La Palabra meditada

La Palabra meditada. 14º Domingo Tiempo Ordinario. Ciclo B

San Marcos 6, 1-6

La lectura nos dice que Jesús regresa a su pueblo natal y se fue a la sinagoga se puso a enseñar  en un día sábado, se dice que mucha gente lo escucho con asombro, al ver la sabiduría con la que hablaba.

Como viene esta sabiduría a Jesús, recordemos que durante su infancia fue un niño normal, pero sus padres José y María son los que se hacen cargo de su educación espiritual, a aprender sobre el pentateuco, que fueron los cinco primeros libros, que se escribieron y donde estaba escrito, las revelaciones de Dios a su pueblo.

Este es uno de los valores que se  han perdido hoy en día, y es el que los padres inculquen a sus hijos los verdaderos principios cristianos; porque son muchos en nuestra iglesia, que  se olvidan de lo primordial, la espiritualidad en los hogares.

Por eso leemos de Jesús que a la edad de doce años ya está en medio de los maestros de la ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas según nos dice Lc.2, 46  Esto es de suma importante que nuestros hijos nos vean con la lectura de la palabra, escuchándola y testificándola en el hogar.

En Jn.7, 15-17 la palabra nos dice: Los judíos admirados, decían: “Este hombre no ha tenido maestro ¿y cómo sabe tanto?” Jesús les contesto: Mi enseñanza no es mía, sino del que me envió. El que haga la voluntad de Dios, comprobara si mi enseñanza viene de él, o si hablo por mi propia cuenta.

La Sabiduría de Dios nos viene por su infinita gracia y porque el Espíritu Santo nos de a cada uno ese deseo  por aferrarnos a sus cosas y el de permitir que se haga su voluntad en nuestra vida.

¿No es este el carpintero, el hijo de María y el hermano de Santiago, José, judas y Simón? Y sus hermanas, ¿no viven aquí entre nosotros?

Es bueno saber que antiguamente a los miembros de una familia, de un mismo lugar se llamaban entre ellos hermanos y en esta lectura vemos lo mismo, pues si bien es cierto nuestro Señor tenía dos apóstoles con el nombre de Santiago, a uno le llamaban el mayor y al otro Santiago el menor.

Santiago el mayor era hermano de Juan ambos apóstoles del Señor y estos a su vez eran hijos de Zebedeo y Salome; eran pescadores y originarios de Betsaida, y Santiago el menor, hermano de Judas Tadeo también apóstol y de José discípulo del Señor, eran hijos de Cleofás o Alfeo y de María, prima hermana de Santa María virgen y Simón Pedro, hermano de Andrés; su padre se  llamaba Jonás, estos apóstoles eran originarios de Betsaida, Pedro se estableció en Cafarnaúm donde vivía con su suegra, mujer que fue sanada por nuestro Señor de una fiebre; con esto concluimos que nuestro Señor no tenia mas hermanos en carne y por tanto Maria nuestra madre santísima se mantuvo siempre virgen.

 La gente de Nazaret no creían en Jesús y el les dijo: A un profeta solo lo desprecian en su tierra, en su parentela y en su familia.

La razón del desprecio es porque el profeta de Dios conoce más las debilidades del pueblo donde vive,  su parentela o su familia y cuando nos habla de la verdad en que vivimos; es algo que por lo general no nos gusta.

 Porque nosotros siempre queremos aparentar ante los demás que estamos bien, aunque nuestro mundo se nos está derrumbando, nos interesa más vivir un mundo de apariencia, que romper el velo para que Jesús ilumine nuestra vida y la de nuestra familia. {jcomments on}

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