida, y la verdad es que dentro de nosotros ya es Cristo el que nos transforma, por eso en Jn. 8,30-32 nos dice: Muchos de los que habían escuchado a Jesús creyeron en él. Jesús dijo entonces a esos judíos que creían en él: Ustedes serán mis verdaderos discípulos si guardan siempre mi palabra, entonces conocerán la Verdad y la Verdad los hará libres.

Después tomó una copa, dio gracias, se la entregó y todos bebieron de ella. Y les dijo: Esta es mi sangre, sangre de la Alianza, sangre que será derramada por una muchedumbre. La sangre es el pacto que hace Dios con el hombre, con la muerte de nuestro Señor Jesucristo para el perdón de nuestros pecados, 1P 1, 18-19 Nos dice: No olviden que han sido liberados de la vida inútil que llevaban antes, igual que sus padres, no con algún rescate material de oro o plata, sino con la sangre preciosa del Cordero sin mancha ni defecto.

Y esta es la gracia que hemos recibido, algo que gratis el Señor nos ha entregado, y sin merecerlo.

Comer el cuerpo y beber la sangre de nuestro Señor Jesús es resucitar y vivir eternamente, como nos lo dice Jn. 6,54 El que come mi carne y bebe mi sangre, vive de vida eterna, y yo lo resucitare en el último día.

Nosotros diariamente alimentamos nuestro cuerpo material, para mantenernos con vida, pero nos estamos refiriendo a la vida en este mundo, pero también tenemos un cuerpo espiritual, que necesitamos alimentarlo, porque como nos dice Rom. 8, 6: La carne tiende a la muerte, mientras que el Espíritu se propone vida y paz.

Sepan que no he de beber del jugo de la uva hasta el día en que beba vino nuevo en el Reino de Dios. Con esto se refiere nuestro Señor a su segunda venida, por eso debemos mantenernos firmes en la fe que depositamos en El, en Heb 9,28 San Pablo nos confirma lo siguiente: de la misma manera Cristo se sacrificó una sola vez para borrar los pecados de una muchedumbre. En su segunda venida ya no cargará con el pecado, sino que se manifestará para dar la salvación a quienes lo aguardan.

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